Siglo y medio de ganado bravo en Piedras Negras

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Sobre sus hombros, Marco Antonio González Villa lleva la responsabilidad de siglo y medio de tradición taurina. El actual propietario de la hacienda de Piedras Negras conversa con Momento sobre la historia, el presente y el futuro de ese emblemático fierro ganadero. Pero también aborda los desafíos de la tauromaquia y su porvenir.

Con orgullo, González Villa destaca que a él no le pesan sus antepasados. “Al contrario”, lanza y acepta el reto de lidiar con ese legado. Hijo de Raúl González González, quien en su momento llegó a vestirse de luces, además de ser charro, Marco Antonio González Villa se sabe heredero de una tradición que ya borda el siglo y medio de criar toros que se distinguen por su bravura.

Sin embargo, Piedras Negras es mucho más antigua. Más de cuatro siglos han pasado desde la fundación original, a cargo de Gerónimo de Cervantes, bisnieto de Leonel de Cervantes, un conquistador español de la primera oleada de invasores europeos que llegaron a tierras mesoamericanas.

Entre 1580 y 1600, Gerónimo de Cervantes compró una amplia extensión de tierras en la provincia de Tlaxcala, a pesar de las prohibiciones emitidas por la Corona española, que buscaban proteger a sus aliados tlaxcaltecas, sin cuya ayuda jamás hubieran doblegado al imperio mexica.

Esas tierras adquiridas por el criollo descendiente de conquistadores constituyeron la hacienda de San Mateo Huiscolotepec, antecedente directo de Piedras Negras, como relata Carlos Hernández González, en su libro La legendaria hacienda de Piedras Negras. Su gente y sus toros, un pormenorizado recuento de los orígenes de este hierro ganadero y de la prolífica y endogámica familia González.

Los orígenes de un campo bravo

San Mateo Huiscolotepec pasó por varias manos a lo largo de la Colonia. La hacienda sobresalió gracias a su vital posición en el camino de mulas que unía a la Ciudad de México con el puerto de Veracruz, ventana por donde la Nueva España se asomaba a Europa y al resto del mundo.

            En la hacienda se estableció una posada, donde descansaban arrieros, viajeros y bestias de carga, en el largo viaje que llevaba de las costas al altiplano y viceversa, una travesía que llegaba a durar hasta 22 días.

            El recorrido no estaba exento de peligros, a pesar de la presencia de las fuerzas del orden virreinales, tomando en cuenta la importancia de la ruta, por donde trasegaban personas y mercancías.

            Además de la posada, que era la principal fuente de ingresos de la hacienda, también se cultivaba maíz y cebada, entre otros productos agrícolas, así como el infaltable maguey, del que se obtenía pulque, la bebida consumida prácticamente por todas las clases sociales novohispanas. Asimismo, había espacio para las actividades pecuarias, aprovechando el ganado menor, como los hatos de ovejas. Pero nada de toros bravos.

            Estas actividades volvieron rentable a la hacienda, que, por razones de herencias y deudas, acabó en manos de la orden de los hermanos de Belén, comúnmente conocidos como betlemitas.  

            Durante décadas, los religiosos administraron la ya para entonces hacienda de Piedras Negras, que en su momento de esplendor llegó a tener una extensión de 9 mil 408 hectáreas, un pequeño feudo, como reseña Hernández González. Entonces la historia dio un vuelco por uno de esos golpes que acostumbra dar la vida.

Las consecuencias de un crimen

De acuerdo con la narración de Carlos Hernández, el patriarca de la hacienda de Piedras Negras sería Mariano González Fernández, llamado “Papá Marianito” por sus descendientes. Sin embargo, ese papel fue fruto de una tragedia.

Mariano González Fernández estaba a un paso de consagrarse al servicio religioso. De hecho, se encontraba matriculado en el Seminario Palafoxiano de la ciudad de Puebla, “a punto de hacer sus votos sacerdotales”, asienta Hernández González, cuando la muerte tocó a rebato.

La vida le tenía otros planes.

Manuel Mariano y Miguel, padre y hermano del futuro dueño de Piedras Negras, fueron asesinados en 1824 en la hacienda de Santa Clara Ozumba, cercana al pueblo de Tlaxco. Ese crimen dio al traste con los proyectos de vida de Mariano González Fernández, quien abandonó el seminario y se puso al frente de los negocios familiares.

Para 1832 ya le arrendaba la hacienda de Piedras Negras a los betlemitas. Esa decisión, pautada por la tragedia ocurrida ocho años antes, iba a ser el origen de la dinastía de los González.

La Reforma, que orilló a la Iglesia mexicana a poner sus extensas propiedades en manos de particulares, fue otra coyuntura favorable para González Fernández, al permitirle adquirir en propiedad la hacienda en 1856, siendo hasta 1862 cuando quedó finalizada la compra, aunque el kafkiano burocratismo mexicano se tardó hasta 1889 para acreditar la total posesión.

En sus primeros años bajo la nueva administración, Piedras Negras tuvo una vocación agrícola. Para entonces, la hacienda ya no era parte del camino entre Veracruz y la Ciudad de México. Pero una nueva aventura se perfilaba en el horizonte, como relata a Momento el actual propietario, Marco Antonio González Villa.

Sentado en la remozada tienda de raya de la hacienda, donde se efectúa la entrevista, González Villa, quien tiene sangre tlaxcalteca e italiana corriendo por sus venas, se apresta a responder. El ahora dueño de Piedras Negras se encuentra detrás del mostrador que alguna vez atendió la señora Nachita, madre del matador Jorge El Ranchero Aguilar, la principal leyenda del toreo tlaxcalteca. Un viejo teléfono Ericsson, ahora mudo, decora la escena.

Una historia por contar

—¿Cómo se dio la conversión de Piedras Negras como hacienda de ganado bravo?

—Esta casa siempre ha pertenecido a la familia González. Data de 1690, 1700, más o menos. En años anteriores fue parte de un convento de los religiosos de la orden de los betlemitas, que se la rentaban a mi familia.

Posteriormente, y por algunos problemas, los monjes quiebran, por decirlo así; no les va bien, y la hacienda la acaba adquiriendo la familia. Era un rancho con unas extensiones enormes, pero en aquellos momentos aún no había ganado bravo. El ganado bravo comienza en 1870, más o menos, y es cuando empieza con ganado criollo, se puede decir.  

