La crisis de vivienda en México llega a la Literatura con Alicia Mares

Las musas de la inspiración no existen; disciplina y la energía creativa son parte del trabajo de la ganadora del Premio Nacional de Literatura Fantástica 2025.

La escritora Alicia Mares encontró su vocación literaria a los catorce años y escribió su primera novela, Cautivo de sombras, publicada en 2020. Al terminar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, decidió matricu­larse en un máster de creación literaria en Barcelona, España. Su estancia en el otro lado del mundo no solo reafirmó su gusto por las letras, sino que determinó su destino en la literatura.

Con veintinueve años se describe po­lifacética en las letras. Ha escrito nove­la, poesía, cuento y ensayo. Le interesan los temas sociales, la familia, la crisis de vivienda en México, la seguridad, los temas de género y las desapariciones, que mueven la brújula de su agenda literaria.

Alicia Mares nació en la Ciudad de México; su mamá, Alicia Sánchez Chávez, también nació en la capital del país, mientras que su papá, Máximo Hernández Muñoz, es de origen tlaxcal­teca. Ellos han marcado definitivamente el gusto y amor de Alicia por Tlaxcala. A la fecha radica esporádicamente en Huamantla, donde sus padres tienen una casa de descanso apacible que le permite sentarse a escribir por horas y por días con el paisaje de la Malinche y sus artesanías y haciendas de Hua­mantla.

Apuntó que para escribir debe existir disciplina y la energía creativa; aseguró que las musas de la inspiración no exis­ten. En su proceso creativo se impone cuotas de hasta mil quinientas palabras en una sola sentada para avanzar en sus metas de escritura.

Su novela, La estela de las rutas nómadas, con la que obtuvo el II Premio Nacional de Literatura Fantástica, con­vocado por la Universidad de Sonora, propone la inquietud que atraviesa una generación, donde la vivienda es un lujo y la humanidad se ve obligada a convertirse en nómada. Además, refleja la crisis de vivienda en la Ciudad de México.

A raíz de una experiencia personal, cuando Mares quiso rentar un departa­mento, se enfrentó a cuestiones y difi­cultades que indudablemente fueron llenando de interrogantes su cabeza. Y comenzó a delinear una historia a raíz de una anécdota personal.

En entrevista para Revista Momento en la sede del Museo Miguel N. Lira, donde cursó su último diplomado de literatura, sostuvo que en octubre reci­bió la llamada con la que le notificaron que había ganado el Premio Nacional de Literatura Fantástica, anuncio que la tomó por sorpresa. Afirmó que se siente muy emocionada por comenzar la promoción y difusión de ese libro, que publicará la Universidad de Sonora en 2026.

—Mi interés por la literatura surgió, quizás antes de desarrollar la concien­cia, con el cariño de mis familiares. Siempre me leyeron historias. Desde pequeña me dieron libros, me llevaron a ferias de libros, me compraban libros; este interés por la lectura surgió a muy temprana edad.

—La brújula dorada, una trilogía de no­velas fantásticas de Philip Pullman, me fascinó y sembró muchísimo la semilli­ta de quizá que yo pudiera escribir. Y así comencé.

—Yo comencé leyendo fantasía, cien­cia ficción, pero en los últimos siete años he empezado a leer más autores latinoamericanos; en particular me gustan mucho los cuentistas argentinos Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Tomás Downey y Valeria Correa Fiz, y admiro a los escritores mexicanos Alma Mancilla, cuentista excepcional, y los escritores tlaxcaltecas Olivia Teroba y Gerardo Lima.

—Ha sido el cauce a través del cual yo me muevo. Si bien estudié comunica­ción, mi pasión ha sido la literatura, tanto que apenas terminé la carrera, ya me estaba matriculando en un posgrado de creación literaria. Esta pasión, esta vocación por la literatura es la que me ha llevado a mi formación como escrito­ra. Primero tomé un máster en creación literaria en Barcelona y después un diplomado en Tlaxcala en el Museo Miguel N. Lira.

—El luto, la nostalgia, en esos momen­tos de nostalgia que tenemos en el día a día, y pensamos en nuestro pasado, la infancia y la capacidad de asombro como si fuéramos niños otra vez. Esos temas me interesan.

—El fallecimiento de mi hermano hace 10 años. Los temas de la pérdida y el luto son procesos que han estado muy presentes.

