La pobreza extrema convirtió a Manuel Campos en luchador social

Publicada en Mayo 2015 Edición 90

«Ha fundado 33 es­cuelas para llevar educación a las zonas marginadas del estado»

Vivir en carne propia la extrema po­breza convirtió a Manuel Campos Bárcenas en un luchador social, quien ha participado de manera protagóni­ca en movimientos estudiantiles, campesi­nos y magisteriales.

Es profesor de profesión y como parte de su lucha social se involucró en las moviliza­ciones para el reparto de tierras, junto con Natalia Teniza, ha fundado 33 escuelas en comunidades rurales en el estado de Tlax­cala y pugnado porque los docentes tengan mejores condiciones laborales. Hoy en día, es director de un bachillerato en Santa María Texcalac, municipio de Apizaco, con buenos resultados académicos de sus alumnos,

Cuando era niño cargaba bultos en el ferrocarril de pasajeros para ganarse el “tostón”, vendía paletas y periódicos, y sin saber lo que en el futuro sucedería, vendía refrescos en un cine de Apizaco que era del padre de José Antonio Álvarez Lima, gobernador de Tlaxcala, en cuyo sexenio surgió el Movimiento de Bases Magisteriales de Tlaxcala (MBMT), entre cuyos líderes se encontraba Manuel Campos, que puso en serio predicamento a la administración del priista por el plantón de docentes por varias semanas frente a Palacio de Gobierno.

“Fundar escuelas no es un negocio ni pasatiempo, es algo que trae un maestro que de verdad se pone la camiseta, soy maestro normalista, rural. El MBMT surgió porque había una histórica agresión al magisterio por parte del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), proliferaba la venta de plazas, la utilización de mujeres a quienes usaban y usaban, el sindicato era negocio, era una corrupción tremenda y el magisterio estaba lesionado, no había mejoras”, manifiesta.

Por ello, Manuel Campos está a favor de la reforma educativa que promulgó el presidente Enrique Peña Nieto. Incluso, se ufana de que muchos puntos él ya los demandaba desde 1995 a través de la lucha del MBMT como acabar con la venta de plazas y la evaluación a los maestros.

Este profesor es originario de Apizaco y tiene 65 años de edad. Su padre, José María Campos Aragón, fue peón acasilla­do que nació en La Noria, una hacienda entre Toluca de Guadalupe y Terrenate. Su madre, Inés Bárcenas, fue ejidataria en San Luis Apizaquito.

Este matrimonio procreó 16 hijos. Manuel “es el de media tabla, soy el número ocho”.

Recuerda que quedó huérfano a los 10 años de edad porque su padre sufrió un accidente carretero del que ya no se pudo recuperar. “Vivir en una familia numerosa fue muy lastimoso para mí, a mi mamá, con 16 hijos, le costó mucho trabajo levantar­nos. Hubo una extrema pobreza, ese es el origen de mi conducta, viví en carne propia la pobreza extrema y fue una experiencia dolorosa haber tenido tantos hermanos, no había para comer, salimos de un bache muy profundo”, expone Manuel en entre­vista que concede en la dirección del Cen­tro de Bachillerato Tecnológico, Industrial y de Servicios (CBTIS), número 4, ubicado en Santa María Texcalac, bajo la escucha atenta de su inseparable compañero, el profesor Andrés Juárez Peña.

Su infancia transcurrió en una parcela que tenía su madre en la colonia Santa Rosa. “Crecimos con cosas que le regala­ban a mi mamá, alimentos, ropa. Tenía 14 años de edad e iba descalzo a la secunda­ria, ¡pero iba!, porque desgraciadamente por la pobreza y la ignorancia empecé ir a la escuela hasta los 9 años, porque veía que mis dos o tres hermanos mayores ya iban a la primaria y yo no porque no había dinero para el cuaderno”.

El pequeño Manuel fue por cuenta propia al Cerrito de Guadalupe y pidió que lo inscribieran en la escuela y desde entonces nunca conoció lo que era reprobar o fallar en los trabajos. Cursó primero, segundo y tercer grado de primaria en ese lugar y concluyó la primaria en la Benito Juárez de Apizaco. En la secundaria para los trabajadores Narciso Mendoza terminó su nivel básico.

Más adelante estudió la Normal Prima­ria en la Rafael Ramírez de Tlaxcala –lo que hoy es la Normal Urbana Emilio Sánchez Piedras–, su generación fue la última que se graduó como Rafael Ramírez. De 1985 a 1991 cursó la Licenciatura en Historia en la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) y curiosamente también fueron los últimos cursos intensivos que tuvo esta institución.