“Funcionaba más o menos. No estaba tan definido como el día de hoy. Llegó a haber momentos en que metieron un semental de Murube; también metieron uno o dos toros sementales de Miura. Hubo dos o tres sangres que mezclaron para ir viendo por dónde se iba.

“Fue más o menos en 1905 o 1908 que entra la sangre de Saltillo; traen diez vacas importadas de España, del Marqués de Saltillo. Dos de las vacas venían cargadas y paren dos toros aquí. Uno muy famoso, que es un semental, es el [que se llamó] Fantasío. De ahí es donde empieza realmente a definirse el rumbo de esta casa, la sangre de esta casa, que hoy por hoy es Saltillo puro. Aquí no hemos refrescado, no hemos hecho nada.

“La sangre puedes abrirla o cerrarla, y con esto me refiero a consanguinar o abrir la sangre, valga la expresión. Por qué. Porque a la hora que tú la abres para tener más familias, digámoslo así, se puede tener más familia. O la vuelves a cerrar, porque la consanguinidad no es mala, pero en cuestión de los toros bravos puede dejar algún defectillo en los animales; lo que estoy tratando de decirles es que hasta el día de hoy aquí no se ha mezclado con ninguna otra sangre”.

—¿Cuál es la particularidad de la sangre de la raza del Marqués de Saltillo? ¿Cómo son los toros?

—Hay diferentes encastes. Uno puede ser Domecq, por decir la diferencia, ¿no?, y mi familia se inclinó por el Marqués de Saltillo, porque fue lo que les gustó. No sé si nada más [esos] se podían importar o no sé. Finalmente fue lo que a ellos les agradó y les gustó, traer a este encaste de Saltillo, y que es lo que hasta hoy se sigue teniendo; no se ha mezclado, no se ha hecho pruebas con nada, porque yo estoy muy contento con lo que se ha hecho y de lo que ha funcionado, y porque estoy convencido de seguir llevando lo mismo, el mismo encaste.

“Lo que distingue a Piedras Negras es la bravura, que se ha conservado, que no es nada fácil lograrlo, y luego, que comercialmente a los toreros no les gusta mucho cuando hay un toro bravo, porque un toro, como decimos en el ambiente taurino, te quita o te pone. Te puedes ir a los cuernos de la Luna o puede minimizar tu carrera.

“Yo, desde muy joven, vi a mi padre cómo calificaba, cómo llevaba a la ganadería. Aparte de que me envenené desde muy joven, me gustó mucho y sigo comulgando con lo que se ha hecho siempre. Se puede leer en los libros, se puede ver en la historia.

“Yo tengo los libros de la ganadería, donde [se ve] cómo la manejaban mis antepasados, cómo la siguen manejando de la misma forma, cómo se sigue calificando con el mismo criterio, para poder mantener esa bravura, ese nivel que tenemos.  

“Ante muchas adversidades que ha habido aquí en el campo tlaxcalteca, porque teníamos otras extensiones, donde el ganado estaba más cómodo; la ganadería era autosuficiente, se sembraba, había otras entradas. Hoy, lamentablemente, después de muchos años y una expropiación que hubo en 1972, quedan muy pocas hectáreas que en alguna ocasión fueron de Piedras Negras, luego fueron de Zotoluca. Mi papá las acabó comprando nuevamente cuando hubo una expropiación aquí en Piedras Negras.

“Originales hoy quedan 30 hectáreas, que es la casa de ustedes, con las construcciones, con lo que hay alrededor, de las cuales se sembrarán ocho o diez hectáreas; eso y nada casi es lo mismo. Nos dura muy poco lo que se siembra. Dos o tres meses nos ayuda el forraje que se siembra”.

—¿Qué ocurrió cuando se incorporó el ganado español del Marqués de Saltillo?

—Cambia todo, porque se desechan todas las mezclas que se habían hecho. Se queda lo que es puro Saltillo, que es lo que hay hasta el día de hoy.  

“Cuando muere mi abuelo, se queda al frente mi abuela, Delfina, y mi tío Romárico queda al frente de las dos casas, de Piedras Negras y de La Laguna. Pasando ya los años, decide mi abuela que Romárico y unas hermanas se quedan con La Laguna y mi papá se queda con Piedras Negras, con otra hermana.

“En el 68 o 69, más o menos, mi tío Romárico decide vender La Laguna; entonces se divide en cinco hermanos, que eran los que vivían en ese tiempo. Esa parte se la trae mi papá para Piedras Negras, lo que le toca a él. Cada uno se queda con una parte y mi tía Martha, hermana de mi papá, decidió que no se vendía y que ella se quedaba con su parte y se quedaba con parte del ganado.

“Ya en el 72, cuando la expropiación, muere mi abuela. Entonces Piedras Negras se vuelve a dividir en cinco partes y se forman Magdalena González, hermana de mi papá, mi tía Martha, que también era ganadera, se queda con una parte del ganado, mi tía Susana, mi papá y mi tío Maco. La cosa es que se dividen y de ahí nacen otras ganaderías y mi papá le compra a su hermana Susana la parte que le correspondía de aquí, de Piedras Negras, de la casa.

“Mi tía Susana se va al Estado de Querétaro y compra ahí un rancho que se llamaba La Antigua, que posteriormente se lo vende a Jorge de Haro, que es primo hermano mío, y se forma esa ganadería. Mi tía Galena González, que también se va a Querétaro, y la ganadería hoy de Javier y Gonzalo Iturbe”.

—Esto quiere decir que la hacienda se fue fraccionando.

—Digamos que son las ganaderías que salen de aquí. Todo esto venía porque más que refrescar la sangre, lo que hacemos, los que tenemos ganado de la misma sangre, a veces nos prestamos sementales. Lo que platicamos hace rato. Hay veces que puedes abrir o cerrar. Hemos cambiado sementales y vacas, que son de la misma sangre, pero con eso puedes ir abriendo diferentes familias o cerrando la misma sangre.

—¿Por qué a partir de 1870, la familia González decidió dedicarse a la cría de ganado bravo?

—Fue mi tío tatarabuelo, don José María, el que decide inclinarse por meter el ganado bravo. No sé de dónde le salió la afición, pero yo se lo aplaudiré y agradeceré siempre, que se haya metido en este tema de los toros, porque es muy apasionante, porque es un reto, que se disfruta.

