UN CULTIVADOR DE ARBOLES NAVIDENOS EN TLAXCALA

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Publicada Diciembre 2007 Edición 1

Carlos Avendaño

Su gusto por el medio ambiente y la necesidad de generar recursos para el sustento de su familia, motivaron a Pablo Rodríguez Pena a emprender un negocio relacionado con la siembra y venta de árboles de Navidad en el municipio de Tlaxco.

Una plaga que secó más de la mitad de sus plantas al inicio de su proyecto no lo ha vencido y confía que su negocio se consolidará con el paso del tiempo, tanto en el número de árboles plantados en su predio coma en la venta entre sus paisanos.

En 1999, Pablo Rodríguez emprendió este proyecto con la plantación de 6 mil árboles en un predio de 1.75 hectáreas que tiene en el ejido de Tlaxco, perteneciente a la comunidad de Las Cuevas de dicho municipio ubicado al norte del estado.

«Al iniciar esta aventura sembré alrededor de 6 mil árboles, pero la inexperiencia y el desconocimiento sabre el manejo de las plantas dio como resultado que se secara la mitad, debido a que les cayó una plaga, un hongo cuyo nombre no recuerdos, y fue hasta que vinieron los técnicos silvicultores que pude resolver el problema», relata Pablo bajo la atenta mirada de tres de sus cinco hijos.

Las especies que sembró hace ocho arias son pinos ayacahuite y moctezumae. Desde entonces procura plantar entre 200 y 300 cada año, con el propósito de incrementar la masa forestal de su predio.

Para vender los árboles de Navidad, Pedro distribuye anuncios sencillos en hojas de papel bond entre la población y pega otros más en establecimientos de su comunidad.

Aunque las ventas no son tan elevadas coma uno podría imaginar, Pedro no pierde la esperanza de que el negocio será exitoso en el mediano plazo.

De tres años que lleva vendiendo árboles de Navidad, en el primero solo comercializó 12, en el siguiente duplico la cifra al alcanzar 26 y para 2006 la cantidad fue de 56. Así como ha aumentado el número de árboles vendidos, los precios también han ido al alza año con año. Hace tres años los comercializ6 en 120 pesos; en 2005, en 170, 200 y 250 pesos según su tamaño; y en el 2006, en 250 y 300 pesos cada uno.

La empresa de Pedro Rodríguez ya es conocida en Tlaxco y muestra de ello es que en una ocasión recibió un pedido de mil 500 árboles, pero no lo pudo atender por dos motivos.

El primero y más importante es que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) le expidió un permiso de explotación para solo 500 árboles anuales. El segundo es que tiene en su predio apenas 3 mil 500 plantas y varias de ellas están en etapa de crecimiento… «no se han llenado».

El silvicultor quien además se dedica a la música -tiene una banda norteña -y a la herrería, menciona que para estar en condiciones de cumplir con un pedido de esa magnitud requiere de un predio de por lo menos 5 hectáreas y plantar 15 mil árboles.

Durante el año, Pedro y sus hijos acuden al predio de Las Cuevas a podar los árboles, pues conforme va creciendo cada planta, esta se llena de ramas y hojas, de ahí la necesidad de cortarlas para darles forma y tenerlas listas para su venta en diciembre.

Pedro tuvo que realizar diversos trámites administrativos para iniciar su empresa: solicitó permiso al comisariado ejidal para plantar árboles de Navidad, tuvo que cambiar el régimen jurídico de su predio de ejidal a pequeña propiedad, registrarse ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para que esta le diera los formatos que le permiten comercializar sus árboles y, por último, obtener la autorización de la SEMARNAT para explotar los recursos naturales.

«Todos esos trámites son muy complicados para una persona que apenas empieza un negocio, pero la necesidad de generar recursos económicos y explotar el pequeño terreno que tengo, me dio ánimo para seguir adelante», refiere.

En la actualidad, un problema que enfrenta es la falta de infraestructura para regar los árboles, pues carece de sistema de riego y de red de agua potable. Esta adversidad la enfrenta con un burro y unas castañas para transportar el líquido y a cubetazos riega los árboles.

