publicado en noviembre del 2021, edición 167
Este artículo lo escribo a unas horas del inicio de la Conferencia de las Partes 26 (COP 26), en Glasgow. Luego de que la COVID-19 obligó a la suspensión del encuentro a realizarse en 2020, la COP 26 llega en medio de una alta expectativa con respecto a las acciones a las que pueden comprometerse gobiernos y entidades privadas.

(Para este caso también aplica esa entelequia de las organizaciones presuntamente no gubernamentales, además de representantes de entes como Greenpeace o Viernes por el futuro, cuyo impacto sigue siendo más mediático que pragmático. A eso se suman unas cuantas personalidades, principalmente de la farándula, que han enarbolado la bandera del ambientalismo, como Leonardo DiCaprio, muy activo en los últimos años, aunque con un impacto que se queda en entrevistas y notas, además de uno que otro titular en los periódicos. Les recomiendo que se den una vuelta por el documental Antes que sea tarde, disponible en la plataforma Disney Plus, en la sección de National Geographic. Los datos siguen siendo muy válidos, a pesar de que el filme se realizó en 2015 y 2016, mientras DiCaprio rodaba El renacido. Vale la pena para indignarse, aunque sea virtualmente. Fin del paréntesis).
¿Un esfuerzo inútil?
La COP de Glasgow llega con muchas expectativas, pero muy pocas esperanzas; muy previsiblemente, cuando finalice el encuentro de líderes mundiales, y concluyan las numerosas mesas de negociación, se hayan concretado unas cuantas acciones para frenar el cambio climático.
Diferentes reportes refieren que acudan unas 25 mil personas, en un encuentro que se extenderá hasta el 12 de noviembre. Pero esa es numeralia vacía, tanto como muchas de las protestas que condimentarán la reunión. Ya es casi un tópico ver esas manifestaciones, tan furibundas como inútiles.
En Glasgow tendrían que ponerse plazos concretos y viables para descarbonizar a la economía mundial, sedienta de energía, pero incapaz de afianzar las fuentes alternativas. Unos cuantos datos demuestran esta sostenida dependencia de los combustibles fósiles.
A pesar de una reducción en el consumo de petróleo en 2020, debido al frenazo económico e industrial ocasionado por la COVID-19, cuando se requirieron 88.5 millones de barriles al día de ese combustible fósil, la realidad es que de acuerdo con cifras recabadas por statista.com, el portal alemán de indicadores económicos, la década de los diez de este siglo mostró un crecimiento sostenido en el consumo de petróleo.
Y el horizonte energético está lejos de verse diferente.
Al quemar este y otros energéticos, como el carbón, también en declive, pero con una significativa aportación al nicho de la energía, seguimos aportando gases de efecto invernadero a la atmósfera. De hecho, en los últimos tres millones de años no se había visto una cantidad similar de bióxido de carbono en la atmósfera.
Como recoge el portal de la BBC, “El cambio climático se está intensificando y afecta ya a todas las regiones del planeta, según el informe de agosto del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) 2021 ha dejado cientos de muertes por inundaciones, olas de calor, huracanes e incendios forestales, eventos que según los científicos son más frecuentes y más intensos debido al cambio climático”.
El IPCC
La COP 26 coincide en año con la publicación del sexto informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático. Este grupo de expertos, que cuenta con una significativa presencia de investigadores de México, particularmente de la Universidad Nacional, fue creado en 1988 para facilitar “evaluaciones integrales del estado de los conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta”.
La página oficial del IPCC refiere que durante este ciclo “el Grupo Intergubernamental de Expertos elaborará tres informes especiales, un informe metodológico sobre los inventarios nacionales de gases de efecto invernadero y el Sexto Informe de Evaluación (IE6). En la 43ª reunión del IPCC, celebrada en abril de 2016, se acordó que el informe de síntesis del Sexto Informe de Evaluación se terminaría en 2022, a tiempo para el primer balance mundial de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Entonces, los países examinarán los progresos realizados para lograr su objetivo de mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C mientras que, al mismo tiempo, proseguirán los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C. Las contribuciones de los tres Grupos de trabajo al IE6 estarán listas en 2021”.

