La importancia de un estudio de orientación vocacional.

Publicado en Julio 2021, núm. 163

De acuerdo con estadísticas recientes, un gran porcentaje de los egresados de nivel licenciatura no logran colocarse en un trabajo relacionado con su preparación académica. Por lo tanto, al encontrarse en una edad productiva, aceptan cualquier actividad que les brinde una remuneración económica; dicha actividad, en la mayoría de los casos, no es acorde a los estudios realizados.

La situación de estos jóvenes, según mi perspectiva y experiencia terapéutica, se ubica en alguno de estos casos. (Usted que está leyendo estas líneas puede ubicar otro contexto diferente).

1. Jóvenes que deciden emprender un nego­cio relacionado con su carrera.

2. Jóvenes que deciden emprender un ne­gocio no relacionado a su carrera.

3. Jóvenes que encuentran un trabajo que les agrada pero que no tiene nada que ver con lo que estudiaron.

4. Jóvenes que encuentran un trabajo re­lacionado con su carrera pero que no les agrada.

5. Jóvenes cuyo empleo coincide con los estudios realizados.

En el primer caso, los jóvenes se dan cuen­ta que lo que quieren es poner un negocio, es decir, son emprendedores. En el mejor de los casos, el negocio tendrá relación con lo aprendido en la universidad, con lo que el co­nocimiento será parte del activo del negocio, o, como suele denominarse, el “know how”. Un ejemplo es alguien que estudia la carrera de chef y abre un restaurante donde su habilidad culinaria es el éxito de este.

En el segundo caso, el egresado decide poner un negocio de “algo” que conoce o que le gusta, pero que no tiene relación directa con sus estudios universitarios. Por ejemplo, estudió medicina y pone una cafetería.

En el tercer caso, el o la joven descubren su verdadera vocación en el ámbito laboral. Generalmente, el resultado es que sus estu­dios realizados no le generan valor y, por lo tanto, necesita estudiar nuevamente, aho­ra sí, enfocándose en lo que realmente le agrada. Ejemplo, un ingeniero que ingresa a una empresa de publicidad y descubre su talento publicitario.

En el siguiente caso, el joven descubre que lo que estudió no era lo que pensaba, y el encanto desaparece. O se establece en ese trabajo, sin disfrutarlo y generando es­trés o lo abandona y decide “reencontrarse a sí mismo.” Por ejemplo, un abogado que ingresa a un despacho jurídico y descubre que las leyes “no son lo suyo”.

Si tomamos en cuenta que un joven dedica un promedio de cuatro años y me­dio en asistir a clases de nivel licenciatura, designa parte de su economía o la de su familia a la compra de libros, copias, trans­portes, etcétera, podemos hablar de que todo esto puede ser una inversión… o un gasto.

Una inversión es cuando todo este tiem­po y compras realizadas, regresan al joven en beneficios económicos que contribu­yen al incremento en su calidad de vida. Esto sucede en el primero de nuestros ca­sos mencionados o en el quinto ejemplo, es decir, aquella persona que trabaja en aquello que estudió.

Un gasto es cuando no existe este re­torno de inversión, y, finalmente, tanto el tiempo como los insumos son una pérdida.

Que el joven realice un estudio de orien­tación vocacional que evalúa intereses y aptitudes, se convierte en un retorno de in­versión, y aumenta las probabilidades de éxito en la elección de carrera y, por su­puesto, en la vida profesional.

Te sugerimos un estudio de orientación vocacional y Psicología Clínica Integral te lo puede aplicar.

Psic. Cristina Figueroa Quirino
Revista Momento

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