“Cargaba bultos en el ferrocarril de pasajeros para ganarme el tostón, lo que podía. Vendía paletas, periódicos y una coincidencia es que vendía refrescos en un cine de Apizaco que era del papá de José Antonio Álvarez Lima, Jacobo, quién iba pensar que iba a tener esa relación de gestión con el hijo; como se podía tenía dinero para el cuaderno, hubo experiencias muy difíciles”.

Vivir en tanta pobreza y con dificultades fue el motivo para que Manuel se fijara como meta estudiar, de manera que fue el primero de su familia que se graduó del nivel superior. “Me aferré, toda la vida trabajando y estudiando”.

–¿Cuál fue la principal carencia que tuvo en su niñez?

–La principal carencia fue que a duras penas si comía y vestía, la carencia era ge­neral. La pobreza extrema abarca todo. A nuestro modo jugábamos en el campo, con la pelota de esponja, la canica, la matate­na, cuando había trompo lo rotábamos, la pasaba trabajando y jugando en la parcela de mi mamá.

–¿Por qué estudió la normal?

–Porque me di cuenta, a los 9 años, de la fal­ta de lugares para poder estudiar, veía como mis compañeros no terminaron la primaria, sólo dos o tres que nos fuimos a la Benito Juárez. A temprana edad me di cuenta que estudiando podía uno salir adelante. Se me metió mucho lo de ser maestro porque en la adolescencia lo que más conocía como alguien diferente era a mi maestro y quería imitarlo. Para mí, mi maestro fue una gran persona, me enseñó con el varazo, el reglazo, los maestros de antes golpeaban mucho, pero a mi maestro lo estimamos mucho y se supo ganar nuestro afecto y res­peto, se llamaba Rigoberto Pérez Paredes, con él aprendí a leer y escribir.

“Me gustaron los números y las letras, aprendí rapidito y fui siempre de califica­ciones buenas. Qué lástima que fue una barriada muy pobre y que nadie de la colonia estudió. En el barrio los amigos y la población se admiraba, decían, miren a Manuel, ya está estudiando”.

Víctima de la venta de plazas

La primera de las 33 escuelas que ha fundado fue cuando egresó de la normal, entre 1971 y 1972, en la comunidad de Unión Ejidal en Tlaxco. La primaria se llama Emiliano Zapata.

Esta acción tiene fundamento en que fue víctima de la venta de plazas de mane­ra involuntaria.

Expone que al egresar de la normal no había plazas y una maestra de nombre Hortensia le comentó que su hermano Rubén Nájera se iba a jubilar y que se iba a Navojoa, junto con su esposa Guillermina, quien también vendía su plaza.

Como Manuel no tenía dinero, la maestra Hortensia le dijo que consiguiera 5 mil pesos, mismos quele prestaron a rédito. Con el dinero en su bolsa, fue a ver a Rubén Nájera para luego hablar con el secretario del comité seccional de ese entonces, Guillermo Merino Sánchez, quien avaló la propuesta. Como eran dos plazas. Manuel y otra perso­na les dieron el dinero a Rubén y a su esposa, quienes se fueron a Navojoa y dejaron el asunto en manos del secretario seccional.

Sin embargo, “tuve tan mala suerte que a los dos o tres días de que se fue el maestro Rubén, nos dijeron que sólo se iba a entregar una plaza porque la otra era para el sindicato. A mí no me tocó y me quedé con la deuda”.

En ese tiempo (1969–1970) el movimien­to campesino se había fortalecido en Tlax­cala y como Manuel había sido presidente de le Federación de Estudiantes, había hombres del campo que lo buscaban y poco a poco fue creciendo el número de reunio­nes para luchar por el reparto de tierras

“El movimiento campesino fue creciendo, llegamos a convocar a marchas en Tlaxcala de hasta 15 mil personas, era una chulada de movimiento. Así empezaron las movilizacio­nes de los estados hacia la Ciudad de México en la época en la que Luis Echeverría era el presidente de la República”.

En una ocasión, Luis Echeverría visitó la entidad y hubo una reunión en el edificio de lo que era el Instituto de Estudios Superio­res del Estado de Tlaxcala –hoy en día ahí está el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura–; allí se le presentaron unos canastos con ma­zorcas que los ricos habían quemado de las cosechas de los campesinos pobres.

De ahí, Luis Echeverría se fué caminado con destino a lo que hoy es la Universidad Autónoma de Tlaxcala y le dijo a Manuel Campos: “ustedes muchachos dedíquense a estudiar, yo voy a resolver esto, les voy hacer aquí su universidad, pero vamos a iniciar con una unidad deportiva”.

