Un recuerdo de navidad

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Publicada Diciembre 2009 Edición 25

Cuando era niño solía reírme de las personas mayores que suspirando decían frases como: “Parece que fue ayer” o “cómo han pasado los años”, y es que no puedes comprender esas frases cuando casi no tienes pasado, cuando tu vida parece un mar inmenso por el que hay que navegar, cuando aún no sabes que existen tormentas, que existen naufragios y que quizás durante muchos años de tu vida te la pases navegando sin rumbo. Por eso ahora que soy mayor y que he llegado al otro extremo de mi vida, no pude sonreír, al momento de decir: –Parece que fue ayer. Me impresionó tanto decir algo que nunca me imaginé, que me vi obligado a hacer una pausa en mi relato para darle un sorbo a mi taza con ponche, respirar profundamente y seguir respondiendo la pregunta que la bella Camila lanzó a todos los presentes reunidos alrededor de la chimenea. Déjenme contarles que todos estamos demasiado elegantes, nos hemos puesto nuestras mejores ropas, esperando a que alguno de nuestros familiares se acuerde de que existimos y nos invite a su cena de navidad, pero… –Perdón, ¿en qué estaba? Ah, sí, en la pregunta de Camilita, sobre nuestros mejores recuerdos de las fiestas navideñas, ustedes perdonen si de pronto cambio de tema pero ya soy como unos de esos viejos libros que se han deshojado y alguien les volvió a colocar las hojas en desorden, entonces suelo ir de acá para allá cuando cuento mis historias, imagínense que de pronto estoy en la página 22 y de repente me brinco a la página 40 y…. ven lo que les digo, volví a cambiar de tema, pero como les decía, voy a contarles como respondí a la pregunta de Camilita. Parece que fue ayer cuando escuché ese cuento en la radio, el del viejo avaro de apellido Scrooge, aún era demasiado joven para entender lo de las navidades pasadas, presentes y futuras. Pero escuché la historia con atención intentado matar el tiempo y sobrellevar la espera para que dieran las 11 de la noche, quién se iba a imaginar que ahora lo que más deseo a veces es revivir ese tiempo. Y aunque les parezca raro se me volvió un ritual escuchar la historia por radio momentos antes de la cena y cuando la radio dejó de transmitirla, me di a la tarea de investigar más sobre este cuento, supe que la escribió un escritor inglés llamado Charles Dickens, compré el libro y lo leí durante algunas navidades, después lo dejé olvidado, no tengo idea en donde, pero lo sustituyeron otras historias que leí. –¿Y ese es tu mejor recuerdo de Navidad?, exclamó ansiosa Camilita. –Claro que no, respondí de manera tajante, déjenme terminar mi historia, se acuerdan de Melanie, mi nieta con los ojos más lindos del mundo, pues bien ella hace un año me regaló de Navidad un libro, ¡que resultó ser mi libro perdido! Y al releer esa historia entendí con claridad por qué ese cuento ha ido de generación en generación para convertirse en una leyenda. Entendí que en algún momento de nuestras vidas, por circunstancias del destino, la Navidad nos sorprenderá sin compañía y lejos de las personas que amamos, y aunque no lo queramos, recibiremos la visita de esos espíritus que clara y nítidamente nos describirán nuestro pasado, presente y futuro. Y como a mí me pasó, a partir de esa Navidad,  entenderemos que el mejor recuerdo de la Navidad y de la vida, es el que vivimos actualmente.

Tomás Galicia

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