«En una ocasión -recuerda- intente construir una cisterna y para ello gestione un crédito en el Fonda Macro para el Desarrollo Integral de Tlaxcala (Fomtlax), pero me hicieron dar muchas vueltas, además tenía que invertir coma 500 pesos cada mes para mis constantes viajes a la ciudad capital, y finalmente desistí de esa posibilidad».

Otro inconveniente que enfrenta Pedro Rodríguez actualmente, es que ahora el gobierno ya no le regala los árboles coma ocurrió hace 8 anos.

»Ahora si quiero adquirir más árboles, las tengo que comprar a un precio de entre 6 y 7 pesos cada uno a la Comisión Nacional Forestal (Conafor), cosa que veo mal porque no todos los campesinos tenemos más de 5 hectáreas de tierra para que nos las regalen «, critica.

Par ello, Pedro y sus hijos iniciaron un arduo trabajo de recoleccion de semillas de pino y ahora ya piensan en crear un vivero de pinos, con el fin de tener plantas para reforestar su predio en los próximos años. Así, Pedro se apresta a tener una buena temporada de venta este fin de año en su natal Tlaxco, con la intención de generar recursos para el sustento de sus cinco hijos y su esposa.

En muchas regiones de México la especie más popular como árbol de Navidad es el pino ayacahuite (Pinus ayaca­ huite), un árbol muy hermoso que mide aproximadamente de 12 a 35 metros de altura y 25 a 100 centímetros de diámetro, de copa cónica y aguda, de ramas extendidas y verticiladas; corteza grisácea y lisa en las arboles jóvenes, áspera y de color moreno rojizo en los viejos. Es conocido también como pino cahuite, ocote, pinabete. Su madera es suave, blanca, de textura fina y uniforme.

Pablo Rodríguez termina la entrevista que concedió a Momento, con una sonrisa franca y con una expresión que resume su labor: «Este trabajo es hermoso y creo que es importante para conservar las fiestas de fin de año. Ojalá que, con mi cultivo, también se cultive el espíritu de la gente, sin importar edad ni condición».

HISTORIA DEL ARBOL DE NAVIDAD

El árbol de Navidad tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía el mundo mientras que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol (lo que explica la costumbre de poner luces a los árboles). Era también símbolo de la vida, por no perder en invierno su verde follaje cuando casi toda la naturaleza parece muerta. Durante el invierno, en algunas casas de los países nórdicos se cortaban algunas ramas y se les decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras transcurría el invierno.

En Mesoamérica el árbol guarda un significado místico, inclusive tenían el ahuehuete como árbol sagrado. Las tribus nórdicas europeas y americanas tenían árboles sagrados alrededor de los cuales se reunían ritualmente para entrar en comunión con Dios. Se cuenta que un misionero ingles en Alemania, en el siglo VII, comprendiendo que era imposible arrancar de raíz esta tradición pagana, la adoptó dándole un sentido cristiano, haciendo que el árbol adornado fuera también un símbolo del nacimiento de Cristo. Algunos otros hablan de que fue Martin Lutero quien introdujo esta costumbre al adornar con manzanas un árbol para tratar de explicar los dones que los hombres recibieron con el nacimiento de Jesucristo.

Los primeros documentos que nos hablan de la costumbre de colocar en Navidad árboles de abeto o de pino en las casas son del siglo XVII y menciona a la región de Alsacia, tierra que se encuentra entre Alemania y Francia. En los países nórdicos, en el siglo XVI, se empiezan a reunir las familias en torno a un árbol de Navidad. El día 24 los niños eran llevados a pasear o de día de campo, mientras los adultos colocaban y decoraban con dulces y juguetes el árbol; a su regreso los niños eran sorprendidos con el árbol y así daba inicio la celebración de la fiesta de Navidad. Esta costumbre cobra fuerza y se extiende como una moda cuando la Reina Victoria de Inglaterra, para celebrar la Navidad, hace colocar un árbol en el palacio, decorándolo con velitas que hacen relucir una serie de bellos y finos adornos.

Foto: Archivo Revista Momento

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