Yésica Imelda Saavedra Benítez, Directora del Instituto Tecnológico de Apizaco

Yésica Imelda Saavedra Benítez, Directora del Instituto Tecnológico de Apizaco

¿Cómo te sientes en esta etapa de tu vida?

–Muy contenta y satisfecha porque estoy trabajando en lo que me gusta. Soy directora de una institución educativa; para mí es un sueño cumplido y qué mejor que sea en el Instituto Tecnológico Apizaco.

–¿La joven que fuiste se imaginó ver a la mujer eres ahora?

–Sí, recuerdo mucho que el primer día que llegué al Instituto Tecnológico de Toluca a tomar clases, la secre­taria que me recibió me dijo: “Un día usted va a ser mi jefa, porque va a llegar a ser directora del Tecnológico”. Y, bueno, tenía voz de profeta.

–¿Ser la primera mujer directora del Instituto Tecno­lógico de Apizaco te generó algún problema?

–En algún momento sí, pero poco a poco ha ido cambian­do la situación. Por ejemplo, mis compañeros al principio tenían resistencia a aceptar mi cargo, sin embargo, con el paso de los meses comenzó a surgir una gran aceptación y respeto por mi trayectoria.

–¿Se ha presentado algún tipo de violencia a lo largo de tu vida?

–No, afortunadamente crecí en un hogar en el que nunca hubo violencia, siempre hubo mucho amor.

–¿Y a lo largo de tu vida profesional?

–Tampoco. Jamás viví violencia en mi vida profesional, sino todo lo contrario, siempre he recibido mucho respeto de todos mis compañeros.

–Como mujer, ¿cuál ha sido tu mayor reto?

–Cuando realicé mis estudios de doctorado en Francia. Mis hijos estaban pequeños, tenían cinco y ocho años, para mí eso fue un reto muy grande, porque al principio solamente estába­mos apoyándonos económicamente con la beca que yo tenía; sin embargo, los costos elevados de renta, alimen­tación, transporte y otros servicios, se complicaban demasiado. En ese momento me dije: “¡Dios! ¿Qué he hecho? ¿Qué les hice a mis hijos?”. No es la misma vida que les puedo ofrecer estando en mi tierra que viviendo en Francia. Afortunadamente, al año de estar allá, tuve la oportunidad de dar clases en la Universidad donde estudiaba a quienes se encontraban en el nivel de maestría. Eso cambió mi vida. Fueron días difíciles, pero valió totalmente la pena.

–¿Qué te sostuvo en esos momentos tan difíciles?

–Lo que siempre ha sido y seguirá siendo mi fortaleza: el amor a mis hijos.

–¿Crees que las cosas han cambiado para las mujeres?

–Definitivamente. Ayer escuchaba que tenemos un porcentaje mayor de mujeres estudiando a nivel licenciatura que de hombres; cada vez es mayor el número de mujeres que realizamos estudios de licenciatura, aunque en el área de las tecnologías hay muy pocas mujeres. En ese ámbito, también tenemos muchas oportunidades para nosotras y es importante que más mujeres se integren a realizar estu­dios de ingeniería. No hay ninguna limitante por ser mujer.

–Como directora del Instituto Tecnológico de Apizaco, ¿Qué haces para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?

–Estoy trabajando un nuevo progra­ma de capacitación para prevenir la violencia de género dirigido a hombres y mujeres. El plantel de Apizaco va a ser la primera institución que va a tener este cúmulo de información. Se trata de un programa piloto que cuenta con diferentes especialistas, cuyo objetivo principal es preparar a estudiantes y docentes. Cabe destacar que contamos con el apoyo del director general y estaremos iniciando en el mes de marzo.

Sé que es un tema que no es sencillo y nos va a llevar mucho tiempo, pero se trabajará arduamente para conseguir las metas propuestas.

–¿Te arrepientes de alguna decisión?

–No me arrepiento de las decisiones que he tomado. Sé que algunas fueron arrebatadas y difíciles, pero gracias a eso el día de hoy estoy con ustedes.

–¿Cuál consideras que es la mayor virtud de nosotras las mujeres?

–Que somos muy capaces; no nos rendimos ante el primer reto y el trabajo que realizamos en cualquier área es de gran valor.

–¿Algún defecto?

–Creo que somos muy sentimen­tales y en ocasiones nos dominan las emociones ante la razón, pero es parte de ser mujer.

–¿Cuál es tu próxima meta?

–Que mis hijos sean felices y, por supuesto, yo también me veo siendo feliz, encontrando el equilibrio en mi vida.

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