Manuel Cambrón Soria: aires de renovación generacional en la escena política de Tlaxcala

Originario de la Ciudad de México, pero con raíces tlaxcaltecas por línea materna, Manuel Cambrón Soria forma parte de una generación de políticos que busca renovar el ejercicio de esta actividad, a la que él mismo considera como un oficio.

En uno de los azares que da forma a la vida de las personas, Cambrón Soria se matriculó en la licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, porque era la única que impartía una materia relacionada con la comunicación. Y es que, desde pequeño, se veía a sí mismo como locutor profesional, narrando partidos de futbol en el Mundial o participando en unos Juegos Olímpicos con un micrófono como herramienta de trabajo.

“Me sabía las alineaciones de todos los equipos, de todas las ligas. Siempre soñé con estar en unos Juegos Olímpicos”, confiesa en esta conversación con Momento el ahora diputado local por el Partido de la Revolución Democrática, organismo en el que ha desarrollado su trayectoria política.

Aunque finalmente no pudo convertirse en un locutor profesional, ha encontrado en las plataformas digitales un ágora en la que resuenan sus mensajes cargados de crítica, principalmente contra la 4T y su máximo exponente, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Fue durante el periodo de confinamiento por la COVID-19 cuando empezó a hacer tik toks, hasta que dio en el clavo con un video en el que criticaba al mandatario, a propósito del llamado avión presidencial. Ese video tuvo miles de reproducciones y catapultó el concepto al que llamó “Nadie me lo preguntó, pero…”.

De padre michoacano, de nombre Manuel Cambrón Ángeles, y madre tlaxcalteca de la comunidad de Santa Bárbara Acuicuizcatepec, Xaltocan, Rosa Soria Pérez, el ahora representante popular refiere que sus primeros años de vida los pasó en la colonia Doctores, del entonces Distrito Federal. 

“Era una colonia ruda, intensa. No me quedé más tiempo, sino igual y hubiera aprendido algunas mañas por ahí y algunas artes extrañas”, acepta. Pero antes de que eso ocurriera, la familia Cambrón Soria decidió trasladarse a Guadalajara, “antes del sismo del 85”, acota.

En la capital jalisciense, el pequeño Manuel era víctima de lo que ahora llamaríamos bullying: sus primos tapatíos, aficionados al mejor equipo de México, el Guadalajara, se burlaban de Manuel, confeso aficionado del América, el acérrimo rival de las Chivas.

Esa situación dio pie a una experiencia singular, que ha de ocurrir muy pocas veces en el ámbito de los aficionados al fútbol en México. Para evitar las burlas a su hijo, Manuel Cambrón Ángeles decidió dejar de ser seguidor de las Chivas, para sumarse a las filas americanistas.

“Desde muy chiquito mi papá me llevaba a los partidos de fútbol a los estadios. Mi papá le iba a las Chivas; él era chivista de corazón, pero cuando nos fuimos a vivir a Guadalajara, todos mis primos le iban a las Chivas y me cargaban la pila. No se manejaba el término bullying, pero era la carrilla contra mí. Era duro y dale a cada rato. Yo era muy pequeño y me hacían llorar. Y mi papá, yo creo que por la frustración de verme llorando, se dijo: ‘Me voy a cambiar de equipo’, y se cambió al América”, rememora Manuel la conversión paterna. Y agrega:

“Hoy mi papá es un americanista que grita conmigo los goles; es de esas historias raras, que al final fue más que por un asunto de identidad, fue por amor a su hijo que dijo: ‘Me voy a cambiar de equipo para que a mi hijo no le carguen tanto la pila y ahí le tiro paro, ¿no?’. Así fue”.

Además del Distrito Federal y de Guadalajara, la familia Cambrón Soria también pasó un tiempo en la ciudad de Guanajuato, a donde los llevó el trabajo del jefe de familia; antes ya había pasado una temporada en Tlaxcala, donde terminó la educación básica en la primaria “Mártires de 1810”, de la comunidad de San José Tetel, municipio de Yauhquemehcan.

De aquí se desplazaron hasta el Bajío, para regresar más tarde a Tlaxcala, donde Manuel y sus hermanas terminaron la instrucción escolar. La preparatoria la cursó en el Colegio de Bachilleres, plantel 10, de Apizaco, y la formación profesional la hizo en la licenciatura en Ciencias Políticas de la UAT. Fue finalmente en esta entidad donde la familia errante echó raíces.

