Miriam Yvonn Márquez Barragán, Premio Estatal de cuento Beatriz Espejo 2021

Publicado en noviembre del 2021, edición 167

Miriam Yvonn Márquez Barragán es­critora y académica tlaxcalteca. Apasionada de su familia, la lite­ratura y la danza. Su formación en Estados Unidos le ha permitido tener una visión más amplia y critica del México y su contexto so­ciocultural, con esta visión escribe y recrea sus propias historias. Su más reciente com­pilación la llevo a obtener el premio estatal de cuento “Beatriz Espejo” (2021) otorgado por el Instituto Tlaxcalteca de Cultura y la secretaria de Cultura.

La también bailarina de danza clásica, actualmente radica en Cholula, Puebla; motivo por el cual la entrevista es a distan­cia, sobre todo por las circunstancias ante la contingencia por COVID ’19. La escritora nos habla de sus pasiones y retos como mujer, profesionista y artista.

–¿Dónde naces y cuál es tu formación?

–Nací en Tlaxcala capital, pero crecí entre San Pablo Apetatitlán y El Alto. Otra parte de mi infancia en un pueblito de Sinaloa. Mi formación profesional es en el área de lite­ratura. Soy doctora en Literaturas y Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati.

–¿Cómo fue tu infancia?

–Considero que tuve una infancia feliz, con ese poder de no darme cuenta de que mu­chas cosas difíciles pasaban a mi alrede­dor y alegrarme con muy poco. Fui una niña con mucha imaginación, dispuesta al juego y a la invención. Fui fantasiosa y muy artísti­ca. Amante de los ríos y los atardeceres. Me encantaba el dibujo, la música, la danza y por supuesto, escribir mis propias historias. En ese sentido, creo que sigo conservando esa esencia de cuando era niña, y por lo cual me siento afortunada.

–¿Cuál fue tu primer libro?

–El primer libro que entendí a un nivel mu­cho más profundo fue El Principito. Leyéndolo descubrí que podía interpretar más allá de la historia narrada: era un libro so­bre la búsqueda del amor. Para mí fue una revelación. Así que por eso siempre será mi primer libro.

–¿Cómo inicias tu encuentro con las le­tras?

–Es curioso que el primer encuentro con las letras haya sido a través de la oralidad. Las historias que me contaba mi madre y las lecturas en voz alta de mi hermana mayor fueron el primer y más importante alimento literario que tuve en mi vida. Mi mamá nos contaba muchos de los libros que había leído en su juventud y a veces, los reinventaba. Y mi hermana siempre ha sido una lectora asidua que me compartía con emoción aquello que leía. A pesar de ello, no teníamos una biblioteca como tal, sino que los libros eran un alimento escaso, mayormente de lo que nos daban en la es­cuela, pero que buscábamos asiduamente.

–¿Cómo descubres tu gusto por la litera­tura?

–Más que descubrir, creo que ha sido parte de mí. De una u otra manera. Las historias, los libros y la lectura siempre fueron fami­liares para mí y nunca me costó trabajo di­ferenciar lo que destacaba como literatura de aquello que no lo era. La posibilidad de interpretar y descubrir nuevos significados sigue siendo lo que más me encanta de la literatura.

–¿A qué edad te adentras a la literatura de una manera más formal?

–Fue antes de terminar la preparatoria: una etapa de muchas dudas con respecto a mi futuro. Estaba entre seguir con una carre­ra como química o ser educadora. Gracias a un profesor muy querido, que me daba métodos de investigación, me enteré que se podía estudiar, ejercer y vivir de la litera­tura. El trabajo intelectual siempre se me dio con naturalidad, y pensé que sería una manera fabulosa de pasar la vida. Así que entré a estudiar la ca­rrera de Literatura Hispanoamerica­na con profesores entrañables que supieron transmitir su conocimiento literario y a los cuales les agradezco que me hayan compartido su visión de la lengua y la literatura.

–¿Qué es la literatura para ti?

–La literatura significa recomponer el mundo. El ser humano se recuerda a través del lenguaje, pero es a través del lenguaje literario que puede dar­le sentido, belleza y trascendencia. Es aventurarse a las emociones huma­nas con la seguridad de que, incluso asomándote en lo terrible, no naufra­garás dentro de ellas.

–¿Qué autores son tu influencia?

