Víctor Gustavo Solís Jaramillo – Artista de la Cartonería

Víctor Gustavo Solís Jaramillo – Artista de la Cartonería

Víctor Gustavo Solís Jaramillo lleva más de veinte años en el mundo de la cartonería, actividad en la que se inició estimulado por los recuer­dos del trabajo paterno y que actualmente ha crecido al hacer equipo con otros creadores. Es un artista cartonero que siempre participa en el desfile de alebrijes monumentales que organiza el Museo de Arte Popular. Hace poco formó parte del Segundo Festival Tlaxqui. Arte, moda y música.

Además, busca hacer escuela al compartir su arte en el municipio de Zacatelco, de donde es originario.

—¿Puede platicarme de su infancia?

Mi niñez la recuerdo de juguetes y escuela. Recuerdo también cómo mi papá trabajaba la cartonería. Yo era muy pequeño, pero recuerdo cuando él hacía las máscaras de cartón y tengo muy presentes las máscaras de animalitos, de pato y mariposa para la primavera o de día de muertos. Él trabajaba mucho una máscara que se llama “el michoacano”; esa la vendía mucho.

Entregaba de mayoreo en la Ciudad de México, en el Mercado de Sonora, a donde llegan los mayoristas a surtirse.

—¿Cómo se inició en el arte de la cartonería?

—Tenía casi 20 años y me despertó el interés cuando en la ciudad de Puebla vi en exhibición unas máscaras. Las vi y me dije: “¡Estas son las máscaras que mi papá hacía!”. Le dije a mi mamá si las hacíamos y ella me contestó que no se acordaba muy bien. Entonces le propuse:

“¡Pues lo intentamos!”. Compré algunas máscaras y saqué los modelos. Así fue como empecé.

Llevo más de 20 años elaborando másca­ras, alebrijes y cualquier tipo de figura para negocios, en pedidos sobre diseño.

—¿Fue difícil perfeccionar una máscara después de intentarlo sin tener gran noción?

—Sí, las primeras me costaron un poquito, porque no es lo mismo si mi papá me hubiera enseñado. Creo que yo tenía seis años y de ahí recuerdo un poco cómo las hacía él. Al principio me costaba un poquito porque no tenía la práctica, pero a través de hacer y hacer las perfeccioné.

Mi papá ya no vive, ya no me vio hacer los alebrijes. Cada vez que elaboro un alebrije monumental me acuerdo de él, y se lo dedico cuando estamos desfilando en la Ciudad de México. Gracias a él trabajo la cartonería.

—¿Hace cuánto tiempo empezó a hacer ale­brijes monumentales para desfiles?

—Hace diez años. Los vi en la Ciudad de México en exhibición en el Zócalo y llamó mi atención su colorido y tamaño. Me pregunté cómo estarán hechos. Me quedé observando uno, vi otro y me di cuenta que era cartón. Dije: “Si hago las máscaras de cartón”. Fue así que tuve la inquietud. A mi regreso de la Ciudad de México vine pensando y dije: “Tengo que hacer uno. Voy a hacer uno”.

Investigué por qué estaban exhibidos en la Ciudad de México; precisamente fue de un desfile anual que organiza el Museo de

Arte Popular y al investigar di con ellos. Se abrió la convocatoria, me inscribí, me aceptaron y me puse a realizar el alebrije.

—¿Cómo fue su inicio en el desfile que organiza el Museo de Arte Popular?

—Inicié llevando un alebrije. Un tipo dragón que estaba en forma de U; digamos que la cabeza se estaba comiendo la cola. Medía tres metros y medio.

Desde el primer año que asistí lo vi como una fiesta para mí como cartonero y siempre espero la fecha para asistir. No es corto ni fácil el viaje para trasladar un alebrije mo­numental. Además, van camadas de Zacatelco, la camada de chivarrudos y también llevamos cacao, que son expresiones representativas del estado de Tlaxcala. El desfile de alebrijes monumen­tales es en octubre; lo organiza el Museo de Arte Popular. He tenido la fortuna de participar sin falta desde mi primer año hasta ahori­ta, a excepción de los dos años de pandemia.

—¿Se vive de ser cartonero?

—Sí, porque en esto no hay mucha competencia. Realizar alebrijes monumentales lleva una gran labor muy independiente de la imagina­ción, la creatividad, la paciencia y el tiempo. Por ejemplo, para armar la estructura y la pintura, yo no la puedo realizar solito, creo que me llevaría más de medio año para hacerla; se trata de que compañeros que les gusta la pintura se integren, porque tienen otras ideas.

Una persona que desde el primer año ha estado conmigo es Juan Mario Rivas Medina. Él pinta y lo hace muy bien, junto con Raúl Castillo, que también pinta. Ellos van plasmando otras ideas. La maestra Alejandra Morales también trabaja la carto­nería y me apoya mucho con ideas.

Me gusta mucho que hagamos equipo, porque no se trata de que haya competencia entre nosotros, sino de que compartamos nuestro conocimiento y que podamos dejar escuela aquí en Zacatelco.

—¿Qué se necesita para ser un cartonero?

—Mucha paciencia. Creo que es más la paciencia para irlo realizando porque, por ejemplo, yo que tengo la paciencia, hay ratos en los que me digo: “Hasta aquí. Mañana le sigo”, porque ya no salen las cosas como debieran cuando está uno impaciente y desesperado; es preferible dejarlo y continuar al otro día. He visto personas que vienen a pintar, pero no tienen la paciencia, por lo que el trabajo no va quedando como uno quisiera.

—¿Hay trabajos frecuentes de ta­maño monumental que le encargan realizar?

—Sí, de todos tamaños, desde peque­ñitos hasta monumentales. Me han hecho pedidos de Estados Unidos, de Europa. Me han pedido alebrijes pequeñitos que se los puedan llevar en una caja de zapatos para poderlos trasladar.

Que mi trabajo esté en otros países es bonito, es una satisfac­ción. He hecho muchos presentes para personas que llegan de visita al municipio.

—¿Cómo pueden contactarlo?

—Mi número de teléfono es el 246 171 31 58. Me pueden buscar en Facebook como “Alebrijes Zacatlax” o como Víctor Gustavo Solís Jaramillo.

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