Rodolfo del Razo, es feliz entre los magueyes

Premio estatal: Entrevista 2018, Rodolfo del Razo, es feliz entre los magueyes

Publicada en Julio 2017 Edición 116

“Nunca voy a llenar los zapa­tos de Ricardo y Rodolfo del Razo, pero le vamos a hacer la lucha y a ver has­ta dónde podemos llegar… si no saliera de la magueyera, sería la persona más feliz yo creo que después de mi padre”.

“Parezco loco porque ando solito entre las plantaciones, pero uno se distrae”

Rodolfo

Y en efecto, Rodolfo del Razo Curiel pasa todo el día pendiente de las activida­des del rancho San Isidro, en el municipio de Nanacamilpa, donde en una superficie de 44 hectáreas la mirada se pierde entre un sinnúmero de magueyes destinados a la producción de pulque.

Reflexiona sobre la importancia de la también conocida bebida de los dioses: “cuando estamos degustando un vasito con pulque, atrás hay un gran trabajo, desde plantar, cultivar y raspar el maguey hasta producir el pulquito, es un trabajo de más de 12 años”.

Desde las 6 de la mañana, Rodolfo ya está pendiente de la producción de pulque en el tinacal, por eso cuando el equipo de Momento llega para hacer la entrevista, él ya está activo, pendiente de que el agua­miel se vierta en las barricas para poner la cepa a fin de obtener el pulque.

La primera escala de la entrevista se realiza en el tinacal que está anexo a la casa de la familia Del Razo, en donde des­de la entrada se respira el aroma clásico del pulque y en el patio hay, a los costa­dos, barricas de madera con capacidad de 125 litros, barriles de 250 litros y bidones de plástico de 50 litros.

Rodolfo está pendiente de que se des­carguen las castañas de aguamiel de una camioneta Pick Up para verterlo en las barricas del tinacal, por lo que pide que pasemos al lugar para conocer el proceso de producción del pulque.

“Pásenle –dice el señor Rodolfo a la directora general de Momento, Marisol Fernández y a la reportera gráfica, Nerei­da Mora–, antes era un mito de que las mujeres no debían entrar al tinacal para que no se echara a perder el pulque, pero la verdad es que lo que se evitaba es que la mujer fuera a traer a su marido, solo le silbaba desde afuera y salía” (risas).

Además de los magueyes, a Rodolfo le gustan los toros y la charrería. Desde pequeño –dice– su padre lo involucró en las actividades del rancho con lo cual se forjó un carácter fuerte, aunque en varios pasajes de la entrevista muestra que en su interior es un ser humano sensible.

Luego de que los tineros concluyen el vaciado del aguamiel en las barricas del tinacal, Rodolfo pide ir al rancho San Isidro, donde tiene que esperar a un grupo de visi­tantes para mostrarles la Ruta del Pulque.

A la llegada al rancho, Rodolfo nos guía al mirador que construyó, desde donde se admira en el horizonte miles de magueyes y de entre ellos sobresale el sombrero de Cirilo, el guarda tandas, a quien llama con el “silbido del águila” para que acuda a donde está él.

Finalmente Rodolfo y el equipo de Momento nos instalamos en medio de los magueyes para realizar la en­trevista, en donde empieza la char­la en un entorno donde se escucha el trino de las aves y se siente en el rostro el viento fresco de la región poniente del estado, si bien los rayos del sol empiezan a caer a plomo a eso de las 10 de la mañana.

“Mi nombre completo es Rodolfo Abundio del Razo Curiel, nací el 11 de julio de 1961 en Apan, Hidalgo, pero desde 1963 llegué a Nanaca­milpa. Mis padres son Rodolfo del Razo López y mi madre Alicia Curiel Cruz. Somos ocho hermanos y yo soy el mayor, soy el primogénito de mi fa­milia”, responde a la primera pregun­ta de la entrevista este hombre que viste pantalón de mezclilla, camisa a cuadros, chamarra y sombrero.

Recuerda que su infancia fue nor­mal, como todas las familias con un padre de trabajo y una madre ama de casa. “Mi padre, desde muy cha­maco, nos inculcó el trabajo, nos llevaba a los recorridos que hacía, fue general mayordomo, es decir, atendía alrededor de 26 tinacales, a mi hermano Raúl y a mí nos llevaba con él desde muy chamacos. Eso nos despertó el interés y el gusto por la producción de pulque, el cultivo del maguey. Cuando yo tenía 14 años de edad mi padre me dejaba al frente de algún tinacal por la ausencia de un mayordomo, ya fuera por enferme­dad o alguna situación”.

