Presidenta del Capítulo Tlaxcala de la colectiva nacional 50+1.
Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx).
Maestra en Derecho Procesal y Constitucional. Doctorado en Derecho.
Su filosofía de vida se centra en el aprendizaje continuo y el fortalecimiento emocional y espiritual. En su infancia, la muerte de su padre marcó un parteaguas para ella y para su madre. Su meta a corto plazo es consolidar las acciones en favor de las mujeres desde el Capítulo Tlaxcala de la colectiva 50+1. Enfatiza la importancia de que las mujeres reconozcan sus derechos y su valía.

—¿Qué la ha llevado a estar al frente de este organismo?
—Después de una serie de actividades importantes en el sector público, cuando miro lo que se puede hacer sin pertenecer a ahí, encuentro primero en la Asociación Mexicana de Juzgadoras y en la colectiva 50+1, un espacio para fortalecer el trabajo en pro de los derechos de las mujeres. Para mí, el trabajo en colectivo, además del activismo en sí, significa un espacio de desarrollo, de empoderamiento, de trabajo conjunto, de fortalecimiento, de crecimiento. Es un salvavidas.
—¿Nos puede dar una semblanza de la colectiva nacional 50+1?
—La colectiva nacional es un grupo de mujeres que se organizaron para empoderar mujeres, para trabajar en pro de los derechos de las mujeres en todo el país. Se crea por un grupo de mujeres activas, casi todas dentro del ámbito político y social.
Una característica de la colectiva a nivel nacional es que somos empresarias, activistas, profesionales, políticas, mujeres de todos los ámbitos del sector público y privado, social, empresarial. Cuenta con representaciones en casi toda la república, incluida Tlaxcala, donde tengo el honor de ser la presidenta a partir de julio del año pasado; fui votada por las integrantes. Estoy muy contenta de tener esta representación.
—¿Se imaginó de niña ser la mujer que es hoy?
—Siempre soñé con ser una mujer que pudiera trascender y generar beneficio en lo que hiciera. Me gustan mucho las personas y me llena de alegría su ser. Siempre supe que iba a ser abogada, que me iba a dedicar al servicio público, al quehacer social.
—¿Cuál momento de su vida es el que más la ha marcado?
—Me marcó en mi ser, en mi pensar y en mi actuar ser una mujer con discapacidad. Eso me significó una forma de vida distinta. No es un tema fácil de llevar, pero desde niña aprendí que tendría que ver lo que no es bonito, darle la vuelta y fortalecerlo.
Otra impronta es haber perdido a mi padre cuando yo tenía 10 años y mi mamá enviudó a los 33 años. Tuve otro hermano. La muerte de mi papá marcó un antes y un después, porque éramos una familia muy funcional, muy bonita y pasamos a ser una familia distinta. Además, vi lo que significa una mujer sacando adelante a sus hijos, en una dinámica de hombres, pues era la única mujer empresaria en su giro en ese tiempo. Más adelante, ir aprendiendo lo que representa el reto de actuar en el sector público y tomar decisiones a grandes niveles.

—¿Es difícil ser mujer?
—No quisiera asentar la palabra difícil, es un reto, en este momento y en este siglo.
—¿Cómo ha vivido la violencia en su vida, si es que se ha presentado?
—Desafortunadamente, como muchas mujeres he vivido violencia, pero antes no me daba cuenta que enfrenté violencia, porque la normalizamos. La violencia más severa que viví, ha sido violencia política por razón de género, a través de su formato de violencia mediática. Me anima mucho en el quehacer pro-mujeres, buscar que las próximas generaciones, que las mujeres que vengan después de nosotras vivan una vida distinta.
—¿En los días difíciles qué hace por usted?
—Un trabajo muy importante que realizo desde hace muchos años es fortalecer mi corazón y mi espíritu. Tomo cursos. Estudié semiología, leo libros de meditación, de crecimiento personal y de reflexión; también medito.
—Las mujeres estamos en otras circunstancias. ¿Qué le toca hacer a esta generación?
—Primero, es muy importante que las mujeres conozcamos nuestros derechos, que reconozcamos nuestra valía, y recuperemos nuestro poder. No puedes recuperar algo que no sabes que tienes, no puedes querer algo diferente a lo que conoces; por ello, necesitamos educarnos y fortalecernos. Un reto que tenemos las mujeres que estamos sabedoras de esta condición es educar, informar a otras mujeres, porque hay muchas mujeres que todavía normalizan su condición de subordinación o de no ejercicio pleno de sus derechos.
—Desde la colectiva 50+1, ¿Qué hace para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?
—Creo en el Capítulo Tlaxcala, y pienso que nuestro trabajo es generar en conjunto acciones en favor de las mujeres, e información para las mujeres. Las mujeres también nos volvemos ejemplo para otras, y en esta cultura patriarcal, las mujeres que estamos trabajando en pro de los derechos de las mujeres debemos apoyarnos.
—¿El peor fracaso o el peor momento de su vida qué le enseñó?
—Hace poco dije que el éxito no es solo el éxito en sí, sino que es levantarse de cada fracaso. Me he levantado de muchos fracasos, y cada uno siempre me permite subir otro escalón. El fracaso fortalece y enseña, siempre y cuando transformes la dinámica de fracaso por un aprendizaje.
—¿Cuál considera que es la mayor virtud de nosotras las mujeres?
—La perseverancia y el amor consciente.
—¿Algún defecto?
—Que no reconocemos nuestra valía; ese es un gran defecto.

—Le pido que complete las siguientes frases:
Las mujeres no deberían: Llorar, depender, dudar.
Los hombres no deberían: Desconocer que las mujeres somos iguales a ellos.
—¿Cuál es su próxima meta?
—Mi meta en el Capítulo Tlaxcala 50+1 es la de consolidar el quehacer que realizamos en pro de las mujeres.
“Creo que mi razón de ser, de estar aquí, tiene que ver con el servir e inspirar”
Marisol Fernández Muñoz
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Lucero Ivonne Peña Jiménez
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Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel
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