Gustavo Alfonso Sánchez del Razo – Juez Municipal en Huamantla

Gustavo Alfonso Sánchez del Razo se decantó por el camino del Derecho motivado por su interés en la política y su vocación de servicio. A lo largo de su vida, ha participado activamente en diversas organizaciones orientadas a apoyar a grupos vulnera­bles. Actualmente se desempeña como juez municipal y, mirando hacia el futuro, se visualiza ocupando un cargo de elección popular.

—¿Cómo es que eliges tu carrera?

—Desde que mi mamá fue candidata al Senado en 2012, el andar en campaña me motivó a entrar un poquito más en la política. Quería estudiar Ciencias Políticas, pero hablando con dos o tres amigos me recomendaron estudiar De­recho y después algo enfocado en temas políticos o de gobierno. Por eso es que me decido a estudiar la abogacía.

Además, me mueve el sentir de ayudar a la gente, el tema de la justicia. Creo que es algo que hace mucha falta en la sociedad, en la burocracia, incluso en el gobierno; eso también me movió a estudiar derecho.

—¿Qué especialidad te apasiona de la abogacía?

—Hice una especialidad en Gobierno y Administración Pública, porque el tema político me apasiona bastante; dentro de las ramas del Derecho, el tema civil y laboral. Un tiempo estuve en un despa­cho jurídico en Ciudad de México, que era especializado en derecho laboral; ver tantas injusticias que a veces hay en los sectores empresariales o públicos en temas laborales es complicado. Creo que el poder ayudar o poner tu granito de arena desde una asesoría, hasta llevar algún juicio, creo que te llena también.

“Mi mamá siempre me decía: “Quien no nace para servir, no sirve para nacer”. Tengo muy grabada esa idea de servir, de ayudar, de devolver un poco de lo que la vida y Dios nos da ”

—¿Qué te apasiona de tu carrera y de la función pública?

—El poder servir siempre me ha gus­tado. Empecé desde los 14 años en el servicio siendo mesero. Creo que desde niño y joven, el servir, el ayudar a la gente siempre se me ha dado de forma muy natural, eso es lo que me motivó el ser servidor. No soy la persona que está de malas, que contesta mal y atiende mal, sino que hace la diferencia y recibe a las personas con una sonrisa, porque al final eso es lo que soy, un servidor público.

—¿Qué representa para ti ser juez municipal?

—Es algo nuevo. He estado dentro de la administración pública en diferen­tes cargos. Es la primera vez que estoy como juez municipal y creo que siempre es importante atreverse a tomar los puestos con el objetivo de aprender, ha­cer las cosas diferentes y dar lo mejor de ti. A veces no tienes la experiencia del puesto, pero tienes los conocimientos, entonces poco a poco irlo desarrollando y dar lo mejor.

—¿Consideras que es difícil ser joven y estar en la función pública?

—Sí, muchas veces el que entra a trabajar a gobierno o participa dentro de instancias públicas es porque tiene algún familiar, tiene palancas o porque ya lo pudieron involucrar dentro del sector público. Creo que sí es un proble­ma especial. Muchos jóvenes tienen el talento y el estudio para hacer grandes cosas, pero realmente a veces quienes ocupan esos puestos son familiares de quienes ya están dentro.

—¿Qué retos tienes como joven en la función pública?

—Uno de los retos es que mucha gente, por vernos jóvenes, cree que somos inexpertos, no sabemos o hacemos las cosas mal, cuando realmente como es­tudiante te preparas para hacer lo mejor posible en la vida profesional.

—¿Cuál es tu anhelo en la función pública?

—Lo que me apasiona es servir. Mi deseo es ocupar algún día un cargo público de elección, quizá llegar a ser presidente municipal o diputado. Quiero demostrar que los jóvenes sí podemos, tenemos la idea, tenemos principios, tenemos valores muy diferentes a los de las personas que han llegado a tener esos cargos y también somos capaces de dirigir un municipio, de crear leyes. Tenemos la tecnología, tenemos redes sociales; estamos muy informados y no estamos maleados.

—Has participado en organizaciones que ayudan a grupos vulnerables, como es el caso del Club Rotario. Pla­tícanos tu experiencia.

—Mis padres siempre me enseñaron que hay que ayudar. Crecí en una casa católica, donde siempre me inculcaron el amor al prójimo y a ayudar cuando se puede. Mi mamá siempre me decía: “Quien no nace para servir, no sirve para nacer”. Tengo muy grabada esa idea de servir, de ayudar, de devolver un poco de lo que la vida y Dios nos da.

Desde los 14 años me he dedicado a hacer actividades en solitario o con gru­pos. He pertenecido a diferentes grupos como Rotaract, Rotarios por Tlaxcala y algunos otros, siempre con la idea de ayudar, de motivar, incluso a más perso­nas a que lo hagan.

—¿Cómo te ves en cinco años?

—Ojalá ya como diputado o como presidente municipal. De verdad mi intención es hacer las cosas diferentes. Quiero que los jóvenes se sientan iden­tificados con alguien joven, que sepan que incluso los quiero incluir en la polí­tica o la vida pública. Quiero motivarlos a que participen.

En temas personales, que mi bebé esté creciendo y también mi esposa. Ha­cer crecer mi negocio de autos y seguir persiguiendo el éxito.

—¿Qué mensaje le darías a los y las jóvenes?

—Que se atrevan, se apasionen, que cumplan sus sueños, que a veces por más lejanos que los veamos, si trabaja­mos se pueden lograr. Que se convier­tan en líderes, que no se vean como jefes o que quieran mandar, sino como líderes que motiven a más gente a que hagan las cosas diferentes, a que sigan soñando, sigan triunfando y que sigan sus sueños.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel

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