Iván Pérez García: Musico sinfónico fagotista

Su camino en la música comenzó a los siete años, cuando se integró a algunos coros infantiles. Más ade­lante, formó parte de la primera genera­ción de la Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca de Tlaxcala, lo que marcó el inicio de su formación orquestal. Hoy, a sus 31 años, es fagotista y politólogo. Ha sabido combinar ambas disciplinas a través de la gestión cultural. Ya no solo es alumno, sino que también ha im­partido clases en la Escuela de Música del Estado de Tlaxcala y en Fundación Azteca, compartiendo su experiencia con nuevas generaciones.

—¿Cómo empieza tu acercamiento con la música?

—Mi acercamiento viene cuando tenía siete años. Desde esa edad estuve en coros polifónicos de niños, de iglesia. En el 2012 viene una oportunidad de Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca, de Fundación Azteca, en el estado de Tlaxcala; yo soy de la primera genera­ción. Hubo un casting, en el que más de 500 jóvenes y niños hicimos audición, pero solo fuimos seleccionados 200; así fue como la música llega a mi vida, acompañándome a través de los años y de ahí no la he podido soltar y no me ha soltado.

—¿Desde tu llegada a la música elegiste el fagot o pasaste por otros instrumentos?

—Es chistoso que este instrumento también como la música llegó a mí. El director de esta orquesta, el maestro Gabriel Díaz Graterol, es quien me lo presenta y me dice: “Yo te veo tocando un fagot en otros lugares”, y con esa esperanza de este maestro venezolano, que venía de las escuelas Simón Bolívar, pues me emociona, sin esperar lo que pasaría después.

“Hubo un casting, en el que más de 500 jóvenes y niños hicimos audición. Solo fuimos seleccionados 200; así fue como la música llegó a mi vida”

—¿Qué te llamó la atención de este instrumento?

—Su estructura, su sonido. Su sonido es la parte más grave de la familia de las maderas y tiene ese sonido vibrante, que tiene que tocarse con la boca, como si se cantara, y así repito esa parte de que vengo de coros desde los siete años. Tener un instrumento que combiné el canto fue lo que más me llamó la aten­ción; fue una aventura, porque así me animé a descubrir cómo funcionaba.

—¿Qué te apasiona de la música?

—La música te descubre que es para to­dos, te conecta con ese ser interior que tienes, que te permite tanto disfrutarlo internamente como externarlo; es otro lenguaje y otra manera de comunicarte. La música es una pasión que no es para los demás, es interna y cuando la des­cubres, cuando la entiendes y te dejas impresionar por ella, te enamoras.

—¿Cómo fagotista sí o sí tienes que estar con un grupo o puedes tocar de manera individual?

—La música se presta para poder tocarse de manera individual, pero es forzosamente a nivel sinfónico, en gru­po, y eso es otra parte que es esencial en mi instrumento, porque me hace ser parte de la base armónica y el resultado es en equipo. Aprendes a trabajar sí o sí sinfónicamente en equipo. Al ser con­tados quienes tocamos este instrumen­to, te abre muchas puertas, te buscan agrupaciones de todo tipo y esa es una flexibilidad muy padre que te permite tocar en muchos lugares.

—Eres politólogo, pero también te gusta la música. ¿Qué has aprendido de ser músico?

—La vida me ha llevado a través de los años a poder combinar mi carrera pro­fesional con la música, de tal manera que me he vuelto gestor cultural. He fundado distintos proyectos musicales y culturales en el estado; he estado en distintas filarmónicas y orquestas dentro del estado; he podido gestionar eventos importantes, trabajar con músi­cos y artistas, trabajar en otros estados, conocer otros países, otras culturas y compartir la nuestra.

—¿Vives de ser politólogo?

—Sinceramente, la música me ha dado más que la carrera. He tenido la gran satisfacción de pasar de alumno a ser maestro; eso te cambia completamente el chip, de haber aprendido y haber ge­nerado conocimientos, a ahora tú ser el que los transmitas. He podido dar clases en telesecundarias, en prepas, tanto públicas como particulares, en la Casa de Música del Estado de Tlaxcala; en la misma casa que me formó, que fue Fundación Azteca. Ahí uno rompe el tabú, de que de la música uno se muere de hambre.

—¿Cuáles son los retos que enfren­tas tanto como músico como por tu juventud?

—El reto como músico en el estado y a nivel nacional, siempre va a ser el tema del apoyo, es un tema en el cual debe­mos de creer más, de aventurarnos más, de luchar contra corriente. Un músico tiene grandes carencias, tiene que sufrir para después ser gratificado.

Como músico el reto es nunca clau­dicar, es seguir luchando día con día y equivocarte porque como músico, es de prueba y error, y poder crecer. Como joven, corres contra corriente por los tabúes existentes. Pero la juventud es un estado espiritual, es un estado que te permite innovar, ser introvertido o extrovertido, reinventarte, crear, hacer, experimentar, aprender y uno debe disfrutar esa etapa que no se repite. Las gratificaciones vienen después.

—¿Qué mensaje le darías a los jóvenes?

—Les diría que se animen, que no tengan miedo, que salgan, que crean y creen cosas; que se avienten, que expe­rimenten, que luchen por un ideal y si no se logra, que vuelvan a reinventar todo y vuelvan a intentarlo. Entre más jóvenes haya que tengan esa valen­tía de crecer, el mundo va a cambiar. Puede cambiar un entorno de manera increíble y lo digo porque lo he visto, lo he vivido y eso es lo que me mantiene motivado.

—¿Cómo te ves en cinco años?

—Me veo consolidando más esta inquie­tud de poder como gestor y como mú­sico, impulsar la música a nivel estatal. He podido impulsar distintos proyectos musicales dentro y fuera del estado; es­toy seguro que ya me sé el camino, y en cinco años esperemos que las cosas se vayan dando para que los proyectos se consoliden y podamos ser un referente en el estado.

Marisol Fernández Muñoz
Lucero Ivonne Peña Jiménez
Fotografía: Lidia Patricia Corona Montiel

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