Licenciatura en Derecho por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Maestría interinstitucional en Derechos Humanos. Maestría en Anticorrupción y Sistema de Justicia Penal.
Ha trabajado en ámbitos federales y estatales. A lo largo de su carrera, ha enfrentado y superado obstáculos relacionados con el machismo, lo que la impulsó a romper el techo de cristal y a formar a otras mujeres abogadas. Su próxima meta es concluir una especialidad en mediación y negociación. A través de su vida y su trabajo, busca inspirar a nuevas generaciones a desafiar los obstáculos y a contribuir al cambio hacia una mayor igualdad de género.

—¿Imaginó de niña ser la mujer que es hoy?
—Inicialmente pensaba dedicarme a otra área. El interés por estudiar derecho se dio en la preparatoria. A partir de ahí, empecé a vincularme con esta especialidad y profesión que ha sido muy grato estar ejerciendo desde que siendo estudiante ingresé a un despacho jurídico, y de ahí hasta hoy he ejercido.
—¿Cuál momento de su vida es el que más la ha marcado?
—En lo personal, el haber podido ingresar a estudiar. Tengo 51 años y desafortunadamente en mi juventud, por el machismo era muy marcado decir que para qué ibas a estudiar si estabas dirigida a formar un hogar y que el estudio no te serviría dentro del hogar. Para mí fue un reto muy importante decidir seguir estudiando, porque quería tener independencia económica, pero también independencia de ideales y de ejercer, principalmente.
—¿Es difícil ser mujer?
—Actualmente hemos avanzado. Fue difícil en mi contexto porque nos enfrentamos a mucho machismo cuando estudiamos o cuando en mi caso quise acceder a una posición, pues siempre los hombres tenían cierta preferencia. Eso formó para mí una pauta muy importante para decidir no solo tomar el llamado a romper el techo de cristal, sino también formar a otras abogadas que tienen la misma vocación de abrir puertas para las mujeres.
Considero que sí ha habido obstáculos, pero los he logrado sortear, afortunadamente. Hay obstáculos a los que nos enfrentamos, como el hecho de que tenemos que trabajar, ser amas de casa, ser madres y nos exigen muchísimo para tener un desarrollo en nuestra profesión.
—¿Cómo ha experimentado la violencia en su vida, si es que se ha presentado?
—Desde el machismo me limitaban al decir: “No lo puedes hacer porque eres mujer y tú tienes otro espacio en la vida privada, como ama de casa”. Al ingresar al servicio público, enfrenté algunas cuestiones de violencia que invisibilizaban mi trabajo, ya que cuando asumes una responsabilidad haces tu mayor esfuerzo para tener el mayor aporte a una institución, y de repente esos aportes los asume o se los cuelga tu jefe. Esa es una parte de violencia que muy pocas veces se habla.
—¿En los días difíciles qué hace por usted?
—Ahora siempre procuro hablarme de manera amable. Tengo una hija y eso también es para mí un referente, el decir: “Yo me trato de manera amable y le puedo enseñar que ella también puede ser vista de esa manera”.

—Estamos en otras circunstancias. ¿Qué le toca hacer a nuestra generación?
—Nos toca formar a nuevas mujeres que sigan postulándose para cargos donde se toman decisiones. Debemos compartir nuestra experiencia de vida, profesional y como mujeres, y transmitir a las nuevas generaciones que tuvimos obstáculos y logramos sortearlos; ellas también pueden hacerlo e impulsar a otras mujeres.
Considero que las mujeres debemos tener claro que somos una; si una avanza, las demás avanzamos, y si nos ponemos el pie, seguimos manteniendo el patriarcado y eso ya no nos podemos permitir. En mi formación profesional como abogada uno de los retos es formar capital humano para que tengan claro qué es la perspectiva de género y cómo podemos defender los derechos de las mujeres.
—¿Desde su entorno qué hace para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?
—Soy especialista en derecho agrario. Presenté un proyecto ante la Barra Mexicana Colegio de Abogados para empoderar a las mujeres en el sector rural, ya que en los núcleos agrarios los órganos de representación han sido mayormente integrados por hombres, y es muy importante que las mujeres ejidatarias campesinas formen parte de esas decisiones dentro de los ejidos. Para lograrlo, vamos a acercarles capacitación legal, psicológica y de trabajo social para fortalecerlas.
—¿El peor fracaso o el peor momento de su vida qué le enseñó?
—Los fracasos representan un aprendizaje, la posibilidad de ponerte a prueba de hasta dónde eres capaz de llegar.
—¿Cuál considera que es la mayor virtud de nosotras las mujeres?
—La lealtad y la perseverancia.
—¿Algún defecto?
—Más que defectos, tenemos muchos prejuicios, como pensar que los hombres pueden tener mejores espacios que nosotras y no es así. Y vernos como competencia entre mujeres.
—¿Podría completar las siguientes frases?

Las mujeres no deberían: Competir.
Los hombres no deberían: Minimizar.
—¿Cuál es su próxima meta?
—Es concluir una especialidad que estoy haciendo en mediación y negociación.
“Nunca subestimes el poder de una mujer decidida”
Marisol Fernández Muñoz
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Lucero Ivonne Peña Jiménez
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Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel
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