“Cada día es diferente el comportamiento de los animales; lo ves palpable, te va metiendo, te va enamorando esto, al grado de estar envenenado hasta las cachas. Realmente criar un toro, desde que lo ves nacer, desde cuando lo hierras, le cortas la campanilla y luego lo ves lidiar en la plaza. Algunos se te quedan marcados.

“Yo tengo una ganadería corta. Siempre Piedras Negras fue una ganadería corta, no de cantidad, sino de calidad. Yo voy más por la calidad que por la cantidad de animales. Comercialmente también es difícil, puesto que no es el agrado de muchas figuras del toreo, pero gracias a Dios, hasta el día de hoy nunca nos hemos quedado con una corrida aquí en la casa. Siempre, por una u otra forma, hemos logrado vender, y siempre ha habido una expectación; plazas a las que hemos ido o donde no hemos ido, que vamos por primera vez, la gente está siempre a la expectativa de ver una corrida de Piedras Negras”.

—¿Desde cuándo lleva las riendas de Piedras Negras?

—Desde 1996. Mi señor padre se empezó a poner mal en el 95. En 1996 ya estuvo muy delicado y se nos adelantó en el 97. Un año antes fue un año muy difícil para él, que estaba malo, el no poder venir o cuando venía era más o menos a disfrutar o estar más tranquilo aquí.

“En ese año la vivió complicada y yo todavía más, porque había que obedecer y entonces entre que puedes mandar y no puedes mandar y hacer las cosas y respetar. Hay que respetar hasta que Dios diga, hasta que se nos adelantó.

“Fue un año complicado, pero a Dios gracias salieron las cosas bien. Dejó de sufrir mi señor padre. Él se fue de diabetes y ya en el 97 fue cuando agarro las riendas de la casa. De esa fecha para acá, que son 23 años, llevamos aquí dirigiendo esta casa con mucho orgullo y con mucho cariño.

El prestigio del hierro

—¿Qué representa el nombre de Piedras Negras?

—Hablar de historia, porque hoy por hoy es la única ganadería en México que sigue en manos de la misma familia. Soy la sexta generación, en la cuestión de la ganadería, no de la casa, porque en la cuestión de la casa serán ocho o nueve generaciones que hay atrás.

“Comulgo con lo que hicieron mis antepasados; lo entiendo, lo leo, lo veo y cada vez me convenzo más. Mientras yo viva, seguiré llevando las cosas como hasta el día de hoy. Seguiré diciendo que la bravura por delante, aunque no es fácil, porque nos podemos equivocar, somos humanos.

“Hasta el día de hoy se han dado bien las cosas, me han funcionado los encierros, han funcionado los toros. Unos más, unos menos, pero casi siempre, por lo general, salen bravos, unos difíciles, unos fáciles, pero bravos, antes que nada, y eso es lo que a la gente le gusta de Piedras Negras”.

—¿Cuáles características aprecian los aficionados?

—Yo echo a los toros con la edad reglamentaria, o a veces hasta un poco más, dependiendo las fechas que se vayan a lidiar, pero siempre van con la edad y con el peso reglamentario.

“Cuando ves un toro serio, no gordo, pues te impone respeto. A la gente eso es lo que le gusta, es lo que pide. Cuando pagas un boleto y te ofrecen ver una corrida de toros, pues quieres ver toros. Y eso es lo que a la gente le agrada de Piedras Negras, además de su comportamiento, que saben que no son toros fáciles, que siempre que vamos a la plaza, y cuando hay una corrida, cuando sale un toro hecho y derecho, la gente guarda silencio y se mete a la faena; no es como en algunas plazas, que de repente te dicen que va una corrida de toros y resulta que son novillos engordados. Eso hace que la gente se ponga a platicar, a distraerse, a tomarse fotos.

“Lo más bonito es cuando realmente la gente guarda silencio y sale el toro por la puerta de los sustos y lo disfrutas. Como ganadero, [buscas] ese respeto, ese silencio; sólo pides que se den las cosas, que el toro haga honor a su presencia y que el torero pueda con el toro. Ese es el punto, el equilibrio.

“A mí no me pesan mis antepasados; al contrario, hay gente que me ha cuestionado ‘Oye, no te pesa tanta historia’. No. Al contrario. Es un buen reto y es un buen desafío seguir llevando las cosas como siempre se llevaron en esta casa.

“Gracias a Dios tengo tres hijos, dos mujeres y un hombre. Renata, la mayor le gusta el campo; pero el toro ni fu ni fa. Patricio es el séptimo en la generación de los González que llevaría Piedras Negras; y la más chica, que es María, también está envenenada del toro.

“Ojalá que las cosas se compongan en estos tiempos que estamos viviendo, de pandemias y de problemas y de todo lo que se está viviendo mundialmente, para que pueda seguir la ganadería. Que se continúe con esa tradición”.

Lazos profundos

—¿Cuáles personajes están vinculados con Piedras Negras?

El Ranchero Aguilar, que aparte de ser pariente, él nació aquí, en Piedras Negras. Se hizo matador, y un gran matador de toros. Tenía un carisma inédito. Él triunfó, no nada más aquí, también en España. Y te digo, ese carácter que tenía y esa conexión con la gente era inédito. La gente lo quería mucho.

“Hay unas fotografías allí en el bar de la hacienda del día de su despedida. Toda la gente de los alrededores de Piedras Negras, ex trabajadores y la gente que vivía cerca, le pidieron que se despidiera aquí en Piedras negras vestido de luces, en la plaza del tentadero. Y así lo hizo. No sé cuánta gente habría. Estaban unos encima de otros; fue algo inédito. Ese carisma que tenía, que es el que creo que tiene hoy Jerónimo, que es su sobrino-nieto.

“La familia Silveti también está relacionada con Piedras Negras. Todos los Silveti vivieron aquí desde Juan Silveti, El Tigre de Guanajuato, tatarabuelo de Diego. Aquí se venían a tentar, aquí vivieron. Vivían meses y meses tentanto, haciendo y deshaciendo.

