Centro Educativo Crecer A.C. está muy cerca de cumplir su aniversario número 25 siendo una de las instituciones con una oferta educativa diferente; su objetivo es hacer de la educación un lugar seguro para que el aprendizaje pueda darse de manera natural y fluida. Busca como resultado a niños felices y con conocimientos sólidos para construir su propio camino. Actualmente tiene una matrícula cercana a los 500 alumnos, desde maternal hasta bachillerato.
La fundadora y directora general de este centro educativo, Martha López Jáuregui, platicó con nosotros al respecto.

—¿Cómo define a Crecer?
—Como una institución que busca las mejores prácticas educativas, no solamente en nuestro país, sino en el mundo. Crecer busca el contacto con la ciencia, la tecnología y lo social; puedo decir que Crecer es un colegio que no está terminado, le falta mucho por hacer, pues tiene los retos más importantes de la vida, adaptarse y apoyar a la niñez.
—A 25 años de haber iniciado el Centro Educativo Crecer, compártanos cómo ha sido esta aventura.
—Iniciamos hace más de 25 años atendiendo a un pequeño grupo de bebés, hijos de amigas mías, quienes fueron las que me impulsaron a hacerlo, pues sabían que soy maestra y además trabajo con niños de educación especial. A esto le podemos sumar que yo sabía algo de estimulación temprana y en ese entonces Tlaxcala no contaba con ese tipo de servicios. Fue todo un reto, pero con el apoyo de varias amigas empezamos con este grupo de siete niños en la casa de una de ellas, que nos prestó una habitación, misma que adaptamos entre todas. Pusimos espejos, yo les enseñé a hacer los rodillos y materiales para que iniciáramos con ese grupo de pequeños. Ahora esos niños ya son papás y otros están casados. Esos 25 años pasaron en ellos también.
—¿Cuál es la oferta educativa que tienen?
—Tenemos maternal, preescolar, primaria, secundaria y bachillerato. Estamos también con IFYDE para ofrecer educación universitaria y de otros niveles.
—¿Cuál fue el siguiente paso para que el Centro Educativo Crecer pudiera tener una oferta más amplia?
—Los niños de este primer grupo fueron creciendo y por petición de las mamás que me impulsaban mucho, abrimos el maternal y luego el preescolar. Así fue como tomamos esta decisión. Comenzamos en una plaza comercial. Dijimos:” Bueno, aquí podemos abrir un maternal y continuar con estimulación temprana”, porque tuvo mucho éxito.
Para poder abrir maternal y preescolar estuvimos visitando escuelas en otros estados de la república con una metodología innovadora, porque mi sueño era realizar un trabajo diferente al que se hacía en la educación tradicional.
—¿Cuáles fueron los principales retos que usted vio en ese momento al trabajar con niños?
—El principal reto fueron los papás, pues ofrecer una educación diferente, con estándares internacionales, implicaba mostrarles esto a los papás, para que lo pudieran conocer y así sumarse con confianza al colegio. Esto nos ocurrió con el bachillerato internacional. Al inicio, los papás tenían muchas dudas, pero al mismo tiempo estaban ilusionados, porque no podían creer que los niños pudieran aprender de otra manera que no fuera llenando libros y haciendo planas.
—¿Qué fue lo que la motivó a seguir en este camino?
—Mi mayor motivación fue ver que los niños podían aprender de una manera diferente y disfrutar la educación. A mí me preocupaba mucho que un niño sufriera la escuela. Cuando visitamos Mérida, Monterrey, así como otros colegios, vi eso que buscaba, un niño feliz haciendo lo que le gusta y aprendiendo al mismo tiempo, compartiendo con sus compañeros y además abriéndolo hacia su entorno familiar. Los papás decían:” Yo no puedo entender cómo los niños están tranquilos, jugando y aprendiendo”. También comentaban que no sabían a qué hora aprendieron a leer y a escribir su nombre, si nunca los vieron hacer una plana. Entonces supe que otra metodología y otro enfoque en la educación es posible.
—¿Este enfoque estuvo definido desde hace 25 años o se ha ido transformando?