El informe del IPCC
Nuestra especie es la responsable inequívoca del calentamiento global del planeta, asienta el doctor Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM.
En entrevista con Momento, Estrada Porrúa abunda sobre el más reciente reporte del Grupo I del IPCC, entre cuyas conclusiones sobresale la responsabilidad de nuestras actividades en la modificación de los patrones del clima a escala planetaria.
El lunes 9 de agosto de este 2021, el IPCC emitió su sexto informe. Sin ambages, a diferencia de la cautela mostrada en los cinco reportes previos, el organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas es contundente en cuanto a nuestro papel en el calentamiento global y las alteraciones climáticas.
Desde el primer informe, emitido en 1990, tras la creación del IPCC en 1988, la acumulación de datos apuntaba de manera consiste hacia la misma dirección: nosotros, los seres humanos y, en concreto, a actividades como el uso extensivo de combustibles fósiles, la consecuente emisión de gases de efecto invernadero o la destrucción total o parcial de sumideros de bióxido de carbono, entre otros efectos colaterales.
Con el paso de los años, la evidencia era cada vez más contundente, a pesar de las reticencias de los gobiernos o de los políticos de algunos países, principalmente de los más involucrados en el uso de carbón y petróleo.
Por otra parte, el carácter colegiado del IPCC lo ha obligado a ser extremadamente cauteloso en sus conclusiones. Sin embargo, el informe emitido este año es definitivo.
“Si revisas el primer reporte de evaluación, que fue en 1990, hasta ahora que se emitió el sexto, hay pocos cambios de fondo en estos informes. Básicamente ha sido lo mismo desde 1990 para acá. Tenemos gran certeza sobre lo que se hizo. La parte de quién tiene la culpa está clarísimo. Somos nosotros. Como se indica en este último reporte, es inequívoco. La diferencia más significativa con respecto al reporte de 2013 sería el de considerar a las actividades humanas como el principal factor que está generando el cambio climático. Pero eso ya lo sabíamos desde los reportes anteriores”, apunta el coordinador del PINCC.
Ha sido una paulatina rotación en el giro de la responsabilidad, acota, ya que se pasó de una ponderación de “Es probable”, como se consignó en el tercer reporte de evaluación, a una sentencia de “Es muy probable”, en el cuarto informe, hasta llegar a que se trata de algo “inequívoco” en la más reciente evaluación del Grupo I. “Lo que va cambiando son los niveles de certeza que tenemos sobre algunas afirmaciones”, remata el doctor Estrada.
Eventos al extremo
En esta progresión, sobresale la escalada de los eventos extremos. Se trata de diferentes fenómenos naturales cuya intensidad ha ido en aumento. Ahora se están volviendo más comunes y frecuentes.
Algunos de ellos tienen una señal muy clara y su origen se puede atribuir de una manera más fácil, por ejemplo, las ondas de calor o algunas situaciones de precipitaciones extremas, aunque en otros todavía queda un grado de incertidumbre. Pero esa falta de certeza cada vez es menor, casi reducida a cero. Por todos lados se aprecia nuestra mano meciendo la cuna del cambio climático, con consecuencias cada vez más catastróficas.
Ese es el caso de los huracanes en el Atlántico. Y eso no tiene que ver con la falta de evidencia o de conocimiento suficiente, sino que a veces los datos están incompletos o se trata de series muy cortas.
Sin embargo, la información disponible apunta a que esos eventos extremos han estado aumentando, y lo que nos dicen los modelos, que también vienen en este reporte, es que dichos eventos extremos, como los huracanes, pueden volverse más intensos y más frecuentes, como ha ocurrido en este año, cuya temporada de fuertes lluvias se ha extendido hasta noviembre.
Mecanismos de contención
Hasta ahora, los mecanismos diseñados y los acuerdos firmados de manera multilateral siguen dando pocos frutos. A pesar de las buenas intenciones que hay detrás de iniciativas mantenercomo las ya referidas Conferencias de las Partes o el Acuerdo de París, los esfuerzos siguen siendo insuficientes.
Bajo la actual dinámica económica se dificulta aún más lograr los objetivos trazados sobre el incremento global de la temperatura. Ahora mismo el planeta se encuentra 1.1 grados centígrados por arriba de la temperatura promedio de la época preindustrial, esto es, antes del último cuarto del siglo XVIII.

