Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
Maestría en Derechos Humanos por la UATx.
Maestría interinstitucional por convenio entre la UATx con la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Posgrado en la Universidad de Alicante en España en argumentación jurídica.
Actualmente es doctoranda.
Fanny Margarita Amador Montes es magistrada del Tribunal Superior de Justicia y posee una sólida formación académica en el ámbito del derecho. Su madre ha sido una gran influencia en su vida, y su partida fue el acontecimiento que más la marcó. Por otro lado, su padre es su referente de sabiduría y fortaleza. En su visión, destaca la importancia de la ética y los valores en las mujeres.

—Magistrada, ¿podría contarme un poco sobre sus responsabilidades profesionales?
—Soy magistrada adscrita a la Sala Civil-Familiar. La función que realizamos los magistrados básicamente es revisar que las sentencias emitidas por los jueces se encuentren apegadas a derecho, a partir de los recursos que presentan las partes; en este caso la Sala conoce de dos recursos: la apelación y la queja.
—¿Cómo se siente en esta etapa de su vida?
—Es una etapa de madurez. Aspiré a ser Magistrada hace varios años, pero no se dio. Se concretó hace tres años que fui nombrada por el Congreso del Estado.
Actualmente me encuentro en una etapa de madurez, tengo las bases en conocimiento y la experiencia para tomar las decisiones más adecuadas en mi trabajo. La materia que resuelvo es muy sensible, pues tiene que ver con las relaciones familiares y patrimonio de las personas.
—¿Imaginó de niña ser la mujer que es hoy?
—Sí, realmente sí. Una de las cosas que más me inculcó mi madre fue que buscara mi independencia en todos los sentidos: independencia económica, independencia en mis decisiones. Fue un consejo que ella me dio, por lo que siempre me visualicé como una mujer independiente y que se desarrollará profesionalmente; pero también con una familia, con hijos.
—¿Cuál momento de su vida es el que más la ha marcado?
—La partida de mi mamá fue uno de los acontecimientos que más me ha marcado en la vida. Cuando ella se fue yo era muy joven, tenía 18 años.

—¿Es difícil ser mujer?
—Pienso que sí. Creo que es más difícil que ser hombre; nos enfrentamos a muchas cosas y muchos retos que hay que ir superando. Pero también es muy bonito ser mujer. Me encanta.
—¿Cómo ha vivido la violencia, si es que se ha presentado?
—He vivido violencia, pero de una forma muy sutil. No ha sido una violencia, digamos física; pero si desde el punto de vista de los estereotipos, prejuicios y otros obstáculos que te dificultan avanzar en el camino.
—En días difíciles ¿Qué hace por usted misma?
—En un día difícil me da mucha paz ir a ver a mi papá, abrazarlo, y sentir su respaldo a pesar de sus 96 años. Siempre lo he visto como un hombre muy fuerte y muy sabio, con una prudencia muy grande.
—Las mujeres estamos en circunstancias diferentes a otras épocas. ¿Qué nos toca hacer a esta generación?
—Se ha avanzado mucho en el tema de buscar una igualdad entre el hombre y la mujer, sin duda, pero sigue habiendo muchas desigualdades y pienso que lo que tenemos que hacer las mujeres, desde mi óptica, es seguir abriendo la brecha y ser solidarias entre nosotras.
—¿Desde su entorno laboral qué acciones se pueden tomar para que las mujeres accedan a una mayor igualdad?
—A través de las sentencias es muy importante juzgar con perspectiva de género. En muchos casos existe un gran desequilibrio entre las partes que ponen en desventaja a la mujer. Por ejemplo, cuando tienen que promover un juicio de alimentos para sus hijos. De hecho, el mayor número de asuntos que resolvemos en materia familiar tiene que ver con alimentos. No debería ocurrir que una mujer tenga que ir ante el órgano jurisdiccional para hacer valer derechos tan fundamentales de sus hijos; sin embargo, así sucede. Y lo que nos toca como juzgadores en la materia es garantizar esos derechos, no poner más obstáculos, quitar esos formalismos excesivos y poder facilitar el acceso a la justicia a las mujeres.
—¿El peor fracaso de su vida o el peor momento qué le enseñó?
—Que siempre se puede salir adelante. A pesar de las adversidades, de los retos que se presenten en la vida. Siempre vendrán cosas mejores.

—¿Cuál considera que es la mayor virtud de las mujeres?
—Una de las virtudes más grandes de la mujer es la ética, los valores; estoy convencida que las mujeres nos conducimos distinto a los hombres en ese aspecto. La forma en que construimos nuestra actividad profesional, si es desde otra óptica, con una ética que los hombres no siempre manejan; y también con una sensibilidad especial de entender cuestiones en torno a la familia y las relaciones familiares.
—¿Algún defecto?
—Quizá, a veces, no valorarnos lo suficiente, no creer en nosotras mismas, cuando me parece que tenemos todas las capacidades como los hombres, o a veces más.
—¿Puede completar las siguientes frases?
Las mujeres no deberían: Dejar de creer en sí mismas.
Los hombres no deberían: Abusar de la mujer.
—¿Cuál es su próxima meta?
—Seguirme preparando. Mi profesión implica una preparación y actualización constantes. Voy a seguir preparándome para enfrentar nuevos retos y nuevas circunstancias que se puedan presentar, y seguir haciendo mi trabajo de la mejor manera posible
“Soy una persona resiliente”
Marisol Fernández Muñoz
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Lucero Ivonne Peña Jiménez
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Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel
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