Ana Lilia Rivera Rivera, Presidenta Directiva del Senado de la Repú­blica

Ana Lilia Rivera Rivera, Presidenta Directiva del Senado de la Repú­blica

¿Cómo se siente en esta etapa de su vida?

–Me siento plena, satisfecha de lo que he hecho y con mucho entusiasmo para seguir contribuyendo al desarrollo de México, así como a la transformación de la vida pública. Para realizar esto me siento con toda la capacidad, más prepa­rada que nunca, con el suficiente conocimiento y experiencia para ponerlo al servicio de mi país, de mi estado y de mi pueblo.

–¿La niña que usted fue se imaginó verla convertida en la mujer que hoy es?

–No me imaginé como senadora, pero sí me imaginé luchando contra lo que le ha dolido. Siempre que de niña presenciaba las desigualdades y el dolor de los que menos tienen, pensaba en que un día las cosas tenían que cambiar. Deseaba que la injusticia no durara para siempre. Entendí que la única manera de romper la injusticia era enfrentándola y la manera de enfrentarla era pre­parándome. Al tenerlo tan claro, luché en favor de los pueblos indígenas siendo una adolescente para que se les reconocieran sus derechos. Esa niña sabía que no era como todas.

–¿Ha sido difícil ser mujer?

–Es muy difícil ser mujer en una cultura patriarcal y machista; es difícil ser mujer en una comunidad rural; es difícil ser mujer pobre; es difícil ser mujer en un entorno de violencia; es difícil ser una mujer que ha tenido que abrir espacios sola. A mí me tocó abrir espacios para mis hermanas y para muchas mujeres. Por algo soy la primera senadora de la República que representa al estado de Tlaxcala y que preside la Mesa Directiva. ¿Se imaginan todo lo que tuve que enfrentar para lograr este espacio? Pero me mantengo resiliente, me levanto más fuerte ante cada adversidad.

–¿Cómo se ha presentado la violencia a lo largo de su vida?

–La violencia cultural es tan imperceptible que hasta que eres adulta te das cuenta que la has sufrido toda tu vida. Podría decir que yo sufrí violencia desde que nací; en sus relatos, mi abuela me decía que la expresión de mi madre cuando yo nací fue: “Pobre. Hubiera sido niño, las mujeres sólo vienen a sufrir”. Pero como decía Simone de Beauvoir, las mujeres debemos acabar con ese mito de que biología es destino.

–Como mujer, ¿Cuál ha sido el mayor reto en su vida?

–El mayor reto para mí ha sido romper con la educación y con la cultura de sometimiento. He aprendido que la sumisión no genera respeto, sino abuso. He aprendido a ser asertiva al decir: “No quiero” o “Sí quiero”, lo que me ha costado como mujer enfrentarme a la cultura del sometimiento y del sacrificio.

–¿Qué la sostiene en los días de turbulencia?

–El ejemplo de mi madre. Ella fue una mujer más sometida que yo. Sufrió mucho desde niña al ser huérfana; después fue violentada por sus propios hermanos, por su entorno. A los dieciséis años quedó viuda en una sociedad que de por sí a las mujeres con hijos las veía como mujeres de segunda categoría.

Volver a empezar su vida y enseñarnos a nosotras, sus hijas, que la única manera de enfrentar a una sociedad tan hostil era educándonos para ser mujeres inteligentes y dueñas de nuestro destino.

–¿Cree que las condiciones para las mujeres han cambiado?

–Han cambiado mucho, pero no hemos hecho todo lo necesario para que sea un cambio profundo y sustancial. Hemos avanzado en el reconocimiento a nuestros derechos de igualdad en todos los sentidos; hemos avanzado al lograr la paridad en el ejercicio del poder; hemos avanzado en el combate a las violencias contra las mujeres; hemos construido leyes que nos dan mayor igualdad en el trabajo, en el acceso a la educación, en la salud, pero todavía esos derechos no se ejercen plenamente, porque falta armonizarlos en todo el país.

–Desde su entorno, ¿Qué hace para que las mujeres puedan tener mayor igualdad?

–Asegurarles a todas las mujeres que no va a haber impunidad en la comisión de cualquier delito come­tido contra una niña, mujer o adulta mayor. Eso implica una profunda reforma al Poder Judicial. Que nada que haga sufrir a una mujer nos sea indiferente; eso lo debemos convertir en cultura.

–¿Se arrepiente de alguna decisión?

–No me arrepiento de ninguna, porque todas las decisiones que he tomado en mi vida han sido en con­gruencia con lo que pienso, siento y con lo que hago. Esto me hace feliz y asumo con responsabilidad todas las consecuencias de lo que he decido.

–¿Cuál considera que es la mayor virtud de nosotras las mujeres?

–La resiliencia. Nosotras pode­mos llegar a sufrir mucho y siempre tenemos una palabra de amor para los que queremos. A pesar de caernos, sabemos ponernos de pie y eso es la resiliencia, nuestro valor más grande.

–¿Y algún defecto?

–Ver en otra mujer a una adversaria y no a una compañera.

–¿Cuál es su próxima meta?

–Poner al servicio de la sociedad todo lo que he aprendido, este cúmulo de experiencias que hoy nutren mi conciencia para ayudar a la gente que está cerca de mí y sepan que soy una persona buena.

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