– Fíjate que me generaba mucho estrés la idea de cambiar de ciudad, de cambiar de escuela. Aunque fue una etapa bonita, porque me permitió conocer costumbres, tradiciones distintas, modismos, calós a la hora de hablar, también me generaba mucho estrés durante la primera semana del cambio.

Recuerdo que sudaba mucho. Soy una persona que se pone muy nerviosa; me sudaban mucho las manos a la hora de ir al salón. Me costaba trabajo socializar, hacer nuevos amigos y me dolía un poco dejar los amigos que ya tenía, para llegar a una nueva escuela y empezar otra vez de cero.

Estuve en varias primarias. En la Ciudad de México hice primero y segundo de primaria, luego tuvimos que ir a Guadalajara. Nos mudamos para allá una semana antes del temblor de 1985. Nos tocó ya en Guadalajara. En la Ciudad de México vivíamos en la colonia Doctores, una colonia ruda, intensa. Estuve algunos años de la primaria, luego vine a Tlaxcala, nos fuimos a Guanajuato, y otra vez vine a Tlaxcala.

– Mi mamá siempre nos educó, a mí particularmente, a ser muy solidario en las labores del hogar. Ella siempre me decía: “Órale, ponte a lavar, ponte a barrer, ponte a trapear. No se te van a caer los pantalones. Órale, ayuda”.

Siempre fui muy solidario. Mis papás trabajaban, por lo que andaban fuera; por eso mi responsabilidad era estar siempre al pendiente de mis hermanas, aunque debo confesar que a partir de que entré a la preparatoria me desentendí prácticamente. Ellas andaban en su rollo y yo en el mío, y ya no estaba tan al pendiente de ellas.

– Fue tremendamente circunstancial. Esta es la primera vez que me preguntan esto. Yo quería estudiar ciencias de la comunicación, porque me apasionaba el asunto de narrador de fútbol. Desde muy niño mi papá me regaló una grabadora y lo que yo hacía era imaginarme narrando partidos de fútbol. Mi sueño era estar en los mundiales de fútbol.

Cuando estaba en la preparatoria, la única escuela que daba comunicación era la Universidad del Altiplano y era muy costosa; no teníamos dinero para pagar la escuela. Por lo tanto, mis opciones se redujeron a una escuela pública. Busqué y encontré una carrera que tenía una materia de comunicación a lo largo de diez semestres; esa carrera era la de Ciencias Políticas. Y me jugué mi vida entera en esa.

Me dije: “Aquí algo tengo que aprender de comunicación. A ver después qué encuentro, a ver si la vida me lleva por ahí”. Entré a la carrera y me gustó lo que encontré. Tuve profesores excepcionales que marcaron mi vida y me dieron ruta. Al final lo que hago, hoy que soy político profesional, no tiene nada que ver con la carrera.

Cuando estudias Ciencias Políticas, no es para ser político, sino para estudiar la política, para estudiar fenómenos políticos, para estudiar a la administración pública. Ahí no te preparan para ser político. Hay políticos sensacionales que no estudiaron Ciencias Políticas. Te hablo de arquitectos, de veterinarios o de gente sin preparación.

Al final, pienso que la política no es una tarea de educación académica formal. Yo la veo como un oficio. Este es un oficio que se aprende, como se aprender a ser carpintero o ser albañil.

La política es un oficio que aprendes a lo largo de la vida; las circunstancias me llevaron a ser político, aunque estudié Ciencias Políticas porque era la opción que tenía y tengo ese sueño frustrado de no haber sido comunicador, periodista o algo así.

– Fue también circunstancial. En la escuela siempre participé en la política universitaria, en las sociedades de alumnos. Armé grupo. Recordarás que en 1998 Alfonso Sánchez Anaya gana la gubernatura, luego de que sale del PRI y se va al PRD

Fíjate lo que son las cosas, porque esto tampoco lo he platicado mucho en medios; creo que va a ser la primera vez. Había muchas facultades en la UAT donde había grupos organizados de jóvenes que estábamos en la disputa del poder al interior de la universidad, cuando se permitía la democracia, en contra de los Ortiz.

Yo era parte de un grupo que combatía a los Ortiz, concretamente al doctor Serafín Ortiz, que hoy es un amigo mío entrañable, aunque en ese momento nos disputábamos el poder.