En ese tiempo, su padre tenía ti­nacales y compraba el aguamiel a los tlachiqueros, de manera que era im­portante tener carácter determinante y fuerte, pero sobre todo respetuoso con esa gente porque no eran em­pleados, sino vendedores, se hacían convenios de compra–venta.

Ver a su padre negociar la compra de aguamiel formó en Rodolfo un ca­rácter determinante que le ayudaría cuando dejó la carrera de médico ve­terinario en sexto semestre en la Uni­versidad Autónoma de Puebla (UAP) para tomar las riendas del rancho debido a que su padre se sometió a una cirugía delicada.

“Estudié veterinaria porque tenía­mos un rancho ganadero, pero el ne­gocio de pulque ha sido toda la vida, el que nos ha dado de comer y le vi­vimos eternamente agradecidos, le guardamos mucho respeto y cariño, pero en ese tiempo éramos produc­tores de madera y ganaderos, tenía­mos ganado caprino y vacas, ade­más de que siempre me han gustado los caballos y los toros”, indica.

A excepción de él que abandonó la carrera por una eventualidad fa­miliar, todos sus hermanos son pro­fesionistas.

“La verdad es que me gustó siem­pre lo que hacÍa mi padre y no me frustró no tener carrera; siempre qui­se ser como mi papá, dedicarme a lo que él se dedicaba y lo logré; afor­tunadamente siendo el primogéni­to tiene uno ciertas canonjías y eso me ha motivado a no resentir el no ser profesionista. A veces me dicen ingeniero y siempre aclaro que soy un simple productor de maguey y de pulque”.

–¿Desde qué edad tiene usted contacto con la producción de pulque?

–Con el pulque tengo contacto desde que tengo uso de razón, con el ma­guey desde los 10 o 12 años de edad, pues mi hermano Raúl y yo le ayuda­mos a plantar a mi padre los prime­ros magueyes en el rancho de Santo Domingo Tequixtla, Calpulalpan, esto tiene como 43 años. Fue la primera vez que tuve contacto con el maguey. Del pulque tengo contacto desde que tengo uso de razón porque estaba el tinacal en la casa, ahí andábamos jugando, siempre estábamos ahí y como aprendimos a escribir, mi padre nos mandaba a apuntar la cantidad de aguamiel que entraba al día en el tinacal.

Desde ese entonces su padre les decía este pulque está muy acido o no, “poníamos nuestra manita y con una chalupita nos daba un chorrito de pulque, nos decía que lo probára­mos y luego lo teníamos que escupir, no lo podíamos tomar. A los 14 o 15 años ya estaba en el tinacal y había que convivir con los vendedores, con los tlachiqueros, nos tomábamos uno, dos o tres pulquitos, a veces más, pero así se daban las cosas y era el medio en el que nos desenvolvíamos”.

Para fortuna de Rodolfo, su padre proveía de juguetes a sus hijos. “Yo tuve un carro de pedales cuando era lámina maciza, juguetes de madera como trompos y yoyos, también tuve juguetes que en ese tiempo estaban de moda, mi padre nos los trajo, nun­ca padecimos de falta de juguetes”.

En mi infancia era pura vagancia y juego, pero por las tardes, de 5 a 7, tenía que estar pendiente del tinacal, pero de una o dos, tras salir de la es­cuela, “era andar de vago, echando relajo con los amigos, jugando”.

“Mi padre siempre nos proveyó de muchos juguetes porque él tuvo una infancia muy difícil, muy azaro­sa y careció de juguetes, entonces a nosotros, vaya, nos dio muchos ju­guetes”, recalca Rodolfo, a quien este recuerdo le provoca un remolino de emociones en su interior, al grado que se le hace un nudo en la gargan­ta que le impide continuar la plática.

Ya repuesto de este recuerdo, menciona que para él no fue pesado trabajar en el tinacal, aunque algu­nos trabajadores lo agarraban de su mozo en determinados momentos, pues se integró al negocio desde el escalafón más bajo.

En un tinacal los puestos de me­nor nivel son ayudante del tinero, apuntar el aguamiel que ingresa y lavar las tinas y el más alto es estar al frente del lugar.

