Laura Lizbeth Silva Delgado – Encuentra tu vocación para hacer las cosas con amor.

Laura Silva Delgado – Médico general por la Universidad Autónoma de Guerrero.

Nombre: Laura Lizbeth Silva Delgado

Profesión: Médico general por la Universidad Autónoma de Guerrero. Diplomado por el Centro Nacional de Trasplantes y la UNAM como coordinador de donación de órganos y tejidos.

Cargo: Coordinadora Hos­pitalaria de Donación de Órganos y Tejidos con Fines de Trasplante en el Hospital Regional de Tzompantépec

Edad: 39 años

Hijos: Tres hijas

Para ella lo más enriquecedor como médico y ser humano es ser coordinadora de Donación de Órganos. Una gran huella en su historia como profesional de la salud es haber sido de los primeros médicos enviados a un hospital COVID durante la contingencia sanitaria.

—¿Cómo se siente en el cargo que ocupa al día de hoy?

—Es algo que amo mucho. Dentro de la carrera de medicina, cada lugar o área en que he estado me han aportado, pero esto es de lo más enriquecedor como ser humano.

—¿Qué extraña de su niñez?

—Jugaba mucho con mi papá y mis hermanas cuando éramos niñas. Extraño mucho jugar con mi papá.

—¿Ha sido difícil ser mujer?

—Duele decirlo, pero la carrera de medicina es misógina. Nos cuesta más a las mujeres alcanzar algunas metas. El hecho de que como mujer sufras acoso durante la carrera es bastante complicado.

Ha sido difícil ser mujer, pero es lo más hermoso. Dice mi hija: “Somos el mejor género de los dos”.

—¿Cómo la ha acompañado la violencia en su vida?

—Me tocó en la universidad la misoginia, que a las mujeres nos hicieran menos. En la carrera de medicina es bastante acentuada la violencia, incluso física.

—¿Como mujer cuál ha sido el mayor reto en su vida?

—Mi mayor reto fue en la pandemia. Fui movida a un hospital COVID; con un miedo intenso me separé de mis hijas seis meses. Estuve tentada a renunciar, porque fui de los primeros médicos enviados. Me sentía como cuando un niño no quiere ir al preescolar y lo llevan a fuerza. Cada vez que me tocaba estar, lloraba fuerte; era difícil afrontar ese miedo. Fue duro, pero es de mis mayores experiencias, porque enfrenté mi miedo, me demostré a mí y a los demás que pude vencerlo.

—¿Quiénes son sus aliadas o aliados en este proceso de ser mujer, mamá y ocupar un cargo público?

—Mi familia, mis papás, mis hermanas, pero sobre todo mis hijas, porque me impulsan a seguir.

—Desde el cargo que ocupa, ¿qué hacer para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?

—En el hospital siempre tenemos estudiantes de me­dicina y enfermería; el hecho de enseñar a las nuevas generaciones que las mujeres podemos hacer las cosas y que las podemos hacer bien, es importante.

—¿Se arrepiente de alguna decisión?

—No me arrepiento de ninguna. De los tropiezos aprendí y salí más fuerte.

—¿Cuál considera que es la mayor virtud de nosotras las mujeres?

—Poner amor a lo que hacemos y enfocarnos en la familia.

—¿Considera que las mujeres tenemos algún defecto?

—Poner el corazón en lo que hacemos, poner los sentimientos para tomar una decisión. Pero no es debilidad, es fortaleza.

—¿Tiene alguna palabra favorita?

—Empatía.

—¿Nos podría hablar un poco del cargo que ocupa?

—La Coordinación de Donación de Órganos con Fines de Trasplantes trata sobre coordinar. Primero encontrar pacientes neurocríticos, es decir, con daño cerebral severo, que caen en muerte encefálica, que quiere decir que el paciente ha fallecido, pero por estar conectado a un ventilador, su corazón late horas o incluso días. La Coordinación de Donación habla con las familias de estos potenciales donantes, para ver si aceptan donar los órganos de su familiar. Que este paciente que se considera cadáver latiente todavía se expanda su tórax, y que el familiar lo toque y lo sienta calientito y que parece que está vivo, es difícil que un médico diga: “Su familiar ha fallecido”.

Cuando viene la Coordinación de Donación y hace la pregunta más difícil, en el momento menos indicado, que es cuando la familia tiene el duelo o todavía no acepta la pérdida del ser querido, se me hace cruel. Me han dicho: “¿Por qué en este momento?”.

Se hace así porque es el momento indicado; son horas, a veces días, que puede estar el paciente todavía con latidos, pero se deteriora muy rápido. Hace tiempo ya estuve en este cargo y hemos hecho varias campañas para sensibilizar a la población sobre do­nación de órganos. En enero tuvimos tres donaciones cadavéricas, cuando antes no las teníamos ni en un año.

La mayoría de casos son acciden­tes: chicos en moto, herida por arma de fuego en la cabeza. Llamamos al ministerio público y viene. Son horas de bastante estrés y de adrenalina.

Es entonces cuando viene la parte benéfica, quienes esperan tu llamada y les dices: “¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes?, ¿Tienes o has tenido fiebre?”. Tienes que preguntar, porque para que ellos acepten el órgano, el médico tiene que ponerles inmunosupresión, es decir, medicamentos que bajan las defensas; para que acepten el órgano, tienen que estar lo más sanos posi­bles. Es un trabajo bastante pesado, porque cuando hay una donación se moviliza todo el hospital.

Se dona sólo lo que la familia decida; por ejemplo, nos han dicho: “Únicamente quiero donar corazón” o “Todo lo que sirva”; otras familias dicen no: “Quiero que se vaya com­pleto al Cielo”. Dar esperanza a otras personas es el mayor acto de amor que pueda hacer alguien en medio de un duelo al pensar en otro ser humano. Les digo: “No pienses en la donación como dar algo a un desconocido, sino para que tu ser querido pueda seguir viviendo a través de él”

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