—Comenzamos con un enfoque constructivista, que partía de socializar la educación y el aprendizaje entre todo el grupo, desde maestros, alumnos y padres de familia. Después conocimos el bachillerato internacional, justo cuando íbamos a abrir primaria. Tomamos un diplomado de filosofía para niños, en el cual conocí a otros docentes que nos conectaron con maestros en el estado de Puebla, que ya llevaban este programa de bachillerato internacional. Recibimos la guía por parte de ellos y una cosa que nos decían fue que abrir primaria con una certificación de bachillerato internacional es hacer nacer la escuela. Con este programa y esta metodología nunca tocamos la educación tradicional en nivel primaria.
—A partir de este comienzo, cómo está perfilada su institución.
—Es una escuela del mundo y se llama así porque pertenecemos a un grupo de colegios que están certificados y avalados por el bachillerato internacional, el cual pertenece a una organización suiza que es la que nos da el programa y la metodología de trabajo donde los niños aprenden a través de una indagación muy estructurada por medio de todas las asignaturas. Estas se ven en conjunto y aterrizadas en un tema transdisciplinario que se une con el programa local definido por la SEP. Yo lo puedo decir muy fácil, pero es un trabajo muy fuerte de maestros, coordinadores y dirección.
—¿El colegio siempre ha tenido el nombre Crecer?
—Sí, lo único que se ha modificado es el logo. Cuando iniciamos, mi padre hizo un comentario sobre un libro que leyó cuando era niño, que se llamaba Crecer. A mi padre siempre lo admiré porque fue una persona muy culta y preparada; se me hizo bonito el nombre y por eso nos llamamos Centro Educativo Crecer.
—Considerando la metodología que ustedes llevan en el colegio, cuál ha sido el desafío más grande al que se han enfrentado.
—El reto más grande que hemos vivido ha sido el trabajo en conjunto con maestros, padres de familia y alumnos. La finalidad es unirnos en un solo camino; no obstante, implica un compromiso que muchas veces no todos tienen.
Por ejemplo, la preparación que llevamos es muy fuerte, a la par de costosa desde el área económica y no todos los maestros se comprometen a un trabajo tan arduo como éste, pues implica estudiar mucho, realizar planeaciones muy claras y unidas a lo que es el programa, dar horas extra de trabajo para trabajar en conjunto una planeación colaborativa.
Involucrar a los padres de familia haciéndolos conscientes de que la educación es algo que se hace en conjunto. Esta es una escuela con las puertas abiertas a los papás, ellos entran y ven cómo se trabaja. Tenemos diversas dinámicas para que esto ocurra, una de ellas se llama “Open School Day”, en donde los papás vienen a presenciar lo que los niños han aprendido y lo comparten con ellos.
—En estos 25 años cuáles han sido sus mayores satisfacciones.
—Han sido muchas, desde ver a los niños con los que inicié convertirse en adultos y ahora estar haciendo su vida, con carreras muy exitosas, otros que están en el extranjero y cuando nos vemos me dicen: “Crecer me ayudó mucho”. Hace poco tuve un maestro de educación musical que estudió la licenciatura de música y me pidió dar clases aquí porque dice que fue muy feliz en el colegio. También con los maestros. Una organización internacional acaba de invitar a una de nuestras maestras a dar una conferencia sobre el trabajo que realizamos. Todo esto me satisface.
—¿Cuál es su formación?
—Cuando yo estudié, se podía hacer la preparatoria y la especialidad como maestra de preescolar al mismo tiempo; así lo hice. Posteriormente, cursé la licenciatura en Educación Especial en la Ciudad de México. Cuando nos cambiamos a Tlaxcala realicé mi maestría en Terapia Familiar en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. He complementado todo esto con cursos, diplomados y todo lo que aporte a la educación.

—Desde su punto de vista, qué considera que ha pasado con la educación en México.
—Quiero comenzar diciendo que la educación pública es un área muy importante. Toda mi formación fue en escuelas públicas, por lo mismo, pienso que una de las grandes fallas se encuentra en la ruptura de continuidad, porque se pierde el camino a una meta segura. Actualmente, podemos ir tres o cuatro años con un programa de estudios y después nos lo cambian. La continuidad de los programas, los mismos libros y la capacitación para maestros es donde ha fallado un poco, desde mi perspectiva.
—Ahora que estamos tan cerca de su 25 aniversario, qué sigue para Crecer.
—Empezar a soltar a las personas que hemos venido preparando e invitarlas a que nunca dejen de superarse. La educación no tiene fin, siempre hay que estar renovando y adaptándonos a las nuevas generaciones.
Marisol Fernández Muñoz
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