Roció Claudia Meléndez – Madre de familia abogada, responsable, honesta

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Nombre: Rocío Claudia Meléndez Pluma
Estudios: Abogada
Estado Civil: Viuda
Edad: 45 años
Hijos: una hija de 20 años y un hijo de 16 años

Integrante de una familia de cuatro mujeres y dos hombres, sus papás siempre la educaron a ella y sus hermanos en el ámbi­to del trabajo. Al vender materia­les para construcción, tanto ella como sus hermanas cargaban bultos de cemento y de cal, y no había distinción.

Rocío Claudia Meléndez Pluma es una madre dedicada a sus hi­jos que busca estar al pendiente de ellos, lo que contrasta con su obsesión por el trabajo, ya que a veces desearía culminarlo en un día, pero trata de sobrellevar las cosas.

Desde pequeña soñó en con­vertirse en abogada, y al cumplir dicho sueño se ha desempeñado durante largo tiempo en la litiga­ción. Por ello siempre le ha gusta­do adentrarse en todas las ramas del derecho, aunque las circuns­tancias de la vida la fueron ori­llando más al derecho laboral y al administrativo en las instituciones en que ha laborado.

Es parte de las fundadoras del Instituto Estatal de la Mujer, donde también ha trabajado; asimismo, se desempeñó como oficial de partes en el juzgado de imparti­ción de justicia para adolescentes; fue jefa de la Unidad Jurídica en el ISSSTE, fungió en la sindicatura de La Magdalena Tlaltelulco de 2014 a 2016, y, posteriormente, asesoró a la síndica del ayuntamiento de Contla de Juan Cuamatzi.

Hasta el 31 de diciembre de 2020 fue Directora de Políticas Públicas y Gestión en Salamanca, Guanajuato.

Cuando eras niña ¿qué soñaba ser de grande?

Desde siempre soñé ser abogada. Para mí el serlo era “Voy a trabajar para sacar a la gente de la cárcel que de manera injusta se encuen­tra ahí”. Mi sueño era estudiar en Tlaxcala, aunque ese año preci­samente cerraron la carrera de derecho en el estado y me vi en la obligación de irme a estudiar al estado de Puebla, porque era mi obsesión ser abogada.

¿Es difícil ser mujer?

Difícil yo creo que sí, desafortu­nadamente las mujeres tenemos que esforzarnos el doble para ocupar espacios en todos los ám­bitos comparados con los hom­bres y más en este ámbito público y político.

A veces entre las mismas mu­jeres tampoco creemos en nues­tras propias capacidades, no re­conocemos que hay mujeres con mucha capacidad y que nos tene­mos que impulsar unas a otras. Yo misma he sido víctima del tema de que obviamente privilegian a los hombres en algunos temas más que a las mujeres sin impor­tar la capacidad, la experiencia o lo que somos capaces de hacer.

¿A lo largo de su carrera ha re­nunciado a algo, de acuerdo con los estándares de la sociedad, como ser mamá, tener una pa­reja, a su familia?

No, yo creo que esas circunstan­cias uno las tiene que ir planean­do y va poniendo límites, siempre luchando por lo que uno quiere.

Usted es mamá y papá a la vez, además ha ocupado cargos pú­blicos, ¿cómo se organiza?, ¿de quién se apoya?

Tuve una responsabilidad com­plicada desde casi todo el tiem­po que he sido mamá. Mi espo­so falleció desafortunadamente cuando mi hija iba a cumplir cua­tro años; tenía yo un embarazo de siete meses, por ello siempre ha sido fundamental el apoyo de mis padres para salir adelante. Estoy para poder enfrentar las respon­sabilidades que yo he tenido.

Con mis hijos desde el kínder, la primaria, la secundaria, in­cluso el bachillerato fui una de las mamás que siempre llevaba a sus hijos a la escuela y de ahí al trabajo; sin embargo, por cir­cunstancias de la vida, me dieron oportunidad de irme a trabajar a Salamanca, Guanajuato. Mi hija en ese tiempo ya había entrado a la universidad, mi hijo estaba por entrar a la prepa y pues sien­do ya unos niños grandecitos, ya ellos tenían que trasladarse direc­tamente a sus escuelas y con esa tranquilidad pude irme a trabajar fuera del estado, pero además he tratado de ser muy responsable con mis hijos. Creo que también en los trabajos que he tenido me han dado la oportunidad de po­der estar pendiente de ellos, de las juntas en las escuelas, de lo que ellos necesitan, platicar con ellos.

