Valente de Jesús Macías Mijares – Tener corazón para salvar y ayudar nobles causas

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Valente de Jesús Macías Mijares, 26 años estudié una licenciatura en administra­ción y maestría en alta dirección.

–¿Qué haces en este momento?

–En este momento me dedico de lleno al nego­cio familiar y al proyecto que tenemos ahorita, que son los ajolotes.

–¿Tiene algún nombre?

–Sí, [está] registrada ante SEMARNAT como “Granja de ajolotes Ambystoma tigrinum”.

–¿Cómo nace este proyecto?

–Nace de una manera rara, porque si bien en Tlaxcala sabemos que se los comen o nos lo comemos, porque también en algún momento los llegué a comer, me enfermó. Me regalaron unos para comérmelos, pero estaban carga­das las ajolotas (sic), entonces no los quisimos matar. Los tiramos en un estanque, se empeza­ron a reproducir, al final murieron todos porque no sabíamos cómo controlarlos, de ahí nace la idea. Los pocos que sobreviven son los que hoy nos han dado todo este proyecto.

–¿Eso hace cuánto tiempo?

–Eso fue hace tres años y medio, que ya llevamos en este proyecto.

–¿Cómo empiezas a aprender más de esta es­pecie?

–Me causa curiosidad, porque empiezo a inves­tigar en internet y hay muy poca información; incluso me atrevo a decir que es nula o es muy repetida. Me di a la tarea de ir a buscar a un profesor de peces en la UAT, quien hoy en día es el que trabaja con nosotros; es el que se en­carga de la parte de ellos. Él fue quien nos em­pezó a asesorar, me dijo cómo; es el que lleva este proyecto también, por la carrera que él sí estudió para esto. Él sí sabía, porque tenemos que controlar parámetros de agua, cantidad de alimento. Eso yo lo desconocía totalmente y no encontré información, por eso es que busqué a alguien que me ayudara.

–¿En qué consiste este proyecto? ¿Cuál es el objetivo?

–Preservar la especie. Al final de cuentas el per­miso que yo tengo me da la posibilidad de ven­der cierto porcentaje legalmente, pero hasta el momento no lo hemos querido hacer, porque no hay especies; yo sé que si los vendo van a llegar a personas que quizá por moda los quieren o para comer, y pues mi proyecto, mi objetivo, que es preservar la especie, no se va a cumplir.

–¿Cuándo obtuviste el permiso?

–En el 2019, ahí fue donde tardamos un año en que logramos que nos dieran el permiso. Afor­tunadamente después de ese año nos dan el permiso, desde ahí para acá estamos constitui­dos legalmente, pero ya había un trabajo previo.

–¿Cuántas especies tienes?

–Tengo dos especies: el Ambystoma mexicanum, que es el ajolote xochimilco, y el Ambystoma velasci o del altiplano, que es el endémico de Tlaxcala.

–¿Qué has aprendido de una especie y de la otra?

–Que si uno no sabe, confundirás a los dos, pero hay una cosa muy extraña, que el ajolote de Xochimilco siempre será ajolote toda su vida. Se llama neotenia, que [significa que] siempre va a ser joven. Nunca se hace grande, nunca se hace maduro; de hecho, es una larva, es muy pegajoso, siempre está en el larvario. Y el ajolote de Tlaxcala en algún momento cuando le empieza a faltar alimento, baja el nivel del agua o le pega mucho el Sol, pierde las branquias y se sale del agua, se vuelve una salamandra y son totalmente diferentes.

–De 2019 a la fecha, ¿cuál ha sido el avan­ce de este proyecto?

–Muchísimo, realmente nosotros empe­zamos con una población de 20 animales, que son los que tenemos dados de alta ante la SEMARNAT. Hoy los tenemos de ma­nera libre; también es difícil saber cuántos tenemos en total, pero se han hecho estu­dios de población y nos dicen que hay por lo menos unos 300. Es un avance, porque un ajolote tarda un año y medio en llegar a su tamaño máximo; es un proceso muy largo.