Él era el director de la Facultad de Derecho y nosotros éramos estudiantes. En la Secretaría de Gobierno hay una dependencia que se llama Subsecretaría de Gobernación; el subsecretario de Gobernación era Gelacio Montiel. Sánchez Anaya tenía la idea de meterse a la universidad a disputarle el poder a los Ortiz. Para eso buscaron grupos de jóvenes que estuvieran haciendo esa tarea política interior. Nos escautearon a varios y nos financiaron para competir contra los Ortiz.

Esto lo platiqué alguna vez con el doctor Serafín y él me dijo: “Pero no se los permití”, porque además nos echaron el aparato y nos aplastaron. Yo competí para ser consejero universitario. Antes los rectores se elegían en el Consejo Universitario y la elección de los consejeros universitarios era muy democrática. Votaban los alumnos en los departamentos y nos ganaron la elección.

Al final seguimos en la participación, pero desde Gobernación nos escautearon a varios y a mí me invitaron a trabajar en el gobierno de Sánchez Anaya. Me faltaba un semestre, pero entré a trabajar a Gobernación. Allí conocí a Gelacio Montiel y así empezó mi participación política en el PRD. Eso fue en el 2000.

– Antes de que terminara la carrera ya estaba yo trabajando en el gobierno. Hacía tareas tremendamente técnicas. Me dedicaba a hacer análisis político, revisión de medios de comunicación, hacer fichas políticas de actores. Gobernación tiene la misión de ser las orejas del gobierno; tienen ahí fichas de todos. Yo creo que tienen ahí la mía también; seguramente ahorita ya ahí estará.

Nos encargamos de eso y yo era un ratoncito de biblioteca. Siempre fui muy dedicado en la escuela. Me preocupó siempre tener buenas notas y como que ese era mi perfil. Incluso te diría que nunca me vi haciendo política. Siempre me vi como asesor, escribiendo discursos, haciendo análisis político. Así es como yo me veía y así fue la primera etapa de mi vida profesional.

– Me gustaba, me apasionaba. Soy bueno escribiendo, soy bueno haciendo análisis, haciendo discursos. Tenía ese talento, lo hacía muy rápido, lo hacía bien. Soy un tipo estructurado. Me gusta leer. Tengo mucha claridad metodológica y lo hacía bien.

– Termina el gobierno de Sánchez Anaya y entra Héctor Ortiz, aunque me quedé un tiempo en Gobernación. Era empleado de confianza. Entra Héctor Ortiz, que había sido del PRI, se va al PAN, llegan ellos y hacen una lista de todos los que quedábamos en el gobierno y que éramos del PRD. Entonces nos cortan cuello a mediados del primer año. Me quedé sin trabajo.

De muy joven tuve la oportunidad de trabajar en la Universidad de Guadalajara, en una empresa que se llamaba Centros de Estudios de Opinión, que se dedicaba a hacer encuestas. Allí aprendí a hacer encuestas, la parte metodológica, la entraña de cómo se arma un estudio de opinión pública en todas sus etapas; la aprendí allí y me capacitaron. Fui muchas veces a Guadalajara a entrenarme en eso.

Desde que estaba en la universidad empecé una empresa de consultoría con unos amigos, que no funcionaba porque nos contrataban y nadie nos pagaba. Nos veían chamacos imberbes y nomás nos engañaban, pero en esa empresa hicimos nuestros pininos.

Cuando me quedé sin trabajo, con mi esposa sostuvimos gran parte de nuestra vida familiar con el producto de una empresa que tenemos desde hace 25 años. Se llama Estrategia y allí me dediqué al tema de las encuestas. Seguí estudiando y seguí preparándome; me fui volviendo un poco experto.

– No, en ese tiempo no. Yo creo que empecé a pensar la posibilidad por ahí del 2012, tal vez. Empecé a hacer vida interna en el PRD en el 2007. Gelacio me vuelve a invitar a su equipo político después de dos años. En el 2006 trabajé en la campaña de Eréndira Montiel para diputada federal. Era el encuestador oficial.

Gelacio me invitó a formar parte del Comité Estatal del PRD. Fui secretario y allí empecé a ver cómo funcionaba la política, en una época bien distinta del PRD, con liderazgos bien complejos, como Ubaldo Lander y Alejandro Martínez, que en paz descansen y que eran de la vieja guardia de la izquierda en Tlaxcala. Eran duros, reacios, intensos. Allí aprendí un poco la vida interna.

A Gelacio Montiel lo nombran en el 2009 como comisionado nacional de Afiliación y me lleva como su secretario técnico a la Ciudad de México, al Comité Nacional. Después él se regresa a Tlaxcala como diputado local y yo me quedo en el cargo que él tenía como comisionado nacional.