“La relación se dio desde el bisabuelo, hasta ahora que retomamos, que siempre la ha habido, pero retomó regresar aquí a Piedras Negras y pensar en lidiar toros nuestros, de que estoy más que contento y feliz que sigan las tardes con Piedras Negras y los éxitos. Esta última vez que le cortó las dos orejas al toro, que, además, le puse Rey David en honor a su señor padre. Sale en sexto lugar y lo borda, lo mata y le corta las orejas, que dices qué más le puedes pedir a Dios después de eso. Una tarde increíble.

“También están los Rivera, el tío de Fermín, Curro Rivera, por eso fue que también se puso en ese cartel. La familia Rivera tenía mucha cercanía con mi padre. Curro triunfó una tarde con un toro en la Plaza México, con Sol y Seda.  

“De matadores, Miguel Villanueva vivió aquí desde muy joven, trece, catorce años llegó. Aquí se hizo torero, al lado del Ranchero Aguilar, y luego fue un gran matador y un gran tentador. Ponce de León también estuvo muy cerca de la familia.

“De los toreros, todos pasaron por aquí, algunos de mayor amistad, otros con no tanta amistad, pero la mayoría de las figuras de antaño. De las nuevas algunos han venido, pero de antaño venían muy seguido algunos matadores a tentar y a convivir, a estar aquí”.

—¿Qué significa Piedras Negras para el mundo taurino?

 Piedras Negras hoy por hoy, en el ámbito taurino, después de 150 años, es muy importante, muy relevante, muy conocida, no nada más en Tlaxcala o en México, sino a nivel internacional.

“Ha habido triunfos en Venezuela, en Ecuador, en Colombia, en España. Hace muchos años hubo una corrida que se llevaron a España, a San Sebastián; internacionalmente es muy reconocida.

“Piedras Negras marca mucho en la tauromaquia mundial, por la gran trayectoria, por todos los aciertos y desaciertos. Por desaciertos me refiero a las cuestiones fatales. Por ejemplo, a Alberto Balderas lo mató un toro de Piedras Negras; Balderas era un torero queridísimo. He visto algunos videos y algunas notas. Eso pasa en los toros. Pero también ha habido muchos triunfos.

La mayoría de los toreros, aparte de cornadas que se llevaron, lograron muchos triunfos, muchas vueltas al ruedo, con toros de Piedras Negras. Es algo que importa, pesa mucho en la tauromaquia.

“Me entrevistaron hace unas semanas también, una de parte de Sudamérica y otra de España, que la verdad me dio gusto saber que les interesa, que sigue interesando Piedras Negras, por la cuestión de cómo se lleva la ganadería, los éxitos que ha habido, por la seriedad, por cómo se llevan y se hacen las cosas.

“Hoy por hoy sólo hay dos ganaderías en el mundo que siguen en manos de la misma familia. Una es Miura, que nos lleva por unos años, ya tiene 175 años en manos de la misma familia, y la otras es Piedras Negras, que es de los González, con 150 años.

“Hace cuatro años se presentó un libro escrito por un compañero y amigo de esta casa, Carlos Castañeda, y se presentó allá con una entrada increíble. Esa vez tuve la oportunidad de platicar con los Miura, que en algunas cosas coincidimos mucho. Esa vez se firmó una hermandad, entre Piedras Negras y Miura.

“Coincidimos por cuestiones agradables y no agradables. A Manolete lo mató un toro de Miura, y pues platicando coincidimos en que pensamos en muchas de las cosas, sobre todo en conservar esa bravura, que es la que tiene a la gente metida en la faena, en la muleta. Ese es el punto. Y sí, Piedras Negras hoy por hoy, y mientras yo viva, seguiré haciendo las cosas para que continúe creando esa expectación, y ese respeto”.

El peso de la tradición

—¿Qué le tocó hacer para conservar el nombre y el prestigio de Piedras Negras?

—Escuchar mucho. A mí me costó; una es que te envenenes de la fiesta, porque ya estando envenenado, fue difícil, porque mi papá fue muy duro en el buen sentido de la palabra. No te enseñaba, sino que te hacía que aprendieras.

“Sí me costó trabajo, porque no era fácil. No era fácil que te explicara o que si te equivocabas, te corrigiera. Era duro. Sin embargo, con el tiempo lo vas adquiriendo, asimilando cómo es que manejaba, cómo es que se hacía, y a meterte, a ver los libros, y a ver.

“Había películas de súper ocho, que las que se filmaban las tientas; en algunas ocasiones he pasado eso, las he visto y vas entendiendo cómo calificaban, cómo hacían las cosas ellos, como los empadres, que no es nada fácil.

“Así vas adquiriendo todos esos conocimientos y con lo envenenado que está uno, pues ya se conjugan las cosas y el día que menos lo pensé, poder estar dirigiendo esta casa, pues es un reto mayor, un reto que llevo con mucho orgullo, con mucho gusto, siempre con un grande desafío, con tratar de darle ese gusto al público, sobre todo. Más al público que al torero”.

—Desde el momento en que entró, ¿qué línea siguió, una innovadora y revolucionaria o una más apegada a la tradición?

—La tradicional. En cuestiones de potreros y de controles, de algunas cosas, sí puedes innovar, pero yo creo que nunca me llamó la atención, ni me ha llamado la atención, hacer cosas nuevas, de meterme a explorar sangres nuevas o cruces nuevos.

“Simplemente mejor llevar las cosas que tiene uno, como se han llevado. Llevarlas y tratar de tener mejor control, que meternos a ver algo que si está funcionando, para qué cambiarlo. Si así es un poco difícil, porque, te repito, no es fácil, somos humanos, nos podemos equivocar, y no es que sea complicado, pero sí te pone a pensar que llevar las cosas como hasta hoy. Por lo demás en el campo sí se han tratado de innovar algunas cosas”.

—Como cuáles.

—Ahora tenemos dos embarcaderos. Pero más que innovar, tratamos de controlar las cercas, hacerlas mejor de las que teníamos antes, porque se te puede brincar un semental, te rompe la puerta, se te pasa con la otra punta y al rato ya no sabes de quién es la cría. Tú estás seguro que ese toro o ese novillo es hijo de un semental y resulta que es del otro.

“Hay que tener mucho cuidado, que todos los días los vaqueros estén al pendiente, cuenten el ganado, vean que los toros estén donde deben estar, las vacas lo mismo. Hay que meter controles en cuanto a cercas y a lo que tienen que hacer en su labor diaria, revisarla constantemente, como contar el ganado.

