Alejandra Flores Campos

Alejandra Flores Campos, Fundadora de Mi pequeño Cielo y Mel Heritage

Alejandra Flores Campos es Psicóloga de profesión y micro empresaria que gusta de las manualidades y la repostería. La pér­dida de su único hijo marcó un antes y un después en su vida. Lejos de sumirse en la tristeza, decidió transformar su dolor en propósitos. Así nacieron sus proyectos: Mel Heritage inspirado en la herencia y el amor a su abuela Hermelinda, y Mi Pequeño Cielo, un espacio creado en honor a su hijo Orlando Said.

“Hizo de la adversidad una razón para emprender”

—¿Qué momento marcó un antes y un después en tu vida profesional o personal?

—Mira, son dos momentos claves. Mi carrera es muy hermo­sa, me gustó desde el primer día de clases, me enamoré lite­ralmente de ella por lo que en 23 años ejercí como terapeuta, lo cual me dejó una muy grande satisfacción, ya que no es fácil atender temas sobre salud mental. Posteriormente, ya casada, mi esposo y yo tuvimos una pérdida muy significativa que fue nuestro hijo, quien murió a la vida terrenal y hoy día lo tenemos en el cielo. Con esa vivencia perdí las ganas de vivir, y por tal motivo hice a un lado las terapias. Fue en­tonces que busqué ayuda de colegas mías y en ese proceso opte por resaltar habilidades que tengo como persona. Entre ellas, me surgió la idea de emprender cosas diferentes. Se dice fácil, pero no quería quedarme estancada llorando mi desventura y caer en depresión.

Fundadora de Mi Pequeño Cielo y Mel Heritage

¿Cómo inician tu emprendimiento de elaboración de galletas?

—Nace a muy temprana edad, ya que mi Abue “Mi hermosa mujer” -como la llamaba-, fue quien me inspiró y motivó al compartirme la receta de familia y así poder incursionar como microempresaria porque esa enseñanza fue parte de su herencia, por eso mis Galletas se llaman “Mel Heritage”, la Herencia de Hermelinda, más que marca es honrar su me­moria. Recuerdo que, era universitaria y hubo momentos en que necesitaba recursos adicionales y fue entonces cuando empecé con la elaboración de galletas y venderlas; tuvieron muy buena aceptación en la Universidad, con los compañe­ros, los profesores, los directivos y fue un boom.

—¿Cómo es que empiezas a enfocarte en el giro de las manualidades?

—Con la pérdida de Orlando Said, mi hijo, entré en crisis y me dije: “tengo que buscar ayuda, porque no me puedo hundir en una depresión”. Ya en terapia, fue donde inicié con la idea de trabajar el tema de las manualidades. En primera, me ayudaba a relajarme, me desconectaba y fue cuando descubrí que podía canalizar y plasmar, mi propia creatividad.

—Actualmente ¿qué podemos encontrar en Mel Heritage y en Mi Pequeño Cielo?

—Pueden encontrar sobre todo amor y sabor. Mi abuela siempre me decía: “el toque mágico de la comida, es hacerlo con amor”. Lo que elabo­ran mis manos en el caso de las manualidades también es hecho con mucho amor, en las que se refleja mí creatividad. Te cuento un secreto, mi máxima inspiración es mi hijo que está en el cielo. Por eso, en Mi Pequeño Cielo, ofrezco además de mis galletas, mi gusto, desde regalos, muñecos de peluche, joyería fina, velas aromá­ticas y un sinfín de detalles ela­borados por mis manos. Cada artículo, cada elemento que hay en este pedacito de cielo es parte de mi esencia que permite decorar algún espacio, o poder dar un obsequio con buen gusto y exclusividad. Lo reitero, es un negocio inspirado en mi hijo, él desde el cielo y nosotros sus padres motivados trabajando por él, porque lo sentimos, ya que su recuerdo vive en el día a día, en la memoria de nuestros corazones.

—¿Cómo contribuyes al de­sarrollo de tu comunidad o de tu entorno?