Ahí conozco a Jesús Ortega Martínez, que era el presidente nacional del PRD. Me fui ganando su confianza: me encargaba algunas tareas y así empecé a conocer la vida del PRD a nivel nacional desde otra perspectiva. A partir de ahí fue cuando pensé: “Ah, bueno, puedo tener alguna posibilidad de hacer política”.

Yo termino mi relación política con Gelacio Montiel en 2011. Tuvimos una diferencia y le dije: “Hasta aquí llego. Ya no puedo ser parte de tu equipo”. En ese momento Jesús Ortega me invita a colaborar. Trabajé directamente con él durante un par de años y me regreso a Tlaxcala en 2012, ya para hacer política.

Ortega me dijo: “Oye, ve a hacer un equipo a Tlaxcala”. Estuve viviendo en la Ciudad de México un tiempo y me vine a Tlaxcala sin conocer a nadie, políticamente hablando. Empecé de cero a buscar la presidencia del PRD, que gano en 2014.

De presidente del PRD me aventé seis años. Fui electo para tres y me reelegí una; así me aventé seis años, del 2014 al 2020, como presidente del partido. De allí estoy ahorita de diputado.

– Me propuse ser un diputado crítico, un diputado de oposición férrea, pero también muy responsable. Eso me gustaría destacarlo, es decir, digo no en muchas cosas, pero he acompañado otras iniciativas del gobierno, que he considerado que son positivas; las he acompañado y las he argumentado, pero también hago propuestas de los temas que siempre señalo.

Sin embargo, sí percibo lo que tú dices, que al interior del Congreso, por ser un diputado de oposición —incluso diría yo, un diputado incómodo—, que la mayoría legislativa ha tomado la decisión de que muchas de las iniciativas que he planteado, se queden guardadas.

Te pongo algunos ejemplos, como el caso de la Fiscalía autónoma, que Tlaxcala está en falta, porque ya somos el único estado que está pendiente. Asimismo, presenté una reforma para combatir la violencia contra las mujeres con fines de explotación sexual.

También presenté una iniciativa que pretende castigar y prohibir la renta de vientres. Tuve conocimiento de un par de casos en Tlaxcala, de mujeres que fueron prácticamente secuestradas, las inseminaron artificialmente, las tuvieron encerradas, tuvieron a los bebés y se los quitaron para venderlos. Eso es trata de personas y también una forma moderna de esclavitud. A lo mejor dirán que en Tlaxcala hay uno o dos casos, y además de personas que ni siquiera eran de Tlaxcala; dirán que a lo mejor no es importante, pero sí es importante. Tenemos que prever una conducta ilícita para el futuro.

Y así como esas hay varias iniciativas que he presentado y que están en la congeladora. Algunas otras que obviamente me echan la aplanadora, les gano el debate, pero pierdo las votaciones, aunque eso es parte de la política.

– Ha sido un tema que me ha preocupado mucho, porque tiene que ver con la tranquilidad de las familias; ya no se vive tranquilo. He platicado con mucha gente que tiene hijos de la edad de los míos, esto es, de 17, 13 y 12 años, y que ya no salen a la calle con libertad.

Recuerdo que cuando iba a la preparatoria, me movía sin problema: no había teléfono, no le avisabas a tu papá en dónde estabas, andabas en la calle. Hoy ya no. Siempre tienes el temor de que alguien pueda ser levantado.

Por otro lado, en Tlaxcala se viven cosas y se ven cosas que antes no eran parte de nuestra cotidianidad: cuerpos desmembrados, embolsados, narcomantas, comandos armados entrando a casas, asaltando camiones de valores. La delincuencia organizada está presente en Tlaxcala.

Y no lo digo yo, lo dice la información oficial de la Secretaría de la Defensa Nacional, del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que ya tienen ese mapa de lo que está sucediendo en Tlaxcala. Mi llamado ha sido, desde que entré de diputado, de que el gobierno defina una estrategia de seguridad clara, puntual, para contener ese problema, porque si lo dejas crecer, te come.

Allí hay varios antecedentes en otros estados de la República, y nosotros parece que lo hemos soslayado. En ese sentido, le he propuesto al gobierno varias cosas.

La primera es que se convoque una mesa de diálogo con expertos en materia de seguridad, que se convoque a las fuerzas políticas y a los colectivos de la sociedad civil, para que entre todos construyamos una estrategia. Y por qué afirmo que no hay estrategia, pues porque a lo largo de dos años del actual gobierno de Lorena Cuéllar, ya lleva siete titulares en la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Queda claro que hay una tremenda inestabilidad.