Retos diarios

González Villa también habla de los retos a los que se enfrenta la ganadería.

—Hoy tenemos problemas muy serios con los perros, cosa inédita. Hace una semana me mataron siete vacas, y no para comérselas, sino que las mataron como si fueran perros de pelea, que nomás les muerden la cara y hasta que las matan. Es un problema que ya llevamos años y años, aunque hubo momentos en que se dieron más. En este año ha sido muy duro; que te maten siete vacas en una semana, es delicado el tema. Imagínate que te encuentras esos perros. Te matan”.

“Son jaurías de perros que no creas que están chiquitos, de los basureros, esos que tienen hambre. Son perros grandes, tipo gran danés, pero cruzados, una cruza híbrida, como de pelea. Muy raros.

“Tenemos problemas también con los cazadores. Se meten a tirar, y cuando se les arranca algún novillo, alguna vaca, les disparan; ya me han matado tres o cuatro a balazos.

“Es una serie de cuestiones aquí que es una lucha diaria. Contra los que te tiran los árboles también. Yo soy amante de la ecología, cuido mucho la ecología. Anteriormente, el gobierno nos estuvo apoyando a través de la Conafor, a sembrar árboles, a podar, a limpiar. Ayuda a la infiltración del agua, luego de que se logró que el Congreso del estado, declarara que el campo bravo sea considerado un nicho ecológico, guardián de la ecología.

“Aquí tienes que batallar con todo ese tipo de cosas, sobre todo los talamontes que tiran los árboles. A finales del 2019, una noche me tiraron 40 árboles. Son cosas que no nos pasan por la cabeza o que la gente no sabe que puede pasar, pero está pasando.

“Yo soy muy ecológico, me gusta mucho limpiar mis potreros, trato de meterle pasto mejor, para que también sirva para el ganado, reforestar, quitar las piedras, porque aquí mis potreros están llenos de piedra volcánica. Hubo un volcán cerca de aquí, el Coaxapo, que en algún momento hizo erupción; tengo aquí piedra para hacer un edificio. Todo eso más que innovar es limpiar y ordenar. Pero bueno. Ahí vamos poco al paso, logrando todo esto.

“Ahora que estuvimos en el Congreso del estado, entregamos un álbum con unas fotos aéreas, de donde están las ganaderías, y lo que hay alrededor de las ganaderías, sobre todo muy marcado aquí Piedras Negras, que se ve todo verde, y que lo demás, que pertenece al ejido, pues ya la deforestación que ha habido es impresionante.

“Todas las manchas verdes que mostramos ese día son las ganaderías, como Coaxamalucan, Rancho Seco, La Laguna, De Haro, Zacatepec; es impresionante ver cómo está la ecología ahí, viva, cómo la conservamos sin querer, por decirlo así, y todo cómo está deforestado alrededor”.

—¿Las ganaderías de toros de lidia son benéficas para el medio ambiente?

—Completamente de acuerdo. Son pulmones. Hoy día son unos pulmones y no nada más para el oxígeno, sino para la recuperación de los mantos freáticos, para las especies menores. Tienen un sinfín de beneficios. Por eso nos atrevemos a decir que el toro es el guardián del campo.

—¿Hay el riesgo de que por la presión de los asentamientos urbanos desaparezcan las ganaderías?

—Yo espero que no lleguemos a ese punto, de que tengan que desaparecer. Al contrario. El gobierno debería de procurar darnos apoyos para poder conservar estos pulmones, si se puede llamar así. O las ganaderías conservarlas. En el país deben ser 170 mil, 190 mil hectáreas, entre todas las ganaderías que hay a nivel nacional. Es un número aproximado, de la gente que está inscrita en la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia.

“Si te pones a ver que empiezan a desaparecer, pues sí estaríamos en graves problemas. Si así hay un cambio climático, imagínate si empiezan a desaparecer las ganaderías. Va a ser un caos totalmente el cambio climático, porque hoy por hoy, mal que bien, se puede demostrar cómo es el campo bravo, qué hay dentro de una ganadería. Me refiero no en la cuestión taurina, me refiero en el campo.

“Yo aquí en Piedras Negras, los tres o cuatro años que recibí apoyos de la Conafor, debo haber sembrado alrededor de uno 100 mil o 120 mil árboles, de los cuales quedarán a lo mejor 70 mil, porque siempre hay un índice de pérdida, que es normal, pero la última vez que vinieron a hacer la visita para ver cómo estaban las cosas, fue lo que me dijo el técnico que vino. Me dijo que estaba muy bien. La verdad es que no pensaba que hubiera tanta”.

—¿De qué especies son los árboles?

—Sobre todo el sabino, que es el que más aguanta aquí, el que se da.

—Es endémico.

—Sí. Es el que aguanta las heladas, porque se hicieron pruebas con algunos otros, que no aguantan el clima de aquí. El sabino lo aguanta sin ningún problema.

El veneno de la fiesta brava

—¿Cómo se fue “envenenando” usted con la fiesta brava?

—Desde muy chico, porque las vacaciones de verano las pasábamos aquí; eran casi dos meses, mes y medio. A mí se me hacían eternas. Increíbles, porque nos veníamos aquí al rancho y la gozábamos mucho. Desde los herraderos, porque nos enseñaban a tirar a los becerros, a poner los fierros. En algunas ocasiones tentábamos, o dizque toreábamos las becerritas.

“Todo eso te va envenenando, le vas agarrando el sabor. Les iba a echar de comer, como hasta el día de hoy me gusta ir a echarle de comer a mis toros, porque a final de cuentas el ganado lo revisas, lo ves, lo analizas. El comportamiento de todos es diferente. Una cosa es que vayas en el camión a darles de comer, y así lo ves de una forma, pero si vas a caballo los ves de otra. Y le vas agarrando el gusto.

“Así fue desde muy joven que empecé a saborear todo eso y, como te decía, mi papá no era una persona muy sencilla para explicar. Quería que aprendieras a como dé lugar, si es que te interesaba. Y algunas preguntas sí te las contestaba, pero a veces hasta te ponía parejo, como debía ser. Éramos también mal portados. De ahí fue de donde empiezas a agarrarle sabor a esto y te empiezan a dejar y a dejar y a responsabilizarte.