“Su familia es un icono de la industria pulquera de la región centro del país”

“La verdad no se me hizo pesado porque estuve acostumbrado a tener la presión de mi papá que siempre an­daba atrás de nosotros y así como era de buena gente también tenía un ca­rácter muy duro, muy enérgico, por eso somos lo que somos en la actualidad”.

–¿Por qué dejaron la actividad de agricultores?

–Nos retiramos de agricultores por una enfermedad en la cebada, vendi­mos el rancho por una mala cosecha y nos dedicamos de lleno al pulque y vimos la necesidad de buscar nuevos horizontes, nuevos mercados, para esta bebida. Sin embargo, allá por el año 1985, recuerdo perfectamente, el temblor en la Ciudad de México nos pegó a los pulqueros muy fuerte, pues durante dos o tres semanas no nos dejaron entrar a la ciudad a ven­der nuestro pulquito y nosotros aquí seguíamos produciendo el pulque.

A raíz de esta vivencia fue que empezaron a buscar alternativas y la primera fue destilar el pulque, ha­cer licor de pulque, eso fue en 1988 y 1989, pero siguió la crisis del merca­do y buscaron la necesidad de entrar a otro mercado, ya que su producto es perecedero, con una vida útil muy corta y se echa a perder.

Fue entonces que la familia Del Razo buscó la manera de enlatar el pulque, pues desde la época pre re­volucionaria ya se pensaba en esta idea, pero no se había encontrado la receta, la manera de hacerlo.

En 1994, con el auxilio de un pa­riente, se logró el envasado del pul­que y en 1991 la familia deja de pro­ducir cebada.

A la fecha, la familia produce pul­que a granel y siguen acudiendo a la Ciudad de México como lo han hecho desde 1959.

“Somos los únicos tlaxcaltecas, vía salubridad, que entramos a la capital del país a vender nuestro pul­que; los demás productores entran por vías distintas, esto es, del tinacal a la pulquería, pero nosotros segui­mos llegando vía salubridad. Ten­go el orgullo de decir que seguimos abasteciendo las principales pulque­rías en la Ciudad de México, las más antiguas, las que tiene mayores ven­tas y las más renombradas”.

El secreto de ello es que el señor Rodolfo del Razo López siempre ha tratado de cuidar la calidad de su pulque, su prestigio, “él sacrifica eco­nomía, ganancias, por calidad, eso nos ha mantenido en el mercado y además envasamos el pulque en la­tas de aluminio de 335 mililitros, es un producto 100 por ciento natural, no lleva conservadores, ni coloran­tes ni saborizantes artificiales, es un pulque pasteurizado y además está certificado por el FDA en Estados Unidos como producto de calidad, eso nos ha abierto las puertas en otros países a donde exportamos en menor escala como Europa y Centro­américa”.

El destilado de pulque fue la pri­mera alternativa para no tirar el pul­que sobrante, pues había que darle otro uso y también con el sobrante del aguamiel se hace un concentra­do que se conoce como la miel de aguamiel. Ésta se hidrata para hacer un edulcorante que tiene beneficios importantes para el organismo y el mercado que se pretende atender es muy amplio. El maguey en sí contie­ne inulina y hay diferentes procesos para obtenerla, es muy importante para los humanos.

«Está a cargo del rancho San Isidro donde se producen de 2 mil a 2 mil 500 litros de pulque al día»

–Háblenos sobre el rancho San Isidro

–En el rancho San Isidro hay 44 hec­táreas dedicadas al cultivo del ma­guey y hay una población aproxima­da de 2 mil plantas por hectárea, es una producción intensiva, la produc­ción diaria es de entre 2 mil y 2 mil 500 litros de aguamiel, pues el ma­guey es muy propenso a los cambios de temperatura y por eso aumenta o disminuye la producción.

“De este rancho viven alrededor de 50 familias con empleos directos, 40 de ellas de Nanacamilpa y los 10 restantes de Puebla y Estados Unidos, que son las que reciben el pulque”.

Ahonda que son alrededor de 12 empleados de campo, de los cuales ocho son tlachiqueros, uno es trac­torista, otro es guarda tandas, dos mayordomos, dos tineros, dos ma­cheteros, dos choferes, tres emplea­dos en la fábrica del pulque donde se hace el envasado y además de sus hermanos y sus padres.

–¿Qué representa para usted un maguey?