–Qué buscas, es decir, ya tienes una co­munidad bastante amplia, ¿qué sigue?

–Quiero crecer todavía más para poder repoblar algunos cuerpos de agua del es­tado, principalmente de aquí de Tlaxcala, eso es lo que quiero y pues a lo mejor en algún momento, ya poder meterlo a quien esté interesado tenerlo en su casa de ma­nera correcta, hacerle un estudio previo de dónde lo tendrías, cómo lo tendrías, si es que puede o podría tenerlo; podríamos vendérselo, pero ese ya es como un plan b.

–¿Y venderlo también como consumo?

–No, esa manera no la compartimos; sí sería una especie de mascota en su mo­mento, siempre y cuando tengan todo adecuado para tenerlo; para consumo, no.

–¿Quiénes son los que participan o los que te apoyan en este proyecto?

–Es un proyecto que me apoya mi fami­lia totalmente. Cuando yo lo platico en la familia y demás, los niños siempre se in­teresan mucho en esto. Se vienen conmi­go y los traigo por dos cosas: primero, es generarle la educación ambiental y que crezcan con la idea de que nos estamos acabando el mundo; [segundo] les damos un estímulo económico. Siempre me rodeo de niños; ellos te dan mucha felicidad.

–Platícanos sobre este proceso que haces con la alimentación de los ajolotes.

–Claro. El ajolote trae un mito (sic) que dice que comen maíz, tortilla, que les puedes dar pan; eso es totalmente falso. Un ajolote es carroñero y carnívoro; incluso cuando falta comida se comen entre ellos, se co­men al más débil, pero nosotros creamos aquí el alimento para ellos a base de cha­ral. Ahorita, por ejemplo, en temporadas de renacuajo, se comen el renacuajo, insecto de agua y esto lo producimos nosotros a través del excremento de la gallina. Noso­tros hacemos alguna composta con algu­nas sustancias para que salga el alimento.

–¿Eso mismo lo tienes aquí?

-Sí, así es. Tenemos las gallinas que son de aquí para no comprar, porque aparte es caro el estiércol de borrego, lo generamos nosotros; a las gallinas también no (sic) les invertimos, porque les damos de alimento la planta que se produce de más en los estanques.

–Si bien es cierto que este no es un ne­gocio, porque no es un negocio en este momento, ¿cómo lo mantienen?

–En realidad la inversión que hoy hago es mínima porque yo generé un círculo completo. Solamente la inversión fue en un inicio, donde (sic) compré charal, al­gunos ajolotes que también tuve que traer de Xochimilco, compré las gallinas, pero de ahí las gallinas me dan el abono para el agua y el agua me da el alimento para las gallinas. Creamos el círculo y de ahí todo lo que sale es alimento para el ajolote.

–¿Qué retos te has encontrado en estos tiempos de pandemia?

–Cuando empezó la pandemia nos pasó algo muy feo y triste, porque en ese mo­mento no teníamos la capacidad para ge­nerar comida para el ajolote. Tuvimos que comprar alimento de Morelos, pero resulta que cerraron todos los tianguis de peces, entonces no pudimos darles de comer y tuvimos algunas bajas. Sí nos pegó mu­chísimo la pandemia. Esa es una y la otra [es que] vienen aquí alumnos de diferentes universidades, ya incluso del país, a buscar información para sus tesis. Al final de cuen­ta ellos nos ayudaban a dar mantenimien­to, a limpiar y de más, una vez que cerraron las escuelas, pues dejaron de venir.

–¿En algún momento pensaste que te equivocaste de carrera?

–Sí, y no me bastó. Estudié una maestría ad­ministrativa, pero en agosto voy a empezar a estudiar veterinaria, entonces sí se puede.

–¿Cómo te pueden contactar?

–Ya tenemos la página en Facebook. Apa­recemos como Ambystoma tigrinum o in­dependientemente que me busquen como Valente Macías.

Yassir Zárate Méndez
Fotografía: Federico Ríos Macías
Melisa Ortega Pérez

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