TRABAJA GUADALUPE DE TALACHERA PARA NO ABURRIRSE EN CASA

Publicada en marzo 2008 edición 04

Ayuda a su esposo para contribuir a la economía familiar

A sus 57 años de edad, Guadalupe Gutiérrez López prefiere ayudar a su esposo en la talachería familiar que tienen en San Esteban Tizatlán desde hace más de una década y media, que “aburrirse” dentro de su casa.

Sin embargo, la relación que hay entre este trabajo y su condición de mujer provoca extrañeza entre los
clientes, e incluso entre sus cuatro hijos, quienes le preguntan “¿cómo es posible que ayudes a mi papá
en esas tareas?”, ya que por lo general las realizan los hombres.

Aunque Guadalupe Gutiérrez ya aprendió cómo se cambian llantas, se parchan cámaras o se hace un cambio de aceite, su esposo Esteban Paredes no la deja hacer “el trabajo pesado” y sólo le pide su apoyo para que le acerque la herramienta o los combustibles que solicitan sus clientes.

Sentada sobre un banco en el interior de su establecimiento, Guadalupe explica que ayuda a su esposo en la talachería para que los dos tengan trabajo.

“La idea surgió de Esteban para fortalecer la economía familiar, pues en lugar de contratar personas, nosotros nos hacemos cargo del negocio”.

La tarea de Guadalupe es apoyar a su cónyuge en la venta de aceites y acercarle la herramienta para que trabaje… “vamos a suponer que yo soy la enfermera y él el doctor”, ejemplifica y suelta una carcajada.

Esta singular pareja tiene 36 años de matrimonio y desde hace 15 decidieron abrir la talachería. Guadalupe es originaria del Distrito Federal y en los primero 20 años de matrimonio se dedicó a ser ama de casa. Por su lado, Esteban fue empleado de gobierno y cuando concluyó esa relación laboral, propuso que entre ambos emprendieran el negocio.

“Me siento satisfecha de lo que hago actualmente a Dios gracias, porque además de apoyar a mi esposo en este trabajo, me doy tiempo de entrar a la casa a cocinar, lavar e ir a la iglesia a cantar y orar los fines de semana porque soy cristiana. El tiempo que me queda libre se lo dedico a Dios”.

Guadalupe no recibe ningún salario por parte de su esposo, pero no le importa eso ni tampoco las críticas que recibe el matrimonio por parte de algunas personas.

“Hay gente que alaba y otra que critica lo que hago en la talachería, pero debo confesar que mi esposo no me obligó, los dos quisimos y compartimos”.

En el establecimiento se refleja el toque femenino de Guadalupe, ya que la herramienta y los insumos están en completo orden “y ningún otro talachero está como mi marido, a diario se baña y se cambia, ¡ja, ja,ja!”.

José Carlos Avendaño Flores
Fotografía: Zitlali González Loo

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