–Híjole, muchísimas cosas, más que nada mucho respeto, además la cul­tura del maguey, la tradición, las bon­dades que como plantas nos provee a los habitantes del medio en que vi­vimos. Tanto agradecimiento por to­dos los gustos que nos hemos dado, ver a los hijos crecer, a los sobrinos, todo eso se lo debemos al maguey, representa muchísimas cosas y le vivo agradecido eternamente, por eso es nuestro interés en las pláti­cas que damos de hacer conscien­cia entre la gente de lo importante que es el maguey y a los productores motivarlos a que planten maguey. El fomentar la replantación, la repro­ducción y regeneración del maguey.

“Son tantas cosas, por eso le he­mos buscado tantas alternativas, he­mos buscado otros usos del maguey para que se vuelva negocio, para llamar la atención a los productores de plantar maguey, para que los go­biernos vean lo importante que es esta planta, ese es el motivo que nos mueve para dar pláticas, nosotros no nos guardamos nada, no tenemos secretos, viene un productor y pre­gunta qué le hago a los magueyes para que crezcan y les decimos cómo le deben hacer, lo que hacemos para fumigar, para violentarlo y se desa­rrolle más rápido, para que llegue más pronto a su madurez”.

Reitera que no se guarda ningún secreto, “nos abrimos con la gente que nos visita para que se dé cuenta de la importancia y maravillosa que es la planta que tenemos”.

En el caso de Tlaxcala, el maguey tuvo un repunte en los años recien­te porque el gobierno de Mariano González Zarur “le puso el cascabel al gato y en el estado se hizo una buena plantación” y lo imitó el gober­nador de Hidalgo, Francisco Olvera. En la Ciudad de México ahora están plantando en algunas delegaciones a raíz de que los estudiosos de los agaves le han dedicado más tiempo y se han dado cuenta de lo importan­te y eficiente que es para absorber dióxido de carbono, generador de oxígeno, desarrolla fauna en las ma­gueyeras, ayuda a la regeneración de suelos y protege a la tierra contra las erosiones, vaya, es importante para la ecología y para las lluvias”.

Resalta que un maguey de seis años tiene la misma capacidad que un árbol de 20 para enfriar la atmós­fera y precipitar la lluvia.

“Son tantas cosas que tiene el maguey y los productos que de él se elaboran, siempre he dicho y con­cuerdo mucho con el maestro Remi­gio Madrigal Lugo y con el maestro Edmundo García Moya, quienes di­cen que el aguamiel es la maravilla ignorada y es cierto porque contie­ne elementos importantes para la nutrición como es el fósforo, calcio, hierro, boro, zinc, tiamina, niacina, ri­voflamina, ácido fólico, inulina y más elementos que en este momento es­capan a mi mente, es una verdadera maravilla, por eso en la antigüedad no había los problemas de diabetes que tenemos ahora y sobre todo la nutrición”.

En 1890, algunos hacendados de los llanos de Apan gastaban dinero para contratar científicos alemanes, ingleses y estadunidenses para estu­diar el aguamiel y las bondades del maguey para industrializarlo. Des­graciadamente vino la Revolución y todo eso se perdió.

En Tlaxcala se sembraron alrede­dor de 300 mil plantas para la pro­ducción de maguey de la variedad vara metro el año pasado.

Además, la Secretaría de Agri­cultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) apo­yó un proyecto para poner de mane­ra gratuita 50 parcelas demostrati­vas de 760 magueyes cada una en diferentes municipios del estado de Tlaxcala, con diferentes productores con la finalidad de que observen el desarrollo de la planta, cómo se re­produce el maguey y lo sencillo y fácil que es su cultivo, pero sobre todo lo importante que es.

–¿Por qué dicen que el futuro del maguey está en los jóvenes?

–El futuro del pulque está en los jó­venes porque si vemos en las ferias donde se expende pulque, la mayo­ría de los que consumen son jóvenes y es que ya nos encargamos de pu­blicar y hacer extensivo el contenido del pulque, pues tiene nada más un defecto que es su contenido de al­cohol, pero también tiene productos importantes para el organismo. En­tonces los jóvenes de ahora ya saben lo que se están tomando. Saben que, si toman una cerveza, pues saben que tiene mucho sodio, situaciones nocivas para salud y los beneficios son mínimos; si se toman un vaso de pulque ven los beneficios que es­tán tomando, que están metiendo al cuerpo vitaminas, minerales, azú­cares insaturadas, además de que al tomar un vaso con pulque deben pensar que tuvieron que esperar 10 años para que el maguey madurara, fuera raspado y finalmente elaborar el pulque.

