Aranzazú Dance Project (ADP) nació del deseo de Aranzazú García por devolverle a Tlaxcala una parte de la formación profesional que recibió fuera del estado. A lo largo de cuatro años, el proyecto ha crecido desde un emprendimiento personal hasta consolidarse como una pequeña empresa cultural. Su creadora es una bailarina profesional con más de una década de experiencia, que en este año fue seleccionada en una audición internacional y en agosto bailará en la Ópera de Montpellier, en Francia,
—¿Qué te motivó a tener el espacio de Aránzazu Dance Project?
—Vengo de una generación de artistas que tuvimos que migrar para encontrar una formación de talla profesional. De esa profesionalización, devolverle un poco al estado donde nací es bueno y ayuda a que nuevas generaciones tengan el cómo hacer las cosas en los lugares donde están. Es muy importante que la gente que recreativamente quiere acercarse a la danza tenga espacios de calidad formativa.

—¿Cuánto tiempo llevas con el proyecto de Aranzazú Dance Project?
—ADP cumplió cuatro años el pasado mes de julio.
—¿Han sido fáciles estos cuatro años?
—No. Ha sido una montaña rusa de momentos, como en la vida, cuando tienes etapas muy estables, pero también de mucho movimiento y transformación. Siento que el estudio ha pasado también por esas etapas. Lo más difícil siempre es el principio, que la gente te conozca, les guste tu propuesta o encuentren en el espacio un lugar donde quieran estar; de ahí las cosas se van dando solas, pero al mismo tiempo que van creciendo, van aumentando responsabilidades, van creándose nuevos puestos de trabajo, van creciendo los retos.
—¿Qué es lo que más te ha sorprendido en estos cuatro años?
—Que nunca imaginé tener a tanta gente dentro de un proyecto. Son más de 100 alumnos, y no solo los alumnos, las mamás se han vuelto cercanas para mí, se han vuelto amigas. No me esperaba tener esta familia tan grande, de gente que escuchara y creyera lo que yo decía. Es gente muy dispuesta, muy amorosa, muy compartida, muy de hacer comunidad y eso facilita al 1000% las operaciones y los diferentes proyectos de este lugar.
—¿Qué diferencia hay de tu propuesta inicial a cuatro años de distancia?
—Que hay una madurez en cómo se afronta la vida cotidiana dentro de la escuela. La propuesta sigue siendo acercar la profesionalización a las juventudes y que puedan encontrar un espacio de formación. Lo que sí ha cambiado es la operación, se ha ido transformando de un emprendimiento a una empresa pequeña; eso ha sido lo que más ha cambiado y en la mentalidad de todos los que trabajamos aquí. Ha sido un cambio de solo venir a dar una clase regular, a entender esto como una empresa y como un negocio de servicios artísticos y culturales.
—Hace cuatro años eran otros retos. Sigues siendo joven, ¿cuáles son los retos que tienes actualmente?
—En esta etapa es la madurez. El arte y los proyectos maduran junto con el artista y esta etapa de mi vida es decisiva, porque como bailarina sé hasta qué edad me dará el cuerpo y tengo que decidir dónde terminaré en diez años, si apostaré a mi carrera como bailarina o si seguiré creciendo ADP como empresa. Ese es el reto más grande, porque ser maestra no significa que no tenga un sueño de bailarina aún pendiente. Por la edad, el tema de la familia se convierte ya en un tema a discutir, y eso también es un reto.

“En este mes me voy a Francia. Voy a bailar en la Ópera de Montpellier. Lo sabía desde hace como mes y medio; tardé un tiempo en digerirlo y en compartirlo, porque es de los logros de más rango de mi carrera”
—¿Consideras que es difícil ser joven y ser empresaria?
—Sí, soy una mujer que está liderando una empresa cultural en Apizaco, en Tlaxcala, en México, y todo eso junto ya es un factor difícil. Ser joven no me ha impuesto tanto como el hecho de ser mujer, porque sentía que se podía vulnerar un límite del respeto. Entre más crece el proyecto, más siento que la mujer que está detrás madura, se pone más fuerte y tiene que afrontar las decisiones y los retos de una forma más madura. Muchas veces pienso que quizá no me pasarían las cosas que me han pasado si fuera un hombre; es un pensamiento que tengo últimamente.
—¿Cuál crees que sea el diferenciador de tu escuela, Aranzazú Dance Project?
—El diferenciador lo tengo yo. Siempre he sentido que ADP es un espejo, un reflejo de lo que soy. Lo diferencia mis viajes, proyectos en los que he estado y estaremos, los años de experiencia. Este año cumplí 12 años como bailarina profesional y advertí que llevo casi diez años siendo maestra.
—¿Qué te apasiona de la danza?
—Últimamente me aferro al estudio y a la danza cuando veo que funciona como herramienta de transformación. Entran niñas de una manera y pasan dos, tres meses y son completamente distintas. Entran mujeres adultas y salen otras mujeres. Hemos llegado a tener alumnos con autismo y han brillado en el escenario y digo: “Esto no lo vi venir”.

—¿Qué mensaje le darías a las y los jóvenes que quieren salir adelante, pero sienten que las condiciones que enfrentan son muy difíciles?
—No dejen nunca de tocar puertas, porque alguna se abrirá. Las oportunidades siempre llegan cuando uno está preparado y listo para afrontar eso. Tenemos que prepararnos siempre. Lo único que me ha rescatado siempre es no olvidar. ¿Por qué es importante que esto exista y cuál es el propósito de que exista? El día en que diga: “Esto no tiene más propósito”, ese día me daré por vencida.
—¿Cómo te ves en diez años?
—Mi carrera está dando giros inesperados. Me encantaría que ADP creciera, hay temas de poder hacer un foro, un teatro privado, pero no te sé decir. Es la primera vez que digo: “No sé”, porque este proyecto ha crecido como ha querido, se ha portado como le ha convenido. Es un niño rebelde. Es muy difícil saber qué pasará con él en diez años
—¿Algo más que quieras agregar?
—Este año hice una audición para un proyecto de una maestra española muy querida que se llama Nesma, y me quedé. Este mes voy a Francia, bailaré en la Ópera de Montpellier. Lo sabía desde hace como mes y medio, tardé en digerirlo y en compartirlo, porque es de los logros de más rango de mi carrera. Nunca pensé en tener la oportunidad de bailar en una ópera francesa; de pronto asumirlo es muy fuerte y satisfactorio también.
Me voy a mediados de agosto, porque se hace un periodo de ensayos y ensamblaje, pues las bailarinas son de muchas partes del mundo. Todo se está aprendiendo en línea. Llegamos a ensamblar a la escuela de la maestra en Madrid, de ahí viajamos a Francia, hacemos el show y regresamos a Madrid.
Marisol Fernández Muñoz
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Lucero Ivonne Peña Jiménez
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Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel
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