—Quizá suene muy mexicano, pero la muerte para mí no es el final de las cosas. Soy de la creencia de colocar mi ofrenda, las calaveritas, las fotos de mi hermano. Creo que ese velo, ese um­bral, sí se puede traspasar. La muerte es un velo de organza y en ocasiones tenemos la posibilidad de traspasarlo. Para mí no es el final, sino un acto que persevera.

—Mi primer libro es una novela de fantasía que comencé a escribir a los 14 años, y la terminé justo a los 15 años, cuando estaba en la secundaria. Fue un resultado natural de leer novelas de fantasía y creer que yo también podía escribir; así surge mi primera novela, Cautivo de sombras. Se publicó de la mano de una editorial mexicana llama­da Plaza y Valdés; en su momento se vendió muy bien.

— Primero escribí la novela Cautivo de sombras (Plaza y Valdés, 2020). Tam­bién Mujeres perversas (Trajín Litera­rio, 2022, una compilación de cuentos reunida por Álex Reyes y que incluye a otras autoras), Cocodrilario (Horror Vacui, 2022, cuentos), Tornasol (Ocelote, 2024, cuentos), Mudanzas a castillos de arena (Valparaíso, 2022, poesía) y Hela­do de Flor de cempasúchil (La Tinta del Silencio, 2025, cuentos).

— La primera editorial que apostó por mis letras fue la española Horror Vacui; en 2022 publicó mi primer libro de cuentos, Cocodrilario. En el 2020 publiqué la novela Cautivo de sombras, un libro que autofinancié. La editorial Horror Vacui no me conocía y apostó por mi propuesta, confiaron en una escritora mexicana que estaba del otro lado del océano, les gustó mi manus­crito y me publicaron. Fue un proceso bastante orgánico; no nos conocíamos, leí su convocatoria, les envié el manus­crito, les gustó, firmé un contrato, me dieron un anticipo, se publicó y tuve la oportunidad de presentarlo en Barce­lona.

—Tenía 26 años cuando publiqué Cocodrilario y fue una experiencia muy excitante para presentar mi primer libro de cuentos en otro país. Me encontraba estudiando la maestría y ya conocía, después de un año, la ciudad, pero a pesar de ello, estaba nerviosa, porque era mi primera presentación y tenía miedo de las preguntas. Mi madre me acompañó en todo momento y pude salir avante en la presentación.

—Todo surge de la voluntad de no que­rer enmarcarse o meterse a un molde, porque yo cuando me siento a escribir algo, no digo esto va a ser un cuento; cuando tengo cierta voluntad creativa o curiosidad en la que quiero indagar, me siento a escribir y digo: “A ver qué sale”. Hasta el momento me han salido cuentos, novelas, ensayo, pero no descarto que en un futuro tenga otro libro de poesía como el que ya escribí y no lo esperaba, incluso hasta una obra de teatro. Siento que la facilidad de ser multifacética radica en la posibilidad de no querer encasillarte.

—Hice un esfuerzo con los nombres de mis personajes en mi última novela La estela de las rutas nómadas, que ganó el Premio Nacional de Literatura Fantástica en Sonora (2025), que fueran intercambiables como Arce, Jacaran­da, Álamo, nombres de árboles y de vegetación. Quise crear justamente este contraste entre la naturaleza transitoria y migratoria de las aldeas y los persona­jes que se ponen nombre de árboles, de cosas que no pueden moverse; es hasta cierto punto paradójico que refleja su propio conflicto interno, es decir, yo me quiero quedar aquí y tener un hogar digno, pero forma parte de una aldea migrante (sic) que no deja de moverse.

—Considero que las escritoras han cobrado la relevancia que se merecen y que estén cuestionando justamente estas interrogantes. Tenemos a Olivia Teroba, que aborda la idea de crear un lugar, una comunidad entre otras mujeres. Tenemos a otras escritoras que se han preguntado con sus temas y sus estilos cómo podemos generar un espacio propio. Espero aportar a esa conversación.