Volviendo al ejemplo del fútbol, cuando en un equipo tienes un entrenador que no te da resultados, lo cambias; pero si el equipo sigue fallando y cambias y cambias de entrenador, te da inestabilidad. Es lo mismo aquí. Llevamos siete titulares, lo que significa que no está funcionando la estrategia.

Propuse recientemente una serie de reformas a la Ley de Seguridad Pública. Estoy proponiendo constituir un mando coordinado único a nivel estatal. Los policías municipales tienen una tremenda debilidad y desventaja económica y de infraestructura, que es normal.

El municipio de Emiliano Zapata, chiquito, con poco presupuesto, no se puede comparar con Tlaxcala capital. Por lo tanto, sus capacidades técnicas, operativas y de infraestructura son muy diferentes, pero ese policía de Emiliano Zapata también se enfrenta la delincuencia organizada; el policía de Benito Juárez se enfrenta a la delincuencia organizada entre Texcoco y Calpulalpan. También se enfrentan con enorme dificultad y diferencia.

Necesitamos un mando coordinado desde el gobierno estatal que provea capacitación, herramientas para enfrentar a los delincuentes y una estrategia única, porque luego hay un delincuente que cruza el límite de un municipio a otro, llega la patrulla, se detiene y el policía dice: “Ya no lo sigo, porque ya no es mi municipio, ahí que se hagan bolas los demás”. Le avientas la pelota a alguien más.

Estamos proponiendo el mando único coordinado y propuse también en el presupuesto del año pasado —que no se aprobó— un incremento de mil millones de pesos, que es lo que tenemos calculado que se necesitan de inversión adicional para el tema de seguridad, para asumirlo con seriedad, con responsabilidad, no con un mejoralito.

Mil millones de pesos son una cantidad importante, que iría orientada a tres cosas: inyectarle recursos al Instituto de Formación Policial, para capacitar a los elementos; necesitamos mejorar sus condiciones salariales y de equipamiento y homologarlas entre todos los policías; y necesitamos invertir en tecnología. Necesitamos mil millones de pesos como mínimo. Lo que nosotros hemos calculado es el mínimo indispensable.

– Hay mucho por hacer. Hay muchos pendientes, pero creo que en ese tema hemos encontrado coincidencias. Presenté una iniciativa para ampliar las penas y para actualizar los presupuestos con los cuales la Procuraduría debe atender en automático la muerte violenta de una mujer como feminicidio.

Hoy es una realidad que las mujeres enfrentan una violencia exacerbada, una violencia fuera de lo normal. Muy probablemente es una violencia que han vivido históricamente en el país y en el mundo. Sin embargo, hoy es más expuesta e incluso, diría yo, es una violencia todavía más violenta, con un nivel de odio y de saña que es incomprensible.

Apenas leía una nota en un medio local de una mujer que fue atacada por su pareja con ácido. Eso es gravísimo. La Procuraduría tiene que entrarle a la investigación de inmediato como feminicidio. Hay tremendos pendientes, y yo he sido, no sé si aliado, pero sí estoy comprometido en esa causa. Tengo esposa y una hija, y yo quiero que tengan un mundo mejor, que pueden salir a la calle con menos temor del que se sale ahora.

– Pienso que los dos grandes cánceres del país son la corrupción y la impunidad, que van de la mano. Sin embargo, la bandera de la 4T de López Obrador y de Lorena, que termina siendo un discurso de dientes para afuera, es combatir la corrupción, pero la corrupción se combate atacando la impunidad. En la medida que hay un señalado, un investigado y un castigado, vas a reducir la impunidad.

Cuántos municipios tienen cuentas públicas reprobadas, con sus alcaldes con millonarias observaciones y no ha pasado nada. Van tan campantes por la calle. La manera de combatir la corrupción es atacando la impunidad. En la medida en que vayamos castigando a los corruptos, habrá verdadera transparencia.

Por otro lado, necesitamos fortalecer a las instituciones que hacen pública la información; entre más público sea, es más difícil la tentación de la corrupción, porque estás a la vista de todos. Es importante que haya mecanismos que vayan fortaleciendo a instituciones como el Instituto de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales de Tlaxcala.