“Por algo el pulque estaba con­siderado en la antigüedad como la bebida de los dioses, estaba desti­nado para las clases privilegiadas, que eran los nobles, sacerdotes, guerreros, ancianos y mujeres que estaban amamantando y enfermos en algunos casos… el que toma pul­que sabe que está tomando cultura y tradición”.

Sugiere que se visiten las pulque­rías en la Ciudad de México y están llenas, “la verdad es que no cabe un alfiler”, de puro joven, estudiantes de facultad, de 20 años de edad en adelante.

–¿Cómo lograr que el pulque retome su impor­tancia frente a la cerveza?

–Nada más haciendo la aclaración de que los mitos que le cargaron al pul­que fue de los cerveceros, es decir que el aguamiel para que se volviera pul­que había que fermentarla con la fa­mosa muñeca, pero son mitos porque los cerveceros a principios del siglo pasado se dieron cuenta del merca­do tan grande que tenía el pulque y crearon una imagen nociva, creando leyendas negras, para desprestigiar­lo y lo lograron los señores.

Ahora que a los jóvenes se les hace de su conocimiento cómo se fermenta el pulque, que no lleva ninguna cosa insalubre, el pulque es materia viva, son microorganismos, son bacterias, que, si se contaminan con otra cosa, incluso manejándo­lo con las manos sucias, se van a morir, se van a descomponer y eso echa a perder el pulque, anota el señor Rodolfo.

Advierte que a las personas que, si toman un vaso con pulque echado a perder, entonces se enferman por­que es materia en descomposición.

“A los jóvenes les decimos que el pulque es un producto higiénico, contiene elementos importantes para la salud y además es tradición, vamos a tomar lo que es mexicano, lo que nosotros producimos… trabajo es que lo prueben porque les encan­ta, ya saben lo que están tomando y además se sienten bien. Claro que, si se pasan de pulquitos, la cruda es menos agresiva que si se toman otra cosa, por la fermentación natural con la que se hace el pulque”.

–¿Cuántos vasos de pulque es recomendable tomar?

–Dependiendo el estado de ánimo y la complexión de la persona, si uno anda deprimido, alicaído, con poqui­to, influyen varios factores, hay veces que se toma uno un vasito y ya está cuete, gente que se toma un vaso de aguamiel y ya está mareado, a pe­sar de que no tiene ningún grado de alcohol, es una cosa psicológica. Va­mos a decir que con un buen pulqui­to, con dos vasitos ya se siente uno medio alegre.

–¿En qué consiste la Ruta del Pulque?

–Desde hace nueve años manejamos la Ruta del Pulque, originalmente empezaba en la hacienda de San Bartolo del Monte, pero por remode­laciones ya no se incluyó este año, pero aquí llegan turistas y les damos la bienvenida, suben al mirador para tener una vista panorámica del ma­guey y empezamos a hablar de la planta, por qué se le llama maguey pulquero, cómo se reproduce el ma­guey, las diferentes maneras de re­producirlo, cómo se cultiva, cómo lo plantamos, cómo lo distribuimos en el campo, cuándo llega a su madurez, en qué tiempo, cómo se dan cuen­ta de que ya es un maguey maduro, por qué llega a su madurez, por qué no se deja florear, por qué hacer las operaciones como el capado y el pi­cado, cómo se obtiene el aguamiel, cómo se recolecta el aguamiel, quié­nes lo hacen, por qué lo hacen, a qué hora lo hacen, cuántas veces al día, cómo se elabora el pulque, cómo es un tinacal, se les da una prueba de aguamiel del mismo tlachiquero que anda raspando con su acocote y pro­ductos que derivan del maguey.

También se les explica los bene­ficios de los productos derivados del maguey para el cuerpo humano, todo lo referente al pulque y el recorrido se remata con una degustación de curados y una comida de viandas a base de derivados del maguey o he­cho con penca de maguey o mixiotes.

Apunta que los mixioteros depre­dan el maguey y por eso la familia Del Razo ha buscado la manera de sustituir el uso de los mixiotes y de las pencas para barbacoa. Todo eso se les explica a los turistas cuando agarran el paquete completo que es con todo y alimentos. El recorri­do tiene una duración de dos horas y media a tres horas platicando de magueyes.