—En ocasiones sí, son muy contadas; en ese sentido he sido muy afortunada, pero he escuchado anécdotas de otras escritoras a las que les han hecho ver­daderas groserías. En mi caso, aparento tener menos años de los que tengo; en ocasiones me han cuestionado mi trabajo como tallerista y autora de mis textos. Cuando gané la beca del FON­CA en 2023 en la categoría de Jóvenes Creadores, hubo gente que me decía: “Este texto, tú no lo escribiste. ¿Quién te lo escribió?”. Hubo un cuestionamiento incómodo.

—Podría decirles que se unan a una comunidad, que den ese paso, que se llenen de valentía de unirse a un sitio y compartir. El acto de escribir suele ser muy solitario, pero me parece funda­mental que las escritoras encuentren alguna comunidad, desde un club de lectura, diplomado o taller, que puedan tener algún sitio que puedan compartir y leer otros textos y escuchar la crítica.

— Cómo superar el bloqueo creativo como escritor, si bien a mí no me ha pasado tanto como escritora. Mi desafío es que tiendo a querer meter muchos elementos en una historia, parte del oficio de escribir es saber jerarquizar los temas y saber identificar cuál es el núcleo del texto.

—He llegado a la conclusión de que las musas de la inspiración no existen y que para tener un proceso creativo eficiente debe existir disciplina y la energía creativa. Para acabar un texto me impongo una cuota, de aquí no me levanto hasta que me salgan 1,500 pala­bras. Me impongo disciplina y metodo­logía de trabajo.

—Por supuesto, las más grandes obras literarias han salido de eso. De he­cho, mi novela La estela de las rutas nómadas está muy ligada a lo social, porque esta novela habla de la crisis de vivienda, por experiencias que yo tuve en la CDMX, queriendo rentar un departamento sin éxito. Me dejó tan marcada que salí con tantas ideas. Me pasaron cosas increíbles en este proceso que parecía ficción, pero es la vida real. Por eso surge mi novela, por la curiosi­dad de querer indagar sobre la crisis de vivienda en México.

— Técnicamente hay cuatro persona­jes centrales. El principal es Arce, una mujer que trabajaba en una clínica de fertilidad que, por cuestiones especu­lativas de esta novela, tuvo que salir de la Ciudad de México y ahora es parte de una aldea migrante (sic) y en la confi­guración de un México futurista, todo está conformado por una aldea y ellos, migran a través de todo el territorio, queriendo buscar un lugar propio y hogar digno. Tenemos a Arce con su pareja, que es Álamo, y muchísimos personajes más que conforman su aldea migrante (sic).

“¿Qué quise decir con estás historias? Quise crear una gran interrogante sobre qué podemos considerar un lugar digno, qué se le puede llamar hogar en un fu­turo a un país sin condiciones para ello”.

—Sí, escribir sobre la crisis de las des­apariciones en México. Considero que es un tema muy fuerte y aún no me siento preparada para abordarlo. Voy a informarme, documentarme y seguir leyendo sobre las obras que ya existen sobre ese tema.

“También me gustaría hablar en mi obra de los fenómenos meteorológicos, cómo el propio paisaje puede reconfi­gurar el paisaje interno de una persona. Estos dos temas están dando vueltas en mi cabeza; se encuentran orbitando en mi cabeza”.

—Me gustaría que creciera mucho más. Tuve una experiencia en España, muy iluminadora para mí, con compañeros de Colombia, Chile, Argentina, Puerto Rico, Perú, y la idea que tenía de la literatura mexicana es que es eminen­temente violenta, de muerte, horror, sufrimiento. Si bien existen libros que se pueden catalogar como de este tema, existe un universo de propuestas. Me gustaría que se dieran a conocer más autores, temas y que el mundo comen­zara a ver la amplitud y la vastedad de lo que es la literatura mexicana.

—Que recordaran la capacidad de asombro; me gustaría que pudieran ver el mundo con ojos nuevos. Después de leer un libro, que el lector pudiera recordar que las cosas más pequeñas e insignificantes pueden ser mágicas.

—Nostalgia es la palabra que define mi obra.

—El punto de partida, el origen. Muchas grandes anécdotas de mi infancia suce­dieron aquí, quizá por eso regresé, quise reconectarme.

—Sí, cada día más. Actualmente paso mucho tiempo escribiendo en casa de mis padres, en Huamantla, Tlaxcala.

—Sus artesanías, Huamantla y las ha­ciendas, como la de Soltepec.

Yazmín Zárate Hernández
Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel

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