Necesitamos garantizar que haya contrapesos. Eso es muy importante. Si el Poder Ejecutivo, como el poder dominante, que tiene mayor presupuesto, se mete a controlar las decisiones del Poder Legislativo, del Poder Judicial, de los organismos autónomos, olvídate, no hay combate a la corrupción, al contrario. ¿Qué hay? Pues hay complicidad, solapamiento de actitudes. Eso es lo que sucede y es lo que estamos viviendo hoy en Tlaxcala.

– Al final se tienen que generar equilibrios. Yo creo que el llamado a los ciudadanos para las elecciones de 2024 es que generemos equilibrio, generemos condiciones que permitan que el poder no se ejerza de manera exacerbada, con excesos. Lo que evita que haya excesos del gobernante son los equilibrios.

El llamado es a que haya condiciones de equilibrio y respeto a la independencia y autonomía de los poderes. Cuando sucede como en Tlaxcala, que tenemos un Congreso que es sumiso, que parece tapete del Poder Ejecutivo, no sirve.

A mí me han preguntado: “Oye, pero cuando dices eso del Congreso, que es un tapete, también estás tú”. Pues desde luego, aunque yo sea opositor y seamos uno o dos diputados los que damos la batalla, en el paquete vamos todos. Eso no significa que no lo tenga que decir o no lo deba decir. Claro que lo tengo que decir y me avergüenzo de ser parte de una legislatura que sea tapete, sin duda.

– Ser diputado es una gran responsabilidad y también es un privilegio; es una oportunidad inolvidable. Yo lamento que haya algunos de otras legislaturas, e incluso de esta, que les pase de noche, que no aprovechan la oportunidad de generar ideas e iniciativas para transformar el estado de cosas.

Cuando un legislador se convierte en esbirro del Poder Ejecutivo, en únicamente un mensajero, que lee iniciativas que le preparan en otro lado, no está haciendo su función. La verdad es que es una gran oportunidad de poder trascender. Es un honor estar en una legislatura y entender cuál es el papel de un diputado.

El diputado no es empleado de la gobernadora. Nosotros no somos dependientes del Poder Ejecutivo, somos autónomos y somos un poder; por lo tanto, somos iguales. En esa igualdad tendría que darse la relación. Yo la verdad es que estoy disfrutando mucho esta oportunidad de estar ahí. Trato de hacer el trabajo lo mejor que puedo: le pongo talento, dedicación, capacidad.

Tengo un equipo sensacional de mujeres y de hombres que me acompañan, que me ayudan, que me aportan un montón de ideas y entre todos hacemos un gran trabajo. Me he preparado y nos hemos preparado ante la exigencia para hacerlo bien. Cuando me propuse ser diputado, me dije: “No quiero ser uno del montón, no quiero ser intrascendente, y sí quiero que se note que estoy allí”. He procurado hacerlo.

– Tlaxcala vive una tremenda crisis institucional. Vive una tremenda crisis de seguridad y vive una tremenda crisis de atención a los problemas de las mujeres. En mi opinión, creo que tienen que atacarse de manera prioritaria esos tres grandes rubros, para devolver la tranquilidad y la paz. Hay otros temas: hay deudas con el campo, hay temas de organización administrativa, pero los otros son los tres grandes problemas que me parece son los prioritarios que debieran atenderse.

He perdido la esperanza en quienes hoy tienen el poder político y económico en el estado. He perdido la esperanza porque su manera de conducirse es de voracidad. Yo lamento que quienes están al frente del Poder Ejecutivo piensen que Tlaxcala es una hacienda y que todos los demás somos peones y se tiene que hacer lo que ellos dicen, dicten y digan. Eso no lo comparto.

Por eso hago un llamado al electorado, a que en las próximas elecciones castiguen lo que no se ha cumplido, porque hubo muchas promesas y no se han cumplido. También el llamado es para los actores políticos de oposición, que cuando estén en los cargos y en los espacios donde se toman las decisiones, realmente se hagan las cosas con congruencia. Creo que ese el principal reto de los políticos: ser congruente.

Yo aspiro a ser senador de República. Estoy construyendo las condiciones políticas para buscar la candidatura al Senado, primero en el Frente Amplio por México, coalición de la que formo parte como partido político, y posteriormente buscaré ser senador de la República. Me veo siendo un actor político que siga siendo parte relevante en las decisiones de la entidad. Creo que puedo aportar ideas, trabajo, capacidad, conocimiento y talento para mejorar el estado de cosas que se tiene hoy en Tlaxcala.

Yassir Zárate Méndez
Marisol Fernández Muñoz
Nereida Mora

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