A la siguiente semana le llamaron para que fuera a la Secretaría de Educación Pública porque le iban a entregar un autobús nuevo, con la finalidad de que los jóvenes estudiantes tuvieran una unidad para pasear.

Manuel acudió junto con el entonces gobernador de Tlaxcala, Luciano Huerta Sánchez, a la entrega de las llaves del auto­bús que bautizaron con el nombre de Xico­hténcatl. El presidente también cumplió su promesa de construir la unidad deportiva. “Podría decir que el movimiento campesino fue el origen de la UAT, ¡palabra de honor!”

También recuerda que después de que fracasó una marcha con rumbo a la Ciudad de México, el movimiento campesino tomó tierras, con el abanderamiento también de Natalia Teniza, en San Antonio Michac, en Teacalco, en Mimihuapan y Piedras Negras.

Así fue que llegó a vivir a la población de Unión Ejidal en Tlaxco, ya era maestro y los padres le pidieron que atendiera a sus hijos. Hicieron un galerón grande con madera, lo dividieron y con el apoyo de seis jóvenes de la Universidad de Chapingo, daban clases de primero a sexto grado.

El proceso de reconocimiento de esta escuela fue entre 1971 y 1973. Estuvo dos años trabajando sin paga y la gente del pueblo apoyaba a los maestros con lo que había para comer, “frijoles, nopales y todo”.

Augusto Gómez Villanueva le gestionó una audiencia con el secretario de Educación federal en ese tiempo para que recibiera a unos campesinos.“Entregamos los datos y el secretario de Educación nos dio el reco­nocimiento de la escuela con siete plazas para docentes. Los jóvenes de Chapingo no quisieron quedarse a trabajar porque iban a seguir sus estudios de la universidad”.

Con el reconocimiento bajo el brazo, Manuel fue a buscar al secretario de Edu­cación de Tlaxcala, Guillermo Minor, quien molesto le dijo de entrada que para que le hacía perder su tiempo si no iba autorizar la operación de la primaria.

Empero, “cuando vio el oficio, que se enoja. Movió su cabeza y me pidió los papeles de los maestros. Yo le entregué los míos y como afuera había maestros bus­cando trabajo, ahí me agarré a los seis que faltaban. Sin nada de cobrar por la plaza. No creían que ya tenían plaza”.

Al terminar el trámite en la Secretaría de Educación Pública de Tlaxcala, Manuel se llevó a los maestros a la primaria de Unión Ejidal. No les dio tiempo ni de ir avisar a sus familiares. Así fue como inició la primera de las 33 escuelas de las que impulsó su creación, porque “mi sentimiento es la lucha social, ayudar a la gente humilde”.

Para el profesor, “fundar escuelas no es un negocio ni pasatiempo, es algo que trae un maestro que de verdad se pone la camiseta, soy maestro normalista, rural, un maestro que tiene el sentimiento de ser maestros hace esto y mucho más. Aunque hay maestros que no debieran estar frente a un grupo de alumnos”.

Desde su perspectiva, el problema de la delincuencia es que los jóvenes no tienen espacios laborales ni estudios, eso es un pro­blema del Estado. “Cuando se dice que la de­lincuencia hay que combatirla a garrotazos, violencia genera más violencia, entonces nosotros colaboramos para combatirla pero en serio, que se preparen los muchachos y por eso fundamos preparatorias gratuitas”.

La insurgencia del magiste­rio en Tlaxcala

Un tema obligado a tratar con Manuel Campos es el surgimiento del Movimiento Bases Magisteriales de Tlaxcala. A pregun­ta expresa, dice que más que un trasfondo político, esta organización surge porque había una histórica agresión al magisterio por parte del Sindicato Nacional de Traba­jadores de la Educación (SNTE).

“Había venta de plazas, utilización de mujeres a quienes les prometían bene­ficios y sólo las usaban y las usaban; era negocio, era una corrupción tremenda y el magisterio estaba lesionado, no había mejoras. Los comités seccionales vivían su triunfo de haber llegado para disfrutar unas serie de cosas”, critica.

Según él, la lucha del magisterio no tenía nada que ver con la policía, ya que eran docentes los que estaban en el movi­miento y fue coincidencia de que estuviera al frente del gobierno José Antonio Álvarez Lima, porque el MBMT surgió de una mar­cha de trabajadores de telesecundaria.

“El maestro Andrés me habló por teléfo­no y me dijo que iban a hacer otra marcha los telerines y entre cuatro o cinco pingos andábamos promoviendo lo que se llama­ba la Promotora de Tlaxcala. Ya andábamos haciendo nuestras primeras pintas contra la sección 31 del SNTE”.