—Otro rasgo que distingue a los toros de Piedras Negras es la campanilla.

—La campanilla era porque La Laguna y Piedras Negras lindaban y las corridas de La Laguna las traían a comer a Piedras Negras y las de Piedras Negras iban a La Laguna, y como los potreros lindaban, si se brincaba alguna vaca, algún becerro o algo, con la campanilla sabían inmediatamente que no era de allá.

“A mí, entre los nueve y los once años mi papá me enseñó a cortar la campanilla y hasta el día de hoy yo soy el que la corto y ya le enseñamos también a los chavos a cortarla, que no es fácil, pero ya que le agarras es más sencillo. Hay veces que nos quedan un poco más cortas, a veces un poco más largas”.

—¿Qué sintió la primera vez que pudo cortar una campanilla?

—Sentí nervios, y muchos, porque si te pasas del corte, la puedes matar o la puedes dejar delicada, y luego con mi papá atrás, que te está diciendo que hagas las cosas bien, pues el nervio era a lo doble, pero ya una vez que empezamos, es otra cosa. Y no es difícil, nada más hay que tener la sensibilidad de cómo hacer el corte. En alguna ocasión sí me falló y nos quedamos sin una becerra y me fue como en feria, pero de ahí no pasó. Ahí aprendimos ya para hacer las cosas bien.

Oficio de tinieblas

—¿Qué implica ser ganadero de reses bravas?

—Es y no es difícil, porque cuando haces las cosas bien y comulgas con una meta o con un camino, sale todo. A mí no se me ha hecho difícil, porque lo disfruto, porque lo que hago, lo hago con pasión, lo hago con entrega. Sabes lo que estás jugando, porque finalmente eres una imagen pública.

“Es un hombre público, una imagen pública, que no siempre te va a ir bien; ojalá que siempre nos fuera bien, pero siempre hay un riesgo de poderte equivocar y esa equivocación te va a costar chiflidos o te va a costar algo públicamente.

“Yo, por ejemplo, siempre trato de hacer las cosas como me enseñaron y como las tengo pensadas, que es el toro como debe ser, con la edad que debe tener, con el peso que debe tener, para que no tengas que andar viendo cómo le mueves para que pase un toro. Ir con todas las de la ley para que a la primera se den las cosas. Ya la palabra del toro es en el ruedo. Ojalá que haga honor a su presencia, pero por lo principal que no quede en ti.

“Y luego volvemos a lo mismo, lo que tú siembras es lo que vas a cosechar. Si las cosas las llevas ordenadamente en la ganadería y todo, llevas un mayor porcentaje de que tengas un éxito en el camino, en crear tu ganadería, tu fama.

“De repente es difícil porque si no te caminan las cosas, hay que tener el valor de regresar, quitar lo que no sirve y volver a hacerlo.

“En alguna ocasión ya me pasó a mí; me salió un toro manso. Yo, desde que ese toro estaba en la ganadería, aunque era precioso, muy bien cortado, bonito y todo, había algo que no me gustaba cuando lo veía. Es la experiencia más fuerte que he tenido; fue en Puebla y el toro salió manso, manso, pero manso, o sea, con todas las letras, manso.

“Te puedo decir los chiflidos, las mentadas y desde ese día tengo la percepción de que, hasta ahorita no me ha pasado, pero como si fuera ahorita, percibo viendo al toro que ese toro no tenía que haber ido, nada más que el empresario me dijo “Oye, está muy bonito”. Y sí, el toro cumplía con todo, pero algo había en esta química, que no debió haber ido. Así pasó. Y son de las cosas que no es nada agradable que te chiflen y te digan de todo. Pero eso es parte de ser ganadero”.

—¿Qué significa un toro manso para un ganadero?

—Un tropiezo muy grande. Un tropiezo grandísimo, un error garrafal. Es lo que te decía hace rato de las cercas. Lo que pasa es que se te brinca un semental y con la otra familia, pues no liga. Si no tienes ese orden, al rato no sabes cuál es el papá. Y es lo que pudo haber pasado aquí. Como decimos, echó salto para atrás. Se te brinca el toro y con la otra no hay química. Es parte de los controles que siempre hay que tener y todo para que lo que tengas, sepas perfectamente de qué línea es, de qué familia es.

“Aquí nace un becerro o becerra e inmediatamente el mismo día o a los dos días, a más tardar, está registrado, aretado y con todas las de la ley para tener el control absoluto. Pero donde no puedes tener control es más que con las cercas de lo que platicábamos de los sementales, porque hay cosas que no creas que los toros puedan hacer.

“Yo tenía un semental que abría las puertas, las de poste, las antiguas; llegaba el toro y ¡pum!, te abría la puerta y se pasaba. Entonces, a ponerle alambres y alambres. Hay toros que son muy mañosos. Tuve otro semental que tiraba la barda de piedra y se brincaba. Cosas inéditas, pero que hay que ir controlando. Tenemos que tener mucho control, porque si no, puede pasar eso.

—¿Ese toro manso ha sido su peor experiencia como ganadero?

—Sí. Gracias a Dios la única. Toco madera para que no se vuelva a repetir, porque sí fue bastante desagradable. Gracias a Dios el toro que sustituyó a ese salió en orden. Ya fueron aplausos y felicitaciones, pero ese lo tengo grabado.

Tardes de triunfo

—Hasta este momento, como ganadero, cuál ha sido su mayor triunfo.

—Ha habido varios, gracias a Dios. Que te salga la corrida buena ya es un triunfo o que te salgan dos o tres toros, es un triunfo. Ahorita, por ejemplo, esta corrida de los 150 años, que lamentablemente no se pudo tener aforo, pero que la televisaron, para mí fue un triunfo, porque los seis toros tuvieron diferente manera de comportarse, pero creo que los seis fueron bravos, antes que nada.

“Ese indulto de la Plaza México, que yo no indulté el toro, lo indultó el público, lo cual fue algo inédito, también lo disfruté mucho. Yo le decía al torero que lo matara, hasta que un primo mío me dijo “Oye, pero el público está enloquecido, que lo indulte”. Y sí, lo indultó el público. Lo tengo ahí con algunas vacas, pues es un toro importante.

—¿Cómo se llama ese toro?