El paquete con alimentos de la Ruta del Pulque cuesta 250 pesos por persona, los niños menores de 12 años no pagan, ni los guías ni el chofer.

“La gente se asombra de qué es el maguey como planta, de los be­neficios que da al medio ambiente, de los productos que se obtienen, la resistencia de la planta y lo más importante cómo se hace el pulque”, destaca Rodolfo.

Un punto relevante de las visitas es que no hay grupo que recorra el ran­che y pregunte qué hay de cierto con la famosa muñeca o la famosa mona. “Les explicamos el por qué los seño­res cerveceros se agarraron de ese pretexto para acabar con la industria pulquera”.

Otros visitantes comentan que el maguey es una planta muy grande y que ocupa mucho espacio, que se debe quitar porque nada más estorba, pero cuando se les dice que el maguey es un excelente convertidor de dióxido de carbono, que es un excelente retenedor de suelos, que se desarrollan muchas especies animales en las magueyeras y que un maguey ayuda a que llueva, la gente se queda admirada y sobre todo que los trabajos que se hacen al maguey requiere por fuerza de la mano del hombre.

No hay máquina para raspar o ca­par un maguey, para podar la planta o aflojar y trasplantar un maguey.

Todo es muy importante porque produce mano de obra, requiere de mucho trabajo y al haber eso pues hay una derrama económica, asienta Rodolfo.

–¿Qué tipo de fauna genera el maguey?

–El maguey produce mucha fauna como conejos, tlacuaches, coyotes, ardillas, onzas, cacomiztles, víboras, escorpiones, lagartijas, sapos, infini­dad de aves (gorriones graniceros, nixtamales, monjitas), todo eso ge­nera un equilibrio ecológico. Aquí no matamos las víboras por el control natural que hacen con el ratón, el ratón que cae en las magueyeras lo conocemos aquí como chachaguate o metoro, el que descubrió el pulque, por medio de él donde royó, la reina Xóchitl descubrió el pulque, es una le­yenda, ese se combate con la víbora, a la víbora se la come el gavilán y así viene la cadena alimenticia.

–¿Qué etapa le gusta más de todo este proceso?

–Envasar el pulque, pero me motiva mucho el aguamiel, hacer el concen­trado porque es un producto súper hí­per maravilloso porque con él se com­bate la anemia, en casa nunca hay una jarra con jugo, siempre hay una jarra con aguamiel, es lo que toma­mos todos los días, es muy nutritivo.

“Definitivamente todo es apa­sionante, a mí me apasiona todo lo que del maguey se obtiene por me­dio del aguamiel y cuando ya dio el producto, la verdad me remordería la consciencia desbaratar un maguey grande para hacerlo mezcal e inu­lina, primero le sacaría el aguamiel y después procesaría los sobrantes, porque a un maguey viejo todavía se le sacan productos como un edulcorante que se llama fructuosa de ma­guey, saborizante de maguey para evitar el uso de mixiotes y pencas en la elaboración de barbacoa, es ma­guey viejo, lo aperchamos y de ahí se vuelve tierra, también se puede hacer un destilado de pulque con las pencas de maguey porque contienen muchos azucares.

«Su familia es un icono de la industria pulquera de la región centro del país»

–¿Qué papel ha jugado la familia Del Razo en la industria del pulque?

–Modestia aparte, déjeme decirle con mucho orgullo, al menos mi tío Ricar­do, hermano mayor de mi padre, fue un icono en la industria pulquera a nivel regional, él desde muy chama­co estuvo en el negocio y la verdad es que todo lo que mi padre sabe lo aprendió de mi tío Ricardo. Imagíne­se, mi padre quedó huérfano a los 11 meses de nacido, mi tío Ricardo tenía 16 años, por eso le platicaba que la niñez de mi papá fue muy dura, mi tío Ricardo le empezó a enseñar a los 12 o 13 años, a los 18 años mi tío Ricardo hizo a mi padre mayordomo de un tinacal en la hacienda de San Blas en el municipio de Hueyotlipan, con 28 tlachiqueros, verdaderos gali­matías, verdaderos tíos, gente mayor, mañosa, mal acostumbrada y todo eso, entonces llegar a hacerse cargo de una hacienda, de un tinacal a esa edad, fue una situación que pone a prueba a cualquiera y forma carácter.