—Me considero una mujer inquieta, productiva, innovadora, que también ha generado empleos y aunque eventuales, hemos contribuido con la mejora. Actualmente abrí un espacio para niños y niñas en donde pueden realizan acti­vidades motrices por medio de manualidades diversas. El compartir con mis niños la alegría de pintar, crear y desarrollar habilidades, me llena mucho de satisfacción porque los veo sonreír, alegres, cuando culminan su tarea en­comendada. No solo es la mezcla de colores, porque en esos ejercicios los complemento con técnicas terapéuticas que mi profesión me per­mite aplicar.

—¿Cómo percibes la situación actual de la violencia contra las mujeres en nuestra so­ciedad?

—Es una situación grave. He sido víctima de la violencia de género. Te puedo contar una gran cantidad de experiencias, por ejemplo, en el volante he sido agredida en su mayoría de forma verbal tanto de hombres como de muje­res. Como universitaria viví una mala experien­cia provocada por las mismas mujeres ya que para titularme, la misma tutora de la carrera me hizo la vida de cuadritos. No le gustó que una alumna se resistiera y se negara a cargarle el portafolio, ni le barbeara; tampoco, les gustó que fuera una alumna que superara las expec­tativas de los demás alumnos, ya que mi tesis estuvo sustentada en una investigación en la República de la Habana Cuba. Finalmente, entre agresiones y vejaciones, logre titularme con mucho orgullo.

Puedo compartir que en el ámbito laboral, también fui victima de violencia y acoso se­xual, ¿por qué crees que no tengo un trabajo formal?, por eso decidí ser emprendedora.

—¿Que prácticas personales te ayudan a mantener equilibrio emocional y físico?

—Siempre he tenido mucha energía. Mis pa­dres lidiaron mucho con ese tema desde mi infancia y desde temprana edad me mantu­vieron en actividades alternativas como; gim­nasia, deporte, danza, pintura, música y estuve hasta en los scouts desde los 6 años. Actual­mente para canalizar toda esa energía ¿qué es lo que hago?, me someto al ejercicio de manera gradual, aunque le doy más prioridad a mi crea­tividad, y no solo es pintar, me gusta bordar, soy buena para el canto y el baile, juego con mis mascotas -tres perritas-, siempre trato de buscar alguna actividad, pero, algo que disfruto mucho; es cocinar, dormir y comprar.

—¿Qué te han enseñado las manualidades y la psicología?

—Las manualidades: Me ayu­dan a tener paz en mi interior y a desarrollar mi creatividad. Innovar con mi decoración en los cambios de temporada en Mi Pequeño Cielo, lo disfruto al máximo porque me conec­to conmigo misma y eso es el plus, el toque mágico que nos hace diferentes.

La psicología me ha ayudado a desarrollar la intuición, soy muy pensante, observadora, sensible, lo cual me ha permitido poder ayu­dar a quienes fueron mis pacientes y en su momento, también a quienes me piden una orientación.

—Si tuvieras enfrente a tu niño de 10 años ¿qué le dirías?

—Que lo amo con todo mi ser, que lo pienso, que lo imagino, que lo añoro muchísimo, que vive día y noche en nuestros corazones, que me hubiera encantado verlo crecer y hacer de él una persona de bien. Se que soy una mamá diferente y aunque no lo puedo disfrutar físi­camente lo honramos en el día a día.

—¿Cuál es tu próxima meta?

—Como mujer, entender que hoy que esta­mos empoderadas tenemos la oportunidad de oro de demostrar que cada una desde nuestra trinchera podemos ser promotoras de cambio. Como esposa, ser; amiga, compañera de vida y la mejor aliada. Como hija, el orgullo de mis padres. Como hermana, cómplice. Como pro­fesionista, muy competitiva. Como amiga, la más solidaria. Como ser humano, bondadosa, amar y respetar a la naturaleza. Como mamá perruna, amar y proteger a mis tres amores, Mafis, Yumi y Brissa. Como empresaria, una de las mejores para repuntar mis dos proyec­tos; “Mi Pequeño Cielo” y “Mel Heritage” “La Herencia de Mel.

“Amor, resiliencia y creatividad convertidos en legado”

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel

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