Siglo y Medio. Cosa inédita también que haya salido en sexto lugar, y que se haya llamado Siglo y Medio, porque todos los demás toros los había bautizado antes de la corrida. Yo tengo diferentes formas de bautizarlos, pero por lo general es el mismo día de la corrida. Es lo que me nace o lo que tengo en la cabeza. Y ese, día en la mañana pasé los nombres y sin querer ese nombre no lo había dado. Estando en el sorteo, me dice el señor juez, “Ganadero, el nombre, el nombre”. “Pues Siglo y Medio”. Se hacen los papeles y todo, y cuando sale Siglo y Medio en sexto lugar dije “Bueno, ni mandado a hacer, ¿no?”. Sin querer.

“El matador fue aquí de la tierra, Gerardo Rivera, que tuvo una tarde diferente, porque la gente no estaba muy metida con él. Más bien, se metieron con él. No estaban muy contentos. Fue en la Plaza México. Ha habido cosas así inéditas”.

—¿A qué se refiere?

—A tardes memorables y chistosas, de cierta forma; por chistosas me refiero a diferentes. Una vez, en Santa Ana Chiautempan, si no mal recuerdo creo que fue un viernes, se dio una corrida. Esa vez el toro lo indultó El Zapata.

“A qué me refiero con cosas chistosas, a que al toro yo le había puesto Joronguito, de jorongo, y el que escribió el nombre se lo cambió y le puso Joronjito; cuando lo vi salir ya no pude hacer mucho. Y bueno, lo acaba indultando El Zapata. Le arma un faenón y lo indulta.

“Al día siguiente acompaño a mi primo hermano, don Javier Iturbe, con una corrida de él, a Teziutlán, Puebla, y también El Zapata lidia esa tarde, y lidia un toro extraordinariamente bien y lo indulta. El mismo que había escrito el nombre fue para allá y también le cambió el nombre, de Manzanito a Manzanero.

“Son cosas chistosas, que se dan un fin de semana, que te cambian el nombre y lo indultan y al día siguiente lo mismo, pues no pasa todos los días. Son tardes bonitas.

“Así memorables también tengo un indulto de Rafael Ortega en Guadalajara, que Guadalajara es una plaza seria. El público es muy exigente. Ese fue en el 2000. Otro indulto fue aquí en Apizaco, no me acuerdo la fecha, pero ese también lo indultó El Zapata, que es el que más toros me ha indultado.

—Para lograr esa tarde perfecta, qué incide, el trapío, la bravura del toro o la habilidad de torero. ¿Qué se necesita para llegar a una tarde como esa?

—El ingrediente importante y primordial es el toro. Era una corrida con todas las de la ley, que no había ni un pero en ninguno de los toros, en cuanto a presentación y todo. El toro es el que tiene la última palabra en el ruedo.

“La siguiente parte es la del matador. Si quiere o no quiere pararle al toro y triunfar con él. Esa es otra parte importante. Hay veces que se te puede ir el toro para arriba y a sudar.

“No sé si en alguna ocasión hayas visto la faena de Timbalero. Yo estaba muy joven, pero vela en la repetición. Es impresionante. Ha sido el toro más bravo en la Plaza México, que al principio lo puso a sudar y a pensar y hasta que se decide el matador y ahora va al revés. Y lo metió a la muleta. Pudo con él. Esa muleta de Mariano Ramos era poderosísima. Pero ahí es cuando ves la actitud del torero, que dice ‘Ahora voy yo’.

“Esa segunda parte también es cuestión del torero, querer pararle al toro, hacerle faena al toro, que todo depende de cada matador qué traiga en la cabeza o qué quiere hacer. Ha habido tardes que te los matan en el caballo o te los estrellan en los burladeros. Cosas que no deberían ser, pero cuando ven que no pueden, hay que resolver de una u otra forma. Y lo resuelven de la peor forma. Sí nos ha pasado en varias plazas. Para qué entramos al detalle”.

—¿Ese sería el máximo orgullo para un ganadero, que le indulten al toro?

—Mira, que le corten el rabo y las orejas, que le hagan faena los toros, es lo máximo que puede haber. Para mí, ahí hay una corrida, la corrida del siglo, en Cali, Colombia, en 1972. Torearon Eloy Cavazos, Palomo Linares y César Fáraco. En esa corrida hubo dos indultos, y a todos los demás les cortaron las orejas. Inédito. Fue algo que pocas o muy rara vez pasa. Como ganadero, que corten las orejas, el rabo, indulten, es el mejor triunfo que puede haber. Es cuando ya no te fijas ni en los gastos ni en las vueltas que has dado; estás pagado con todas las vueltas que has dado al campo, cuando hay un triunfo.

Sombras en el campo bravo

—¿Es negocio ser ganadero de reses bravas?

—No, yo no vivo de esto. Yo me dedico a otras cosas. Sin embargo, trato que esto no cueste. Hay años que son buenos, que llueve más, que las cosas se dan y todo. Hay que verlo como una empresa, que no cueste o que cueste lo menos posible. Yo, en el caso personal, no podría vivir de la ganadería. No sé si hay algunos ganaderos que todavía viven o es parte de.

“En el caso mío, me cuesta poco, pero en otro tiempo yo creo que sí se podía vivir con las extensiones que hubo aquí, sí se podía vivir de esto. Obviamente compaginado con todo lo que había antes, que era el pulque, los borregos, lo que se sembraba, las cosechas que se vendían. Hoy, Piedras Negras, con las extensiones que tiene, no se logra. Se mantiene”.

—¿En algún momento ha pensado en tirar la toalla?

—No, porque me voy a vivir a Rusia [Risas]. Ni con una transfusión me puedo quitar este veneno. Para mí, venir al campo y ver mis toros es mi vida, es mi pasión. Nunca lo he pensado. Y espero que no tenga que llegar a pensar ahora con tantas novedades que hay, pensar que esto se pueda perder. Ni lo mande Dios.

—Hay mucha presión por parte de grupos antitaurinos, pero también de grupos ambientalistas, animalistas, que critican fuertemente la actividad taurina. Tomando en cuenta que vivimos tiempos bien pensantes, ¿cree que haya fiesta brava para largo?

—Yo espero que sí. Sí hay cada día más presión. Lo que yo percibo es porque hay políticos que, con tal de hacerse ver, usan esta parte de estar en contra de la tauromaquia, porque no tienen otra cosa en qué pensar u otra propuesta que hacer. Con esto, de cierta forma llaman la atención y de repente funciona, de repente no.