“Mi padre puso bien ese tinacal, de ahí se lo trajo mi tío Ricardo al rancho San Cayetano en Nanacamil­pa y desde entonces mi padre se vol­vió nanacamilpense y ya no se retiró de aquí”, relata con mucho orgullo.

En síntesis, dice que su familia ha jugado un papel muy importante en la industria del pulque en la región centro del país, pues su tío Ricardo llego a tener a su cargo muchos ti­nacales y luego su padre siguió sus pasos.

El padre de Rodolfo es quien se­leccionó el maguey púa larga, que es más precoz, a los ocho años llega a la madurez y es una planta resis­tente a la extracción de mixiote, “que es una cosa fabulosa porque ya no depredan los plantíos, creo que es lo más importante que ha hecho mi padre en su vida como productor y como pulquero el haber envasado esta bebida”.

–¿Usted es el que recibe la estafeta?

–De hecho soy el que sigue cargan­do con esta situación del cultivo del maguey y la producción del pulque, soy el que tiene un poquito más de responsabilidad, todos tenemos la misma responsabilidad, pero como el mayor tengo más responsabilidad, lástima que no tenga el mando.

–¿Es un gran reto seguir los pasos de su padre y de su tío?

–Es un reto que yo asumo con mucho gusto, además me encanta que me hagan preguntas, me gusta que la gente se interese por el maguey y a la gente que no se interesa, pues trato de motivarla, de rascarle de esa manera para que voltee y diga creo que sí tiene razón. Para mí creo que sí es un reto, ¡nunca!, soy honesto, voy a llenar los zapatos de Ricardo y de Rodolfo del Razo, pero le voy a hacer la lucha y a ver hasta dónde puedo llegar.

Su ilusión es hacer que todo el al­tiplano central se vuelva a repoblar de magueyes, que los campos estén llenos de magueyes, “ese es nuestro principal reto y otro, en lo personal, es que la gente se concientice de que estamos terminando con el medio ambiente, que estamos acabando con nuestras tierras, que a nuestros hijos y nietos nada más vamos a he­redar el pulquito hueso, ya no van a tener nada que roer. Esto es lo que a mí me preocupa y lo que me motiva, eso solo lo tenemos con el mague­yito (golpea una penca de maguey con mucha firmeza y exterioriza el sentimiento de melancolía hacia esta planta).

–¿Usted les habla a los magueyes?

–Sí,

–¿Qué les dice?

–Hola canijo, cómo estás. Oye, no has crecido; oye, creo que te estás empastando. La verdad que es mo­tivante caminar entre las magueye­ras a cualquier hora del día, soy de los que deja mi carcachita y me voy caminando, recorriendo, porque así me doy cuenta de qué tamaño es­tán los magueyes y si hay magueyes para trasplantar, para arrancar, si me sobran magueyes para vender, qué magueyes están funcionando mejor. Supervisó que esté bien el trabajo que hacen los tlachiqueros y el guar­da tandas. Parezco loco porque ando solito. Viene uno con todos los pro­blemas encima y viendo los mague­yes se empieza uno a distraer, que, si ya está uno listo para capar, que aquel ya hay que arrancarlo porque ya tiene mucho matorral o magueyes que se están pasando de tamaño, se olvida uno de los problemas.

“Si no saliera de la magueyera, sería la persona más feliz yo creo que después de mi padre”, enfatiza.

–¿Cuál es la experiencia más agradable que ha tenido en este trabajo?

–Yo creo que todas, una de las más agradables es cuando terminas un recorrido y la gente se despide de mano de mí, me dice ‘Rodolfo mu­chas gracias’, ahí sí dan ganas has­ta de llorar, pues gente que llega apática y al final se va a despedir de mano, comenta que aprendió lo importante que es un maguey y del error de que no planten magueyes. Eso es lo motivante, que la gente se interese por el maguey.

–¿Cuál es la experiencia más amarga?

–Híjole, sí me duele decirlo, pero la envidia, la cizaña, que otras perso­nas critiquen y nos hagan ver como soñadores y como locos, pero no las tomamos en cuenta, son gente que, así como viene se va o lo tomamos de quien viene, pero sí hay veces que se siente un poquito feo, nunca nos baja la moral, para nada, pero sí se siente feo de que nos digan soñado­res o pobres diablos.

–¿Es usted un soñador?

–Sí, mucho.

–¿De qué?

