Francisco Ramón Juárez Amezcua preside la Junta de Honor y Justicia del Colegio de Arquitectos del Estado de Tlaxcala. Egresado del Instituto Politécnico Nacional en 1971, inició su camino profesional participando en la remodelación de inmuebles que albergan a dependencias como la Secretaría de Gobernación y la Procuraduría General de la República, ahora Fiscalía. Apasionado por el urbanismo, obtuvo una beca para continuar sus estudios en Italia, apoyo que se convertiría en un estímulo para iniciar una trayectoria en la docencia. Su llegada al servicio público en Tlaxcala se dio gracias al entonces gobernador Tulio Hernández, marcando el inicio de una destacada trayectoria en el ámbito estatal.
—¿Qué lo motivó a elegir la arquitectura para su desarrollo profesional?
—Es algo que traía conmigo, porque me gusta dibujar, pero no tengo tanta habilidad; sin embargo, ver los edificios siempre llamó mi atención por su sentido, textura, color, sonidos y alma, que provocan un sentimiento. Estudiar arquitectura fue satisfactorio y advertí, con el paso del tiempo, que me fascina y apasiona la arquitectura, porque hasta la fecha sigo ejerciéndola.

Le digo a mis alumnos que yo no estudié para tener que trabajar de grande, sino para hacer lo que me gusta, y si además tengo una remuneración, mucho mejor. Egresé en 1971 del Politécnico, soy de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura. Mi título es de ingeniero-arquitecto y dicen que somos como los trolebuses, que ni ingenieros ni arquitectos, que ni tranvías ni autobuses, pero la carrera es de arquitectura. Me siento orgulloso de ser politécnico.
—¿Cómo fue su experiencia profesional en la Ciudad de México?
—Empecé a trabajar en México, con la fortuna de hacer bastante labor de remodelación en instituciones importantes, como la Secretaría del Trabajo, la Secretaría de Gobernación y la Procuraduría General de la República. La primera vez que se cambió la Cámara Nacional de Diputados original, la deshice propiamente, porque se cambió la isóptica, todos los sistemas de sonido y de traducción simultánea; ahora es la Cámara de la Ciudad de México.
Algunas empresas muy grandes como Hazard-Asociados, Young & Rubicam y Unión Carbide, que tenían oficinas en Polanco, me tocó remodelarlas, y finalmente todas las oficinas de Comermex.
—¿En cuáles otros estados de la República tuvo oportunidad de trabajar?
—En Guanajuato me tocó remodelar la Alhóndiga de Granaditas y el Teatro Juárez, para una reunión interparlamentaria que me encargaron de la Cámara de Diputados. Cuando se descentralizó Hacienda me tocó acondicionar un edificio para la oficina en Durango, otro en Morelos, en Cuernavaca, y una parte de Golfo Centro en Puebla.
—¿Qué lo motivó a estudiar urbanismo?
—Me gusta mucho lo que es la parte urbana, lo que es la parte de la ciudad, por eso siempre hablo de arquitectura y ciudad. Me fui a estudiar a Milán, en el Instituto Politécnico de Milán; en el Instituto de Ingeniería Urbanística estudié urbanismo. Estuve dos años allá.
Cuando regresé de Italia, como mi beca para estudiar fue una beca-crédito que me había dado el Consejo para el Fomento Educativo del Politécnico, la podía pagar dando clases, por lo que empecé a impartir clases en la maestría en Planificación Urbana. Además, a mi regreso entré a trabajar en la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas, que se creó en 1976. Curiosamente me tocó hacerlo en la Dirección General de Prevención y Atención de Emergencias Urbanas, donde tenía que ir a ayudar a la gente que estaba asentada en los lechos de los ríos, en las cuevas, para reubicarlos en otros espacios que no fueran de riesgo; llevarlos a los albergues, a las escuelas en zonas altas y protegidas.

Mi especialidad es el urbanismo y la vivienda. He construido más de 5,000 viviendas en estados como Veracruz, Puebla e Hidalgo. Gané el primer Concurso Nacional de Vivienda de Infonavit, y gracias a eso un maestro que era el director del posgrado en urbanismo en la UNAM me invita, porque lo contratan como asesor del gobernador en Puebla. Allí colaboré en el Plan Director de la ciudad, dos o tres años. En 1980 me integré a Atlas y así llegué a esta región.
—¿Había tenido algún vínculo previo con el Colegio de Arquitectos en otros estados, o su interés por el organismo surgió al establecerse aquí?
—En Puebla busqué su Colegio, y participé en él. Eso me dio el conocimiento de muchas personas, que me invitaron a concursar por un proyecto de 1,200 viviendas en Izúcar de Matamoros. Por parte de INDECO conocí a su director, quien me invitó a participar. Gano y hago el proyecto, además del Plan Director de Puebla.
—¿Cómo fue su primer vínculo con el servicio público en Tlaxcala?
—Surgió gracias al gobernador Tulio Hernández, a quien conocí años antes, cuando él era delegado de Azcapotzalco y yo estaba en la sociedad de arquitectos del Politécnico; le llevamos servicio social para regularizar predios. Más tarde me contratan en Atlas y al llegar a Tlaxcala, él tenía un año como gobernador. Le presentan mi currículum, porque él necesitaba a alguien que trabajara el tema de vivienda, y así es como empiezo a trabajar en el gobierno.
Me tocó formular la ley para crear el Instituto de Vivienda del Estado; hasta hacer Loma Bonita, Tepetlapa y La Joya, en Tlaxcala; en Apizaco, Loma Verde y concluir San Rafael Atlixtac; en Huamantla creé un parque muy grande de materiales.
—¿Cuál es el objetivo de la Junta de Honor y Justicia del Colegio de Arquitectos del Estado de Tlaxcala?
—Todos los expresidentes formamos parte de la Junta de Honor y Justicia. Nos encargamos de que el Colegio haga las funciones y las labores que tenemos planteadas en los estatutos. El hecho de convocar a las juntas, las convocatorias para renovar el Comité Ejecutivo del Colegio. Propiamente somos los encargados de vigilar el caminar del Colegio.
—¿Qué le diría a quienes están considerando acercarse al Colegio?
—Somos un Colegio registrado, autorizado por la Dirección General de Profesiones. Podemos facturar, estamos registrados en Hacienda. No me veía participando en estos tiempos y me hicieron la invitación, y de inmediato dije “Sí”. ¡Soy gremialista a la menor provocación!
Si participamos en el Colegio, podemos lograr muchas cosas. Hay espacio para todos a través de los cursos, del conocimiento y las participaciones. Seguimos teniendo la relación con la Federación, y podemos ir a cualquier asamblea, a cualquier congreso. El participar en el Colegio nos da fuerza como gremio, como arquitectos. Pero si están esperando que les den, no van a recibir, porque el Colegio no es de dar, es de participar y ser parte del Colegio.
Marisol Fernández Muñoz
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Lucero Ivonne Peña Jiménez
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Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel
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