La idea de las marchas entusiasmó a Manuel y empezó a ir a otras escuelas para invitar a más maestros a sumarse al movimiento. Fue a Xaloztoc, a Huamantla, a Tocatlán y a otros municipios más.

Organizaron la segunda marcha, hizo uso de la palabra y convocó a una siguiente movilización, “cuando vi ya éramos más de mil, dije, ya prendió, a darle y a darle, así nació el movimiento, fue ocasional, a mí me etiquetaban que me asesoraba Beatriz Paredes y pintaban leyendas que decían: Manuel Campos y Beatriz Paredes, traido­res a la educación”.

–¿Entonces no estuvo Beatriz Paredes en el trasfondo del MBMT?

–Como gobernadora, nunca hablé con ella, hasta la fecha, nunca de los nuncas. Cuan­do andaba en el movimiento campesino, en Terrenate, Beatriz Paredes se fue a meter e hizo amistad con un compañero mío de nombre Juan Vilar. Ella empezó a hacer sus pininos en Huamantla, la conocí cuando empezó, pero nunca hablé con ella”.

De manera categórica, afirma que el MBMT surgió como un movimiento puro, “meto las manos al fuego”,

–¿Qué logró el MBMT?

–Cuando nosotros encabezamos el mo­vimiento pusimos al maestro de Tlaxcala en primer lugar nacional en prestaciones, ese fue un logro económico. Hubo otros como la dignificación del maestro, el sin­dicato empezó a pensar más de una y dos veces de seguir con la corrupción descara­da, empezó a haber más respeto, las cosas en mucho cambiaron. Se logró que los maestros recibieran 92 días de aguinaldo pagados en una sola emisión, Oaxaca tiene 90 días, pero lo pagan en los tres periodos de vacaciones. No hay estado que lo pague de jalón y que tenga una quincena por el día del maestro como en Tlaxcala.

El día que se concretó la negociación en­tre el gobierno de Álvarez Lima y el MBMT, relata Manuel Campos, estaba el rumor de que iban a desalojar a los maestros de la Plaza de la Constitución de la capital porque ya llevaban varias semanas en plantón. “Tlaxcala estaba atascada de la Policía Federal. En una reunión en Gobernación ya nos habían dicho que era el último día, que iba a intervenir la Federación, que se iba a acabar todo, que el gobernador se iba ir, pero que a nosotros nos iban a golpear”.

Abunda que Álvarez Lima lo citó en la casa del maestro Efraín, que en ese tiempo era el alcalde de Contla de Juan Cuamatzi por el Partido de la Revolución Democráti­ca (PRD), a las 8 de la noche.

“No hice caso, ya eran las 8:30 de la no­che y me dice el maestro Andrés que debía ir y yo respondía que para qué si a lo mejor ni se resolvía nada. Que me anima y en su vo­chito nos fuimos a Contla. Cuando llegamos, se veía en un lote, junto a la milpa, la sombra de don Antonio. Que me bajo y que llego con él. Me dijo: profesor quedamos a las ocho y falta cuarto para las nueve; le contesté: sí, pero si hay que hablar algo, estamos a tiempo. El gobernador me dijo: nada más le recuerdo que quedamos a las ocho”.

Ambos ingresaron a la casa del profesor Efraín y otra vez don Antonio le dijo que no estaban tan blanditas las cosas.

“Maestro, quiero decirle que se va ir a la cárcel”, le dijo a Manuel.

La respuesta fue: “mire don Antonio, eso ya lo sé, yo me voy ir a la cárcel, pero usted se va ir del gobierno del estado”

El gobernador le respondió: “¿entonces a qué viene?

Manuel dijo: “pues vamos hablar, a eso vine. Por qué endurece las cosas”.

Tras ese primer diálogo ríspido, ambos se sentaron a negociar la demanda de los maes­tros que era incrementar el aguinaldo, esa era la única exigencia para levantar el plantón.

Sin embargo, se ufana Manuel, “de mi bol­sa fui sacando la quincena del día del maes­tro, el pago de un bono para los trabajadores de apoyo y el programa de autobuses para el traslado de los docentes a sus centros labo­rales”. La negociación duró tres horas.

Rememora que en ese entonces él estaba a favor de que a los maestros les hicieran un examen, a efecto de que los profesores que estaban aptos para impartir clases, que siguieran y los que no, que los corrieran por­que hay maestros violadores y borrachos, cuando los niños deben tener buen maestro.

“Qué bueno que se logró la reforma educativa, la reforma educativa no todo es agresión, es un servicio para la educación”.

Hoy en día el MBMT es un movimiento en decadencia y con un reducido número de integrantes tras las divisiones y pugnas por la dirigencia.