–Híjole, de todo, de la salud, de la familia, de que mis hijos sean perso­nas de bien, ver el rancho con algu­nas mejoras, terminar algunos pro­yectos, eso es lo que sueño. Que en determinado momento seamos parte esencial de esta industria.

–En la entrevista ha hablado de algunos térmi­nos relacionados con la producción de pulque, explíquenos algunos de ellos.

–El tlachiquero es la persona que re­colecta y raspa los magueyes, a él le debemos el 100 por ciento de la industria del pulque.

El guarda tandas es una figura que ya está desapareciendo, que está pasando a la historia, porque ya no hay magueyeras, ya no hay ranchos que tengan tres o cuatro tlachiqueros, ya no hay tinacales grandes donde se elabore una gran cantidad de pulque. En el rancho San Isidro todavía hay un guarda tandas que es la persona que cuida y vigila que los tlachiqueros vayan a traba­jar, que lo hagan adecuadamente, que se vayan a buena hora, si va a llover que se vayan antes, si llueve que derramen, que cuiden sus ma­gueyes, que los raspen bien. También se encarga de estar pendiente de los magueyes que ya no dan producto, que de verdad ya son obsoletos, a fin de repartir una magueyera nueva, de los magueyes que van a empezar a raspar los tlachiqueros. En el rancho San Isidro hay ocho tlachiqueros.

También está el mayordomo del tinacal, que es al que se le debe ren­dir cuentas y pedir opiniones, aun­que cuando es una cosa delicada tiene que ver a Rodolfo o al padre de éste, pues “mi papá sigue siendo el tlachca”.

El capado del maguey consiste en esterilizar la planta, pues mientras esté creciendo, está captando todos los elementos para su reproducción. El maguey es un ser vivo, cumple las funciones de la vida que es crecer, reproducirse y morir.

Cuando el maguey llega a su ma­durez, está a punto de florear y es cuando las familias que se dedican a la producción de pulque intervienen porque se esteriliza la planta, esto es, se le quita la capacidad de floración.

“El chiste es retirarle su órgano re­productor, que se conoce como yema pical, se le quita el famoso huevito del maguey, que por cierto es muy rico, y el maguey queda esterilizado. Pero el maguey no está muerto, lo que pasa es que la planta siente que tiene que florear y sobre todo reproducirse y si­gue captando todos los elementos que están en las pencas y que durante tan­tos años estuvo acumulado, las empie­za a concentrar en el tallo, en este caso es la piña del maguey. Eso nos sirve a nosotros para que al momento del raspado obtengamos un aguamiel de excelente calidad”, detalla.

El picado es el siguiente proceso después de capado y consiste en qui­tarle todo el centro del maguey para hacer el cajetito donde va a emanar el aguamiel.

–¿Cuáles son las amenazas para la industria?

–Primero que nada, la flojera, que seamos ociosos, que no tengamos las ganas de trabajar, después la depredación de los mixioteros y los penqueros para la barbacoa. Para abastecer los mercados de penca para la barbacoa en el Estado de Mé­xico e Hidalgo se requieren alrededor de 2 millones de plantas por año, con base en datos de la Universidad Autónoma de Cha­pingo. Eso se evita con el saborizante de maguey y es un proceso sencillo.

“Las plagas también son una amenaza, desgra­ciadamente no se tiene un control sanitario, han traí­do de otros estados plantas de maguey de agave del que sea, no tenemos esa vigilancia, ese cuidado y nos pueden traer plantas plagadas con picudo rojo que sería gravísimo, son de las plagas más fuertes que existen para los agaves, ese es el riesgo que estamos corriendo”, advierte.

Refiere que hace algunos años a alguien se le ocurrió la “bendita idea” de traer agave mezcalero a Tlaxcala y trajo el picudo rojo, que se conoce como pinacate y debido a eso ya hay problemas en algu­nos municipios del estado.

“La región de Españita y de Nanacamilpa no tie­nen problemas, no así en la zona de Atltzayanca, Tlaxco y Terrenate donde ha habido brotes que se han controlado, no es que estemos alarmados ac­tualmente como en Jalisco, donde en 1997 y 1998 el famoso picudo rojo acabó con el 40 por ciento de la producción de agave, pero tenemos conocimiento que en Puebla hay, aguas con Puebla y también en Hidalgo. El Estado de México y la Ciudad de México están libres de esta plaga”, puntualiza.

José Carlos Avendaño Flores

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