A pesar de este panorama, hay algunos brotes verdes, como la reciente iniciativa planteada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a pesar de los múltiples intereses que podrían acotarla.
“Si la propuesta de Biden se cumple, sería un gran avance para disminuir las emisiones globales de gases de efecto invernadero”, apunta el universitario. Ahora bien, ese plan debe ser respaldado por el Congreso estadounidense y luego dotarlo de los fondos suficientes para dar resultados.
Esa iniciativa se encuentra frenada por intereses económicos y por obstáculos políticos y hasta ideológicos. Los poderosos intereses de la industria petrolera, que riega generosamente campañas de representantes y senadores estadounidenses, son un obstáculo casi imposible de sortear.
Otra conclusión poco halagüeña es que el cambio climático ya es un fenómeno irreversible y sus consecuencias las padeceremos en las siguientes décadas y centurias.
“Hay una cosa que es importante. El cambio climático no es algo que vayamos a solucionar. Más bien es un problema que podemos hacer más grave o podemos tratar de mantener lo o manejarlo. Pero arreglarlo no va a ocurrir. Es un problema con el que vamos a tener que vivir; los efectos de haber cambiado las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera vamos a estar viviéndolos por siglos”, expresa.
Al problema de la inercia económica que pone trabas para reducir las emisiones, se debe sumar la cuestión de la memoria del sistema clima, que también tiene una inercia muy grande. De hecho, todavía no acabamos de ver la respuesta a este sistema clima.
“Aunque paráramos las emisiones o las mantuviéramos constantes al valor de hoy, todavía tendríamos una importante respuesta del sistema clima que no hemos visto. De hecho, en el reporte del IPCC nos dicen que en las próximas dos décadas es bastante probable que rebasemos los 1.5 grados centígrados en la temperatura global, con respecto a la época preindustrial, y eso tiene mucho que ver con lo que tú mencionas, con la inercia de la economía, pero también con la inercia del sistema climático”, advierte el especialista.
Nos falta mucho para llegar a los objetivos del Acuerdo de París para mantenerse por debajo de un incremento de dos grados centígrados en la temperatura promedio global.
“Eso involucra una reducción muy rápida de nuestras emisiones y a partir de la mitad de este siglo, llegar a tener emisiones negativas, es decir, en vez de poner más gases de efecto invernadero en la atmósfera, lo tendríamos que estar secuestrando”, externa el investigador de la UNAM.
El caso de México
El sexto informe del IPCC clasifica a México como un país muy insuficiente en cuanto a las acciones para hacer frente al cambio climático.
México es particularmente vulnerable al cambio climático. Además de mitigar, tenemos que estar muy preocupados en cómo nos vamos a adaptar y eso pasa por generar el conocimiento suficiente para implementar acciones de adaptación. Uno se adapta a algo, en algún momento y bajo ciertas circunstancias y concierto objetivo. Y eso, aunque hemos avanzado de manera importante y sin la investigación de cambio climático nos falta mucho camino por recorrer.
Por ejemplo, si uno se pone a pensar en qué se tendría que hacer en un municipio de Veracruz, tendríamos que contar información suficiente para implementar esas medidas de adaptación.
“El cambio climático es un problema muy severo para México. Los impactos durante este siglo serían equivalentes a perder entre uno y casi cinco veces el producto interno bruto del país. En agricultura, lo que hemos visto es que el cambio climático puede limitar, de manera muy importante, nuestra capacidad para generar alimentos”, señala.
Y continúa: en algunos casos, en las próximas décadas, puede haber pérdidas en rendimientos de hasta 20 por ciento, dependiendo el estado y el cultivo; para finales del siglo hay algunos cultivos y estados donde se puede llegar a tener reducciones en el rendimiento de hasta el 80 por ciento.
Y es que se podría perder 2.5 años de producto agrícola de México actual, y eso solamente considerando seis cultivos. Esa es una subestimación porque ha faltado tiempo para ver qué pasa con los demás cultivos. Las pérdidas pueden llegar a ser cinco veces mayores en algunos estados, concluye Estrada Porrúa.

Yassir Zárate Méndez
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