–Elena Garro y Federico García Lor­ca son dos de mis autores esencia­les y que cambiaron radicalmente mi manera de entender el lenguaje. Con ellos vi que era posible escribir con belleza, musicalidad, armonía y al mismo tiempo descubrir que algo te­rriblemente humano sucedía. Amparo Dávila y Josefina Vicens son también grandes influencias en cuanto a la ex­ploración de personajes masculinos desde la mirada femenina, y la crea­ción de historias donde habita un mis­terio, una incógnita vital. En otras len­guas, J.M Coetzee, Murakami, Ishiguro, McEwan, Márai son escritores que me fascinan por la particularidad de sus historias y su espíritu nostálgico y re­flexivo. Todos ellos son mi influencia en la manera sutil de hablar de te­mas importantes y de hurgar hábil y pacientemente en el alma humana.

–¿Crees en el destino?

–Sí. Creo en el destino como una suer­te echada para algunos bendecidos o condenados por las circunstancias en las que nacieron, y por los errores o aciertos que otros tomaron sobre su existencia. Pero la gran mayoría seguimos la suerte de nuestras pro­pias decisiones: un ajedrez del día a día que a veces tienen repercusiones inmediatas y otras son una especie de bomba de tiempo. Me fascina la idea de ser el arquitecto de nuestro propio destino.

–¿Cuál es el tema recurrente en tu obra?

–Uno de los temas que más me ha llamado la atención es el de la pater­nidad y el por qué nuestro país está lleno de hogares sostenidos única­mente por la fuerza de las madres, hacen lo posible para criar a sus hi­jos. Yo misma crecí en un hogar así y creo que, aunque me pese, inevitable­mente mis cuestionamientos salen a relucir. Me interesa también observar los miedos escondidos en la furia o el hermetismo de lo masculino y cómo se proyectan en violencia, en evasión o en una obsesión por lo material. Otro de mis temas es el gran impacto que está haciendo en nuestras vidas la realidad virtual y el cambio en nuestra percepción de la realidad.

–¿Qué lugar ocupa la narrativa en tu mundo creativo?

–Ocupa un lugar muy importante, aunque la vida adulta me exija mu­chas cosas que van primero antes que sentarme a escribir o a leer. Soy una persona creativa por naturaleza y eso es algo que he tratado de mantener contra viento y marea, en particular, el estímulo intelectual que encuentro en la literatura. En el caso de la escritura, y en particular de la narrativa el nivel de exigencia es mucho más grande, puesto que su proceso tiene diversas y complejas etapas que requieren concentración y sobre todo tiempo, el cual no siempre tengo para poder escribir, pero al que trato de hallarle un hueco en la agenda para ponerlo en un plano importante en mi vida.

–¿Cómo integras tu más reciente libro de cuentos; “El camino de los huérfanos”, con el que obtienes el premio estatal Beatriz Espejo en su edición 2021?

–Tenía unos cuentos hechos con an­terioridad. Los recopilé y me di cuenta que tenían la temática de la orfandad en común. Así que por esa consonan­cia decidí armar este libro y enviarlo al concurso.

Un jardín de rosas, Add to basket, La última visita, La ceremonia de la sombra y El caminante, son las his­torias que se entretejen en el libro El camino de los huérfanos, una colec­ción de cinco cuentos que giran en torno a la orfandad y que tienen ecos de escritores como Haruki Murakami, J.M. Coetzee, Kazuo Ishiguro y Jorge Luis Borges.

Estas historias fueron escritas mientras estudiaba el Doctorado en Literatura y Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati, específi­camente dos de estos cuentos fueron escritos en la clase de narrativa del escritor nicaragüense Nicasio Urbina, pero fue hasta su regreso a México que la escritora decidió concretar este trabajo. “Al inicio no lo vi como un proyecto de libro. No obstante, me di cuenta que, sin pretenderlo, estos cinco cuentos tenían una temática en común, pues en todos, el problema es la paternidad: padres inexistentes, que han muerto, que han huido o que simplemente no han querido serlo. El punto final al manuscrito coincidió con la convocatoria estatal de cuento, así que no dudé en ponerme a prue­ba”, explicó.

–¿Qué han significado los premios y reconocimientos que has obtenido?

–Significan el haber resuelto muchas dificultades de la vida cotidiana para sentarme a escribir y también la opor­tunidad de darle valor a mi trabajo.