“Hay grupos que yo sé que pagan, estos que van afuera de la Plaza México, es gente que pagan y puedes contratarlos; les pagas y van y cierran la calle y gritan. Como hacen todos los domingos ahí. Van y gritan en contra. Si quieres que haya violencia, te cobran un poco más.

“Yo espero que no sigan avanzando. ¿Por qué? Porque todos merecemos un respeto, todos tenemos derecho a hacer lo que queramos, a vivir lo que queramos vivir y a dedicarnos a lo que queramos dedicarnos, y a enseñarle a los hijos lo que queramos nosotros.

“Hay cosas más graves hoy en día que la fiesta brava, mucho más importantes que la tauromaquia. Pero en algunos estados ha funcionado, que han quitado o han tratado de quitarla. Yo espero que no sea el caso que en toda la república lo puedan lograr. Sé que muchos políticos están a favor, otros en contra, como lo decía, por las razones por las cuales están en contra, pero gracias a Dios hay muchos a favor.

“Esperemos que tengamos todavía fiesta brava para largo. La parte de Tlaxcala es muy importante, porque es un atractivo que tiene el estado. Siendo el más pequeño de la república, con el mayor número de ganaderías, y que tiene mucho potencial turístico en ese sentido taurino, y que se ha explotado y ha funcionado. Esperemos que aquí nos dejen todavía respirar y cada quien a su aire, y cada quien haga lo que quiera, que no nos toque”.

—¿Cuál sería el impacto si se prohibiera la fiesta brava en México?

—Pues yo creo que muy fuerte, porque hay mucha gente que vive alrededor de esto. Tan solo aquí en Tlaxcala, cada corrida que hay, ves los hoteles llenos. La derrama económica es muy importante. Los restaurantes, los hoteles. La gente que vive de la cuestión del toro. El que hace las banderillas, las divisas, todos los puestitos que tenemos afuera de la plaza.

“Hay un cuadro muy interesante que se llama Los dineros del toro. Es toda la derrama económica que conlleva un toro bravo. Yo creo que sí sería un golpe muy fuerte, sobre todo aquí hay familias que viven de eso; el hijo es transportista, la mamá es la que hace las banderillas, la hija es la que hace las moñas, la otra remienda los trajes de torero y los limpia. Hay mucha gente alrededor y esperemos que no sea el caso, porque si no, imagínate toda esa gente, a qué se van a dedicar.

“Simplemente los vaqueros. Los vaqueros son gente que, para ser vaquero te tiene que gustar mucho. Tienes que tener conocimiento, valor, y gusto. Eso no lo aprendes en la universidad. Ser vaquero tiene su mérito, porque aprenderte las vacas, a mover el ganado, a atender el ganado, a jugarte la vida, al embarcar, al meterte con el ganado, pues no es cualquier cosa. Una gente de estas ni modo que lo mandas a una fábrica a hacer qué. Sí, yo creo que económicamente, puede ser un golpe muy fuerte”.

—¿Cuántos años tenía cuando fue a su primera corrida?

—Me llevaban yo creo que desde recién nacido. Desde muy, muy chico.

—¿Y la primera de la que se acuerda?

[Larga pausa] —No la recuerdo así bien, pero ahí tengo unas fotografías.

—¿Cuántos años tenía usted?

—En las fotos estoy en la Plaza México. Seguramente me llevó mi papá a alguna corrida y estoy jugando ahí en el ruedo. Seguramente habré tenido seis, ocho años.

—La Plaza México, la Jorge “El Ranchero” Aguilar, ¿se llenaban en ese entonces?

—Sí, cómo no. El matador Miguel Villanueva, que es cien por ciento tlaxcalteca y piedranegrino, y Raúl Ponce de León, que también se formó aquí en Piedras Negras, llenaron la Plaza México en un mano a mano. Y la de Tlaxcala la llenaban a cada rato.

—¿Y ahora por qué el público ha dejado de ir a las plazas de toros? Porque tiene que aceptar que ya no se llenan como antes.

—Pues mira, lo voy a tener que decir. Lo que el público quiere ver, no es lo que están mandando. En algunas plazas te ofrecen que va a haber una corrida de toros y es una corrida en las que los novillos están muy gorditos, muy bonitos, sobre todo, cuando viene Ponce, cuando vienen algunos toreros españoles, que les gusta chico y manso, con el debido respeto, pero es así lo triste, me entiendes, que una vez que le echan agua al vino, adiós vino.

“Qué pasa. Pues que ya no hay interés, ya no hay ese morbo. Finalmente, la fiesta de los toros es un morbo. Es de poder a poder. La fiesta es de los toros, vamos a los toros. La plaza [es] de toros. Cuando vez que sale un toro que, valga la expresión, pasa y pasa y no pasa nada, como borrego, la gente se desinteresa. Por eso la gente dice “Mejor la veo en televisión”, que si sale un toro igual, le cambio y me pongo a ver el futbol o me pongo a ver otra cosa, en vez de ver algo que realmente me están ofreciendo y que es lo que quiero ver.

“Aquí hay municipios que echan toros, toros, y la plaza se llena; el público merece un respeto. Que tú pagues, ya sea la barrera de 500 pesos o el general de 10 pesos, es un respeto que merece el público, darle lo que le estás ofreciendo. Es una crítica sana. A veces se les pasa la mano que echan unos toritos, que nomás no, lamentablemente”.

—¿Quién es responsable de esa situación? ¿El empresario, la autoridad, el torero, el ganadero?

—Todos tienen una parte. Sobre todo, yo creo que el ganadero, porque pues no te prestas. Hay que tener dignidad, hay que tener respeto a uno mismo, sobre todo, como te lo dije hace un rato, somos imagen pública, de alguna forma indirecta o directa; eres un personaje público, tienes un nombre, tienes un prestigio. Dónde lo quieres tener. Yo creo que es un respeto a ti mismo hacer bien las cosas, y presentar las cosas como deben de ser. La otra parte, las empresas, hay empresarios que les gusta o el torero dice “Si va esto, yo no voy con esto”. Es muy complejo, difícil. Pero esa es la parte triste de que las plazas estén así.

Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Sabina Hernández Fernández

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