¿Hemos avanzado en equidad?

Sí hay avances, han sido lentos. Recuerdo en 1999 cuando me in­vitaron a trabajar en el Subcomité de Atención a la Mujer en COPLA­DET, iniciando ese reto con quien fue la primera directora del Insti­tuto Estatal de la Mujer, Elizabet

Muñoz Vázquez, de poder crear el Instituto Estatal de la Mujer y em­pezamos un trabajo muy arduo. Desde ese entonces recuerdo cómo trabajamos para que las mujeres pudiéramos acceder a espacios de toma de decisiones, espacios políticos y que en ese tiempo eran las dichosas cuotas de género. En 1999 que se crea el Instituto y el primero de enero del 2000, que ya propiamente se ins­tala el Instituto Estatal de la mujer, ya con perspectiva de género, sí han existido avances y hoy incluso la ley electoral obliga a los parti­dos políticos a que haya el 50% de las candidaturas reservadas para mujeres, cosa que no de­biera ser, somos más del 50% de la población.

¿Ha vivido algún tipo de vio­lencia?

Es violencia política el he­cho de que un partido po­lítico nos vea participar en todos los ámbitos, entre­gando propaganda polí­tica en todas las campa­ñas electorales, que nos vean tocando puertas y en esa labor de con­vencimiento y que el mismo partido, sa­biendo que tenemos ese compromiso y esa responsabilidad, no nos den oportuni­dad y no reconozcan en nosotras que po­demos ser compe­titivas, para mí sí es también violencia y sí he sufrido esa par­te. Conozco hombres del partido en el que milito, y en otros partidos políticos, en los que difícilmente los hom­bres se esfuerzan tanto como no­sotras y tienen la oportunidad de ser candidatos, de ocupar espa­cios de elección popular con me­nos trabajo y menos esfuerzo que nosotras las mujeres.

¿Desde su entorno qué se puede hacer para que las mujeres vi­van en condiciones de verdadera equidad?

Creo que mucho se habla, hoy está de moda el tema de la soro­ridad y creo que la sororidad no sólo significa ser solidarias en­tre las mujeres, significa que en­tre nosotras nos reconozcamos nuestras capacidades, que pode­mos hacer las cosas bien y que una vez que tengamos esa alianza entre mujeres, los hombres tam­bién nos tendrán que apoyar. Que hombres y mujeres aprendamos a reconocer nuestras capacidades, experiencia, unir voluntades y que nuestros derechos y obligaciones estén a la par.

¿Qué aprendió de la emergencia sanitaria ocasionada por la CO­VID-19?

Traíamos un ritmo de vida sin detenernos a pensar en lo bási­co. Hoy la pandemia nos obligó a quedarnos en la casa a tener que convivir más tiempo con los integrantes de la familia y saber que nada se detiene, que lo único que nos hizo detener y retroceder fue precisamente la pandemia. A todos nos rebasó y sobre todo al sector salud.

El gobierno no estaba prepa­rado y en estos asuntos teníamos que aprender de prisa un tema de solidaridad. Creo que el mayor aprendizaje es aprender a valo­rar la vida, la salud y sobre todo nuestras actividades. Decimos “la nueva normalidad”, antes qué era la normalidad, no la valorábamos, y hoy que ya no tenemos esa li­bertad de saludarnos, de abrazar y besar a quienes nosotros que­remos, creo que nos enseñó que debemos valorar lo que tenemos más cercano, que son nuestros hijos, padres, hermanos.

Tres virtudes de las mujeres
Responsables, honestas, trabajadoras.
¿Un defecto?
Envidia.
¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Me gusta ir a correr en las mañanas, también ver series o películas con mis hijos y estar con ellos; me gusta mucho.
¿Cuál es su palabra favorita?
Compromiso.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez

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