–¿Qué opinas de la poesía y literatura digital?

–La poesía es el reino pulsante del tiempo en que vivimos. No tengo duda de que es el primer deseo del lenguaje en las personas, y en parte por eso hay tanta poesía. Es una for­ma de conectar con la intimidad de nosotros mismos. Sobre la literatura digital, me parece una maravilla que existan nuevos recursos digitales. Pero no deja de preocuparme su fragilidad. Hay más almacenamiento en los so­portes digitales, pero no sabemos en cuanto tiempo habrá que copiarlos a otro soporte y así hasta el infinito. Me preocupa también la contaminación no siempre evidente que genera la tecnología.

–¿Qué es lo que más disfrutas de la vida?

–Estar con mi familia. Pasar los días con mi esposo y mi hijo es lo que más disfruto y agradezco.

–¿Qué libro, cuento o novela podría contar tu vida, hasta este momento?

–El Hobbit, pues yo era una perso­na que amaba la estabilidad, pero la oportunidad me llevó a viajar y a vencer obstáculos, conocer aliados y adversarios. El viaje te transforma y te hace más fuerte. Y la vuelta a casa más lleno de experiencias es lo más importante.

–¿Cuál es tu hobby?

–Me atraen las actividades manuales y creativas, como dibujar, hacer pan y la jardinería, todo aquello que pueda ha­cer mi casa más bonita. También me encanta sentarme a ver el atardecer.

–¿Para ti, hay algún requisito o cua­lidad para ser escritora?

–Para mí el requisito más valioso en la escritura, y en el arte, es tratar de ir a la hondura, el no quedarse en el plano superficial-artificial de lo esté­tico cuando se puede ir a una explo­ración emocional que conecte con lo trascendente.

–¿Cuáles son tus pendientes cómo escritora?

–Tengo un libro de ensayos sobre mi otra pasión, la danza, que me hace falta sacar a la luz. También quiero reunir otros cuentos que tengo des­perdigados.

–¿Cuál es tu reto en la vida?

–Me encanta la enseñanza y uno de mis retos es ayudar a crear individuos más conscientes, empáticos y sensi­bles. Hay mucha vitalidad y esperanza en la juventud. Me gustaría contribuir, aunque sea en algo, a crear un cam­bio positivo en las personas a través de la educación.

–¿Escribes de noche o de día?

–Escribo de noche, pero corrijo de día.

–¿Qué buscas a través de tu trabajo creativo?

–Busco indagar en las emociones. Siempre me ha encantado lo detec­tivesco, y escribir es algo así: tratar de entender que somos más allá del cuerpo y la materia. Son las emocio­nes lo que nos conecta entre diferen­tes épocas, lenguas, culturas. Suena ambicioso, pero honestamente es lo que busco.

–¿Qué disfrutas en la vida?

–Disfruto mucho los atardeceres, salir de paseo con mi familia y charlar con mis personas más queridas. Disfruto mucho platicar con mi esposo. Ha­blamos todo el tiempo, de todos los temas. Me gusta la posibilidad de dis­frutar de las cosas sencillas.

–¿En qué te inspiras?

–Me inspiran los libros que leo, tam­bién las historias que escucho. Me estimula ir a museos y ver pelícu­las. La música también me genera emociones que me llevan al territorio creativo.

–¿Hasta dónde quieres llegar en la literatura?

–Quiero llegar a escribir un libro o un par de libros que la gente recuerde y quiera. Así como yo tengo mi grupo de libros más apreciados, que me trans­formaron, quisiera poder escribir ese tipo de historias, entrañables y valio­sas vitalmente.

–¿El escritor nace o se hace?

–Creo que un escritor o escritora no puede hacerse sin que haya algo esen­cial en su forma de ser que lo anime a escribir. Sin embargo, el escritor nace porque se hace a sí mismo también.

–¿Si tuvieras la oportunidad de guar­dar en una cápsula del tiempo algo tuyo, para abrirla en 50 años, que guardarías?

–Guardaría mis primeras zapatillas de ballet y el primer ejemplar de La Odisea como símbolos de dos de mis esperanzas: seguir bailando y seguir amando los libros, si es que vivo esos 50 años.

Yazmín Zárate Hernández
Fotografía: Melisa Ortega Pérez

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