“Esta situación afecta mi sensibilidad por lo que nos costó levantarlo, quise mucho al MBMT como una lucha donde en­tregamos todo, pero nada es para siempre y nuestra vida en esta sociedad no puede depender de un movimiento. Así como dejé el movimiento campesino para integrarme al movimiento del magisterio, antes dejé el movimiento estudiantil para incorporarme al movimiento campesino. Dejé el movi­miento del magisterio para dedicarme a la fundación de escuelas y gestionar benefi­cios para el campo”, se sincera.

Incluso, dice que tiene un proyecto de fundar una universidad popular. En San Pedro Tlacotepec, los campesinos ofrecen un terreno de 5 hectáreas para ese fin.

“El MBMT se acabó, con todo respeto; los maestros empezaron a delinquir, vinie­ron a verme maestras llorando porque les habían transado su plaza”, lamenta.

Apoya la reforma educativa

Manuel Campos señala que con la reforma educativa la Secretaría de Educación Pública (SEP) logró sacudirse al 100 por ciento del sindicato. “Que el SNTE se dedique a lo suyo, porque el sindicato es el que desgracia a la educación, perdió el rumbo porque en lugar de defender los derechos del trabajador, se puso a defender los vicios del trabajador flojo, faltista, violador; el maestro que de verdad trabaja no necesita que lo defienda nadie, lo defiende su trabajo”.

Observa que con la reforma educativa, el gobierno se está sacudiendo el control del sindicato que tenia sobre la educación y que es una de las críticas para México en el ámbito internacional, pues el SNTE ha desgraciado la educación en el país.

Él respalda los exámenes de oposición para acceder a una plaza en el magisterio, porque antes las claves eran un cheque de negociación con mucha corrupción a través de la venta de documentos apócrifos, “el vendedor de la plaza decía fulano de tal te hace tus papeles y ahí está la plaza, el mercado negro de la plaza. Hace 20 años eran las demandas que levantamos, ¡alto a la venta de plazas!”

Escuela que apuesta a la calidad educativa

Actualmente Manuel Campos es director del CBTIS número 4, institución que tiene reconocimiento oficial a nivel estatal.

Este plantel, que opera en Santa María Texcalac, ganó el primer lugar en apro­vechamiento en la Evaluación Nacional del Logró Académico en Centro Escolares (ENLACE) y 10 alumnos se ubicaron en el nivel de excelencia.

“Esta escuela no tiene supervisor, la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE) nunca nos ha dado una butaca, de nuestra bolsa compramos los inmuebles para la dirección, los pupitres que ya no ocu­pan en otras escuelas los rehabilitamos, lo mismo que el inmueble que era de una pri­maria y que ya lo iban a demoler”, enfatiza.

Los maestros reciben un apoyo asistencial cada quincena, no un salario, ni tienen prestaciones ni aguinaldo, ni seguridad social.

Sin embargo, el maestro que menos tiene es el que más trabaja, porque el que tiene base, en su mayoría, se echa a dormir, se equivocaron de profesión y sólo trabajan por la chamba, “algunos dicen no me queda de otra aunque sea de maestro, pero otros somos maestros porque lo sentimos”, indica.

Lo que resalta es que los alumnos que integran la matricula del CBTIS 4 no habrían cursado el nivel medio superior de no ser por esta institución, porque son extrema­damente pobres, en algunos casos se pide a los egresados que donen el suéter del uniforme para los que no lo pueden adquirir y a la cuota de mantenimiento de la escuela se “le rasura una parte” para ayudar a otros.

En este plantel se inculcan los valores a los alumnos como la responsabilidad, solidaridad, amistad y lealtad. Los profesores tienen prohibido saludar de beso y mano a la alumna. “No se necesita, a mí no me vengan con el cuento del saludo de beso en el cache­tito, a veces los maestros se encajan con las alumnas y eso no se permite en el CBTIS 4”.

Agrega que maestro que llega con aliento alcohólico es despedido, los alum­nos llevan uniforme por la igualdad y las faldas de las alumnas deben llegar hasta debajo de la rodilla, porque la falta corta distrae a sus compañeros y a los maestros. No suspenden clases ni un día.

En este ciclo escolar la matrícula es de 350 alumnos y cada uno de ellos tiene el compromiso de alfabetizar o regularizar a un adulto, además de sus 480 horas de ser­vicio social, a cambio de recibir educación gratuita de calidad.

De igual manera, los niños rezagados en primaria son asesorados por los alum­nos del CBTIS 4 para que mejoren sus calificaciones.

José Carlos Avendaño Flores
Fotografía Emmanuel Flores Ferra

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